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Para los cubanos, la larga espera ha terminado

Para los cubanos, la larga espera ha terminado
6 diciembre, 2016 10:11 pm por Mary Anastasia O’ Grady

New York, USA, Mary A. O’Grady, (PD) En un viaje a Cuba a finales de los
años 90 conocí a un joven que trataba de ganar dinero en moneda
extranjera como guía en la Vieja Habana. Era obvio que no estaba
capacitado para el trabajo. Pero no me importó. Quería escuchar a los
habitantes de la isla y, como descubrí, él quería ser escuchado.

A lo largo de varios días caminamos por la derruida ciudad mientras le
bombardeaba con preguntas sobre la vida en la isla. Me habló largo y
tendido sobre el absurdo de la Cuba revolucionaria, la privación, la
frustración y la alienación.

Estaba molesto. Pero cuando se trataba de hablar sobre la hipocresía de
Fidel Castro, del cual todo el mundo sabía que vivía extravagantemente
mientras sus súbditos pasaban apuros para sobrevivir, mi guía fue más
cuidadoso.

Una noche, mientras cenábamos, susurró: “María, no pongas lo que digo en
tu periódico o Fidel me…”. Esto lo dijo mientras ponía sus manos
alrededor de su cuello simulando el gesto de estrangulamiento. Estaba
asustado.

El sábado, a eso de las dos de la madrugada, me enteré de la noticia de
que el déspota de 90 años finalmente había fallecido.

Pensé en ese joven y muchos de los otros veinteañeros que conocí y
quienes querían que supiera lo mucho que anhelaban la libertad.

Estos jóvenes con aspiraciones nacieron mucho después de la revolución
de 1959 y el “máximo líder” o su mítico paraíso socialista no
significaban nada para ellos. Por muchos años fueron testigos de un auge
de turistas europeos y sabían que el mundo los estaba dejando rezagados.

Probablemente sean ahora hombres maduros, quizás con hijos. Cuando los
conocí, las cosas parecían imposibles, pero mantenían vivos sus sueños.
Estaban esperando que muriera Fidel.

Una mañana me senté en una cafetería en uno de los elegantes hoteles
solo para extranjeros que la gente de Hollywood suele visitar. Mientras
un atractivo joven barman me servía un espresso, lo miré a los ojos y le
pregunté inexpresivamente: “Entonces, ¿cómo va la revolución?” Se echó a
reír, pero no dijo más. Sabía que yo entendía que él consideraba todo
como una mala broma. Pero seguía la corriente, esperando a que Fidel
muriera.

Me fui de Cuba con la firme convicción de que nadie menor de 30 años
creía en la propaganda de la “amenaza yanqui” de Castro o la falsa
promesa de una utopía comunista. Sus esperanzas estaban en la solución
biológica.

El momento ha llegado. Sin embargo, las perspectivas para su liberación
no son muy buenas.

Ahora son gobernados por Raúl, el hermano de 85 años del comandante, y
detrás de él la siguiente generación de los Castro y los militares. Esta
despiadada banda de delincuentes es dueña de todo en la isla y no tiene
incentivos para cambiar. La normalización de las relaciones y el
levantamiento de facto de la prohibición de viajes a la isla por parte
del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha canalizado nuevos
recursos hacia ellos, fortaleciendo su poder.

La gente no está armada y tiene pocas formas de organizarse. La comida
escasea. Es una situación comparable a la de Alepo, en Siria, sin el
beneficio de contrabandear a países vecinos. Si los disidentes salen a
las calles, pierden sus raciones y son golpeados, encarcelados,
torturados y exiliados.

La comunidad internacional podría ayudar. Presionó a Sudáfrica para que
pusiera fin al apartheid. Cuba está dividida de una forma similar, con
los cubanos de piel oscura sin oportunidades, mientras que unos pocos
blancos dirigen el país, sin contar con que el gobierno es mucho más
represivo. Pero es poco probable que eso suceda pronto, como lo
demuestra el flujo de notas de simpatía hacia la dictadura que enviaron
los líderes mundiales.

Que el líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, el
presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente chino, Xi Jinping,
hayan lamentado la muerte del conocido mafioso no es una sorpresa. Pero
que los sentimientos de solidaridad provengan del presidente mexicano
Enrique Peña Nieto, y del primer ministro canadiense, Justin Trudeau,
quien escribió que Castro tenía “una enorme dedicación y amor por el
pueblo cubano”, va más allá de la parodia.

El presidente Obama podría haber denunciado el racismo patrocinado por
el Estado de Castro y las millones de vidas arruinadas y familias
destruidas. Podría haber dicho algo sobre la exportación del terrorismo
a todo el mundo. En cambio, escribió: “La historia grabará y juzgará el
enorme impacto de esta figura en la gente y el mundo”. Cobarde.

Por otro lado, Raúl es odiado y las condiciones económicas de la isla
están empeorando. La bloguera cubana Yoani Sánchez captó los
sentimientos de millones cuando tuiteó sobre Fidel: “Su legado: un país
en ruinas, un país donde los jóvenes no quieren vivir”. También observó
que “la represión contra los activistas había aumentado, especialmente
en los últimos días” y que el régimen ahora se prepara para una
“canonización”.

La aparición de la calma y la reverencia en la isla es para el consumo
de Obama y sus amigos. Pero un régimen que ha vivido en el miedo ha
cremado a su mayor símbolo de terror. Esa es la mejor razón para tener
esperanza en un futuro mejor.
OGrady@wsj.com; Mary A. O’Grady

Source: Para los cubanos, la larga espera ha terminado | Primavera
Digital –
primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/para-los-cubanos-la-larga-espera-ha-terminado/

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