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El regreso del nacionalismo

El regreso del nacionalismo
21 Marzo, 2017 9:07 pm por Alfredo M Cepero

Miami, USA, Alfredo Cepero, (PD) EL siglo XX se caracterizó por una
abierta hostilidad contra la doctrina política del nacionalismo.
Considero que, injustamente, fue culpado de los horribles conflictos
bélicos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, con sus saldos
macabros de millones de víctimas y de millones de millones de dólares en
pérdidas materiales. Franceses contra alemanes, alemanes contra
franceses y eslavos, rusos contra alemanes y japoneses, turcos contra
eslavos utilizaron el nacionalismo como pretexto para imponer su
voluntad sobre otros pueblos.

El paneslavismo, que pretendía la unión de todos los eslavos de la
Europa oriental, y elpan-germanismo alemán, que pretendía la
resurrección de una nación conquistadora (Alemania) en defensa de la
amenaza eslava, fueron aberraciones del nacionalismo que contribuyeron
al conflicto bélico de la Primera Guerra Mundial(1914-1918).

Veinte años más tarde el antisemitismo, el racismo, la xenofobia y la
intolerancia de Hitler y Mussolini fueron los detonadores de la Segunda
Guerra Mundial (1940-1945).

En ambos casos, un mundo horrorizado ante tal devastación se apresuró a
buscar antídotos contra tal pandemia política. Así surgió la Sociedad de
las Naciones (SDN) o, extraoficialmente, la Liga de las Naciones, creada
por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919. Y, más tarde, la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), fundada el 24 de octubre de
1945 en la ciudad de San Francisco por 51 países, al finalizar la
Segunda Guerra mundial. Ambas han resultado ser organizaciones inútiles
para prevenir guerras y conflictos regionales en los cuatro rincones del
mundo. Ahí están como testimonio los conflictos de Corea, Vietnam, el
Oriente Medio y las guerras africanas del siglo pasado. Y en nuestros
días, el holocausto desatado contra todo el que no profese su religión
por el terrorismo islámico de ISIS y Al Qaida.

Parafraseando el refrán español, el remedio del internacionalismo ha
resultado ser más malo que la enfermedad del tan injustamente vituperado
nacionalismo. El pernicioso internacionalismo no ha sido capaz de poner
fin a conflictos generados por fanatismos religiosos, odios raciales o
ambiciones hegemónicas.

Antes de continuar, veamos el significado de nacionalismo en el
diccionario de la Real Academia de la Lengua Española donde se define
como: “Apego de los naturales de una nación a ella propia y a cuanto le
pertenece”. Donde el diccionario dice “apego” yo digo el “amor” de los
naturales de una nación por su historia, su cultura, su lengua, su
música, sus paisajes, su clima y hasta sus olores. Todos esos
ingredientes forman parte de la personalidad y están grabados con
caracteres imborrables en el alma y en la psiquis de quienes nacieron y
crecieron en ella. Esos lazos unen a todos los que habitan en su
territorio en la búsqueda del bien común y en el rechazo a quienes
amenacen su existencia. Esos lazos son más poderosos que cualquier
documento jurídico o arenga política que promueva una intangible y
foránea solidaridad internacional.

El hombre de África no tiene punto de referencia con el de América ni el
de Europa con el de Asia. Ninguno se siente directamente impactado por
los problemas del otro. El internacionalismo es, para mí, una necesidad
impuesta por la convivencia civilizada y no un sentimiento compartido
que una a los hombres en un mismo destino. Ese sentimiento de
solidaridad lo encontramos únicamente entre los hijos de una misma nación.

Por eso, el internacionalismo, con su política de fronteras abiertas e
injerencias foráneas, se ha convertido en una amenaza para las
sociedades más prósperas, como las de Europa y los Estados Unidos. Los
menesterosos del mundo las están invadiendo. Y entre ellos, muchos que
se proponen destruirlas. Por eso, el nacionalismo está de regreso con
más fuerza que nunca y se proyecta como el arma más poderosa para
conjurar los peligros de un mundo alucinante y hostil.

La inesperada victoria de Donald Trump en las últimas elecciones ha dado
un impulso considerable al regreso del nacionalismo como doctrina de
gobierno en los Estados Unidos. Su nacionalismo se manifiesta en temas
como la seguridad nacional, la economía y la inmigración. Comienza por
la idea de la excepcionalidad de los Estados Unidos como sociedad. El
orgullo de ser americano que se había perdido en los ocho años en que el
‘internacionalista’ Barack Obama pidió perdón al mundo por la
prosperidad económica y el poderío militar de los Estados Unidos.

A pesar de lo que dicen sus críticos, Donald Trump no es el primer
nacionalista norteamericano. Se encuentra en la ilustre compañía de
George Washington y Abraham Lincoln. Mucho antes de que el nacionalismo
surgiera como doctrina política, George Washington adoptó una política
nacionalista para blindar a su joven nación contra los peligros de
conflictos internacionales. En el plano económico, George Washington fue
el primero que usó la frase “buy american” para convencer a sus
compatriotas de que era mejor comprar quesos locales. Por su parte,
Abraham Lincoln fue un gran crítico de quienes afirmaban que las tarifas
perjudicaban a los norteamericanos al elevar los precios de sus compras.

Por otra parte, la victoria del nacionalista Trump ha ejercido un
impacto de envergadura en el ámbito internacional. Ha dado un segundo
aire a la decisión de los ingleses de abandonar el barco náufrago de la
Unión Europea con el referendo en que el llamado Brexit se anotó una
victoria tan inesperada como la de Trump en los Estados Unidos. Detrás
del referendo inglés hubo antiguas y nuevas tensiones: el recelo ante la
burocracia de Bruselas, el control de la inmigración, la defensa de la
soberanía nacional, el orgullo por un carácter británico insular y
diferenciado del resto de Europa y los retos de seguridad, entre otras.

En Francia, la nacionalista Marine Le Pen cree que sus posibilidades de
victoria se han visto alimentadas por la decisión de Gran Bretaña de
salirse de la Unión Europea y por la victoria de Donald Trump en las
elecciones de Estados Unidos, factores estos que reflejan un mundo en
estado de transición, en el que ganan peso el proteccionismo y el
nacionalismo.

En un encuentro con la Asociación de Prensa Anglo-Estadounidense, Le Pen
declaró: “La historia del mundo está dando vuelta esta página. Vamos a
volver a un proteccionismo y a un patriotismo económico y cultural
razonables”.

En Hungría, la nación heroica que en 1956 regó con sangre las calles de
Budapest en su lucha contra la opresión soviética, el gobierno ha tomado
medidas drásticas para defender su seguridad nacional frente a la
invasión de quienes escapan del terrorismo islámico. El Primer Ministro,
Viktor Orban, un genuino nacionalista, aseguró en el acto de graduación
de guardias fronterizos que “las fronteras (de Hungría) están bajo
asedio”. Para Orbán, “la emigración es el caballo de Troya del
terrorismo” y reiteró que actualmente “centenares de miles de personas
están planeando partir desde el Oriente Medio hacia Europa”. También
criticó a la Unión Europea al asegurar que Hungría no puede contar “con
la UE y con Bruselas (en la defensa de las fronteras), ya que ellos le
hacen más difícil el trabajo”.

Los cubanos que combatimos a la tiranía comunista debemos tomar nota de
estos acontecimientos y convertirlos en enseñanza. La nueva nación
cubana tiene que adoptar un nacionalismo ilustrado como doctrina
política y como brújula en nuestras relaciones internacionales.
Intercambio y cooperación con aquellas naciones donde los intereses
nacionales de Cuba sean promovidos y protegidos. Porque el imperialismo
de nuestros tiranos, disfrazado de internacionalismo, no ha hecho otra
cosa que causar desolación y muerte en África, América Latina, Asia y
hasta el Oriente Medio, así como ganarnos el odio justificado de las
naciones agredidas.

Por mi parte, siento especial orgullo por la forma en que el partido que
fundé con otros treinta cubanos hace catorce años enfocamos el tema del
nacionalismo como doctrina política. En las bases del Partido
Nacionalista Democrático de Cuba, estipulamos entonces: “Somos un
PARTIDO NACIONALISTA porque nuestra meta principal es la promoción del
bienestar y la defensa de la integridad de la nación cubana. … Somos y
seremos nacionalistas abiertos a la mutua cooperación internacional.
Pero estamos conscientes de que las relaciones entre países son
determinadas por intereses más que por principios o por solidaridad. Por
ello, los intereses de la nación cubana tendrán prioridad en todas
nuestras decisiones”.
Director de www.lanuevanacion.com
Sígame en: twitter.com/@AlfredoCepero
www.pndcuba.org/index.htm

Source: El regreso del nacionalismo | Primavera Digital –
primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/el-regreso-del-nacionalismo/

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