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Montar un negocio en Cuba es más difícil para los afrodescendientes

Montar un negocio en Cuba es más difícil para los afrodescendientes
NORA GÁMEZ TORRES
ngameztorres@elnuevoherald.com

El primer maestro cocinero cubano con una estrella Michelín y el chef –y
dueño– de la paladar privada donde cenó el expresidente Barack Obama
durante su viaje a Cuba, tienen algo más en común que su amor por la
cocina: ambos representan el éxito que pueden encontrar los
afrodescendientes en el emergente sector privado en Cuba.

Junto a las también exitosas Mady Letamendi, a la cabeza del negocio
familiar de bolsos y carteras de piel Zulu; María Ferrer, directora de
MAFA, un centro de estética y belleza; Alberto González, dueño de la
panadería artesanal Salchipizza; y Carlos Cristóbal Márquez, dueño de la
paladar San Cristóbal, conversaron sobre los retos que han tenido como
“cuentapropistas” en Cuba en un encuentro con activistas del movimiento
afrocubano celebrado en Harvard en abril.

“He tenido la oportunidad de tener siete presidentes en el restaurante,
incluido Barack Obama” –quien visitó Cuba en marzo del 2016–, declaró
Márquez. “Para mí fue un honor tenerlo allí, no sé si fue porque es el
único restaurante de éxito en La Habana… de negros”, agregó titubeando.
San Cristóbal fue seleccionado el cuarto mejor restaurante del Caribe en
2014 por TripAdvisor.

“Soy el primer cubano con una estrella Michelín”, dijo con orgullo
González. “Hoy hago un pan que se llama ‘pan integral de la abuela’, soy
una de las personas que tiene la masa madre más antigua de
Latinoamérica, que tiene 87 años”, explicó.

Los bolsos de cuero exclusivos confeccionados por Letamendi y su
familia, recibieron un premio en la pasada Feria Internacional de La
Habana y Ferrer asegura que tiene clientes que viven en Europa y Estados
Unidos y que viajan hasta Alamar, un modesto barrio obrero en las
afueras de La Habana, por sus tratamientos.

Pero sus casos, aunque sirven de modelo para otros afrodescendientes en
la isla, parecen ser excepcionales en un sector en el que los blancos
están mucho más representados, uno de los ejemplos más visibles del
aumento de la desigualdad racial en la isla.

Entre los obstáculos que encuentra la población afrocubana para iniciar
un negocio privado en Cuba se encuentra la falta de un capital inicial.
Son en su mayoría blancos los dueños de casas en los circuitos
turísticos y quienes reciben más remesas de sus familiares en el
extranjero. Según la profesora de Baruch College, Katrin Hansing,
alrededor del 90 por ciento de los cubanoamericanos son “fenotípicamente
blancos”.

Pero el problema, asegura, “no es el envío de remesas, o que la diáspora
cubana sea blanca sino que el gobierno cubano no tiene un sistema de
préstamos suficientemente amplio para que toda la población pueda
participar en la nueva economía”. Ello tiene como consecuencia que
grandes sectores de la población que no tiene recursos ni familiares en
el extranjero –sobre todo afrodescendientes– “se queden fuera”.

Las historias de movilidad social de la mayoría de estos empresarios
muestran por qué sus casos son excepcionales. Su éxito está marcado por
la constancia, pero también por años de especialización y estudios, así
como por contactos con extranjeros o períodos viviendo fuera de Cuba, lo
que les ha permitido adquirir el capital inicial, know how y redes de
contactos que ayudan a montar sus negocios – todos, por cierto, en la
capital.

Fue en Italia, donde González, un ingeniero químico, ganó su estrella
Michelín antes de repatriarse a la isla. Ferrer, maestra con un máster
en administración de empresas, trabajó como especialista en comercio
exterior en la oficina del CARICOM en La Habana, antes de llegar a la
cosmetología. Por su parte, Márquez –quien muy joven fue enviado a la
guerra de Angola– llegó a ser el jefe de cátedra de la Escuela de
Hotelería y Turismo de La Habana y participó en eventos internacionales
antes de convertirse en mayordomo de un empresario español que residía
en Cuba y vivir cinco años en Brasil.

“Esos cinco años me dieron la oportunidad de hacer mi dinerito y montar
mi negocio”, dijo, un negocio que ahora genera el pago de 15 mil pesos
cubanos en impuestos mensuales.

Algunos tienen claro que su punto de partida no es el mismo que el de
otros “cuentapropistas” blancos.

“Es complicada la obtención de materia prima y eso hace un poco difícil
a veces mi trabajo pero no imposible”, comenta Ferrer, quien explica que
no viene a Miami como otros emprendedores cubanos a comprar sus insumos,
porque no tiene familia “en ninguna parte del mundo”.

“Nosotros los emprendedores afrocubanos no llegamos hasta aquí por una
herencia económica, llegamos aquí por las ganas de hacer y el
conocimiento como herramienta fundamental”, dijo.

Hansing cree que el gobierno y la comunidad internacional deberían
actuar y estudiar soluciones que pudieran paliar estas desventajas, como
los sistemas de microcrédito. Pero el acceso diferenciado al dinero en
la Cuba de hoy, en dependencia del color de la piel, afecta no solo la
posibilidad de abrir un negocio privado sino también la posibilidad de
adquirir capitales (culturales y sociales) que luego son indispensables
para el éxito económico.

“No es un solo un problema que afecta a los negocios. Si no tienes
capital o familia afuera también te quedas mayormente fuera del sistema
educativo porque para obtener buenas notas y entrar a la universidad
necesitas repasadores y dinero para pagarles”, comentó la académica.

También en sectores lucrativos como el turismo, activistas y académicos
han denunciado la discriminación laboral contra los negros cubanos. Los
efectos de todas estas dinámicas sociales tienen expresiones muy concretas.

Por ejemplo, Márquez dijo que tenía “muy poco personal negro trabajando”
en su paladar porque “es muy difícil en Cuba hoy encontrar profesionales
negros en el giro de la gastronomía. En el deporte encontrarás que hay
millones que son estrellas y en otros renglones, pero no en la
gastronomía”. Activistas presentes hicieron notar que muchos jóvenes
negros simplemente creen que no vale la pena estudiar porque luego no
encontrarán empleo en el turismo o en las paladares y el sector estatal
paga magros salarios.

La conciencia racial no es algo sobre lo que todos estos emprendedores
habían reflexionado antes. Márquez dijo que no conocía el movimiento
afrocubano representado en Harvard, pero al final de su presentación
hizo un llamado a que los activistas, muchos involucrados en proyectos
comunitarios, colaboren para “tratar de insertar a la comunidad negra
joven” en cursos de las escuelas de gastronomía que existen en muchos
municipios del país.

“A partir de ahora vamos hacer negocios juntos nosotros”, prometió por
su parte González señalando al resto de los empresarios
afrodescendientes en el panel.

“Yo emigré, me repatrié y con lo único que triunfé fue con la unión.
Esto que está haciendo Harvard, lo quiero hacer en mi panadería”,
aseguró. Y citando a un refrán muy usado en las religiones afrocubanas,
concluyó: “Un solo palo no hace monte”.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

Source: Montar un negocio en Cuba es más difícil para los
afrodescendientes | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article149081839.html

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