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Cuando el tigre no es el único en acumular rayas

Cuando el tigre no es el único en acumular rayas
El retroceso en la democracia es un fenómeno global
Miércoles, marzo 1, 2017 | Miguel Saludes

MIAMI, Estados Unidos.- El informe de Amnistía Internacional sobre el
estado de los derechos humanos en 2016 puso en evidencia el deterioro
casi generalizado en que se encuentran las libertades y la justicia en
el mundo. La lista, en la que muy pocos quedaron exentos de
irregularidades en lo que a respeto de derechos se refiere, la encabeza
Turquía. El gobierno de Erdogan, aspirante a ingresar en la UE e
importante miembro de la OTAN, ganó ese triste privilegio con más de
cien periodistas detenidos y 184 medios cerrados, entre otras
arbitrariedades.

En el caso de América el documento valora como deplorable el fracaso de
numerosos estados del área en el cumplimiento de valores que no deberían
ser una asignatura pendiente para una mayoría de gobiernos integrados en
el sistema democrático que impera en el continente.

La lectura de los principales señalamientos hechos por el organismo
internacional refrescó en la memoria ciertas palabras pronunciadas por
un viejo conocido en relación con el tema de los derechos humanos en
Cuba. Respondiendo a críticas sobre el comportamiento represivo de los
órganos de seguridad en la Isla, la persona argumentaba con aquello de
que una raya más en la piel del tigre no hace que el felino sea más
“tigre”. Una forma de aceptar las censuras sobre actos violatorios
cometidos por la policía política cubana, sin expresar por ello un
sentimiento de culpa o necesidad de excusas. Corrían los años en que 75
activistas de la sociedad civil sufrían las penosas condenas del 2003.

Cuba, eterno presente en estos informes de Amnistía, fue señalada una
vez más. En esta ocasión por no permitir la entrada a los relatores de
la ONU y otros representantes de organismos que velan por el respeto de
los derechos humanos. En específico se significa su reiterada negativa a
firmar los pactos internacionales sobre derechos y las nuevas formas de
presión ejercidas contra disidentes y activistas cívicos, sometidos a
arrestos abusivos durante breves períodos de tiempo, lo que se traduce
como acoso a las libertades de expresión, asociación y reunión. Una
cifra de más de 800 detenciones sirven de base argumental a estas
acusaciones.

Pero mirando el panorama que se ofrece en los países vecinos de la Isla
las cosas dejan al gobierno dictatorial muy a la saga, considerando la
situación de estados que sí son firmantes de pactos, con elecciones
libres y un aparente ejercicio de libertades y derechos garantizados por
sus leyes y constituciones. El que peor nota saca, según el informe, es
México.

Criticada por no reconocer la crisis de derechos humanos que ha dejado
30 000 desaparecidos, la nación azteca contabiliza miles de muertos e
incontables desplazados. El escenario en 2016 ofrece un cúmulo
preocupante de desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, detenciones
arbitrarias, torturas o malos tratos, en medio de un aumento de la
violencia de la que las mujeres volvieron a sufrir las peores
consecuencias. A lo anterior se suma la impunidad de los que cometieron
las injusticias y crímenes. Destaca el caso de los 43 estudiantes de la
Escuela Normal de Ayotzinapa, aún por esclarecer.

Guatemala, Honduras, Salvador, Nicaragua, Brasil, Jamaica, Belice,
Colombia y Paraguay aparecen detrás de México. La coincidencia en el
tipo de violaciones y el grupo de víctimas se repiten en la mayoría de
los sumarios.

Los pueblos indígenas, las mujeres y las personas inscritas en el
arcoíris del colectivo LGBTI resultan los grupos más sensibles.
Amenazas, ataques, intimidación, violencia sexual. La falta de defensa
adecuada y anomalías en la aplicación de la justicia en los hechos
denunciados denotan problemas de racismo, discriminación e intereses
económicos. En este contexto resulta llamativa la petición de la ONU
hecha a Costa Rica para que las próximas elecciones no se gestionen
mediante un clima xenofóbico y racista.

Honduras capta la atención por un ligero aumento en el número de
asesinatos (3 438 frente a 3 335 en el 2015) donde los grupos con mayor
grado de vulnerabilidad están compuestos por mujeres, migrantes,
desplazados internos y defensores de los derechos humanos.

Corren especial peligro los defensores de la tierra, el territorio y el
medio ambiente. Sobre todo cuando se oponen a proyectos de gran escala
en los que se involucran grandes empresas y multinacionales. Es lo que
ocurre con misquitos nicaragüenses, lencas hondureños y varios pueblos
indígenas de Sudamérica.

En la misma situación se encuentran los periodistas, que sufren
amenazas, agresiones y homicidios. Once profesionales de la información
fueron asesinados. Una realidad que hace extremadamente peligroso el
trabajo de activistas e informadores.

Algunos nombres recogidos por el informe establecen el perfil de los que
resultan el blanco de los homicidas y las razones de que la orden mortal
haya sido dictada en su contra. El campesino colombiano Gilberto de
Jesús Quintero, oriundo de Antioquia, a quien ?tras ser asesinado? se le
hizo pasar como un guerrillero del ELN muerto en combate, ejemplifica
más de mil ejecuciones llevadas a cabo por la fuerza pública bajo la
figura criminal de los llamados “falsos positivos”. Se cita el asesinato
de Berta Cáceres, líder y cofundadora del Consejo Cívico de
Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), los
defensores de los derechos humanos José Ángel Flores y Silmer Dionisio
George, del Movimiento Unificado Campesino del Aguán (MUCA), y el de
René Martínez, presidente de la Comunidad Gay Sampedrana en San Pedro Sula.

“Las oleadas de represión se tornaron cada vez más visibles y violentas;
con frecuencia, los Estados hicieron un uso indebido de los sistemas
judiciales y de los aparatos de seguridad para responder a la disidencia
y al creciente descontento de la ciudadanía, y aplastarlos de modo
implacable”, denuncia AI. Ilustrativo el proceso investigativo sobre la
matanza de Curuguatay, que costó la renuncia al presidente paraguayo
Fernando Lugo. A cuatro años de aquellos hechos se desconoce
investigación sobre la muerte de once campesinos en el enfrentamiento
con la policía. Situación contrastante con la de los lugareños acusados
de la muerte de uniformados que sí fueron condenados.

No deja de mencionar el informe de Amnistía el impacto de las recientes
elecciones en Estados Unidos y el ambiente enrarecido que el discurso
del presidente Donald Trump ha puesto como condimento a lo que ya
resalta como una situación alarmante. Sobre esto AI apunta la existencia
de “una retórica contraria a los derechos, racista y discriminatoria” en
la región y una muestra de ello fue la elección de Donald Trump como
presidente de EEUU, lo que “suscitó honda preocupación” por el futuro
compromiso estadounidense con los derechos humanos. Inquietud mayor si
se toma en cuenta el criterio del nuevo inquilino de la Casa Blanca
sobre la prensa.

Un panorama en el que aquella reflexión sobre las franjas en la piel del
tigre cobra sentido particular, si aquellos que por su comportamiento
deben servir de ejemplo para que la fiera se amanse terminan por
parecérsele y hasta le superen en la cuestión de llevar mayor número de
rayas sobre la piel.

Source: Cuando el tigre no es el único en acumular rayas CubanetCubanet

www.cubanet.org/opiniones/cuando-el-tigre-no-es-el-unico-en-acumular-rayas/

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