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Mitos y oposición

Mitos y oposición
El manto de impunidad, con que algunos buscan cubrir el análisis de la
labor de la disidencia, no hace más que perjudicar al mismo movimiento
Redacción CE, Madrid | 19/10/2016 9:49 am

El mito de la autonomía empresarial del exilio cubano, y la defensa
denodada de sus miembros en favor de la menor participación posible del
Estado en la gestión económica, guarda una gran similitud con la actitud
emprendida por la oposición dentro de la Isla: considerar que el camino
hacia la transición democrática en Cuba debe transitar la vía de la
dependencia financiera a un gobierno extranjero.
La filosofía de la autonomía empresarial ha servido para que dichos
exiliados se consideren representantes ejemplares del neoliberalismo.
Aunque un análisis del desempeño de algunos capitales cubanos en Miami
muestra un panorama distinto, donde el mérito y la virtud en obtener
riquezas se encuentran más cerca de un astuto aprovechamiento de los
vínculos con el poder local, estatal y nacional. Ello los convierte en
la práctica en paladines del mercantilismo —el modo económico en que el
poder gubernamental se pone de parte de determinados grupos de interés
para facilitarle la adquisición de prebendas, contratos y ganancias— y
no en competidores que miden sus fuerzas y recursos en un mercado abierto.
Esta unión de negocios y política se encuentra en la raíz de las
posiciones de algunos líderes comunitarios, portavoces del exilio y
representantes políticos. Define sus conceptos y valores sobre lo que
consideran mejor para el futuro cubano y explica sus apoyos y rechazos
respecto a la forma de lidiar con el gobierno de la Isla, sin considerar
las aspiraciones de quienes viven en ella.
Intereses comerciales y económicos que bajo un disfraz de patriotismo
intentan algo más simple: hacer negocios. Lo demás es ruido.
La consecuencia es que ha surgido un “anticastrismo” que es más un
empeño económico que un ideal político, alimentado en gran medida por
los fondos de los contribuyentes. El financiamiento a una disidencia mal
organizada, peor concebida y de resultados cuestionables es el canto de
cisne de esa industria.
Si el capitalismo y la democracia marchan unidos —reclamación dudosa que
postula buena parte de esa disidencia—, poner en práctica las
elementales normas de efectividad económica que rigen en el mercado
sería un paso necesario para lograr eficiencia y prestigio.
En este sentido se puede afirmar que la productividad del movimiento
opositor cubano está por el suelo; los costos resultan exorbitantes; el
overhead imposible de sostener; los gastos de representación por las
nubes y los beneficios marginales fuera de control.
Para lograr un cambio hacia la libertad en Cuba, muchos opositores
tienen poco que mostrar a su favor, salvo la última foto en una capital
de Europa o en Miami o Washington D.C.
Más allá del mal uso y la falta de control sobre los millones de dólares
que desde hace años viene destinando EEUU para supuestamente hacer
avanzar la libertad en Cuba, hay varios aspectos que llaman la atención
en lo que hasta el momento no ha sido más que un gran derroche de fondos.
En primer lugar hay que señalar el desconocimiento y la prepotencia que
subyace en ese esfuerzo, aparentemente democrático y generoso, que por
años llevó a la impresión de miles de textos sobre la importancia de los
derechos humanos.
Lo que en un inicio pudo haber sido una labor educativa, se convirtió en
el pretexto perfecto para justificar costos de imprenta, compras en
librerías y elevados gastos de distribución.
El fundamento que determinó tal colosal “botadera” de dinero fue, en el
mejor de los casos, de un paternalismo grosero, por no decir una muestra
de racismo: quienes viven en la Isla no habían exigido mayores
libertades porque las desconocían.
El camino del aprendizaje —de acuerdo a esta estrategia— abriría las
puertas de una mayor conciencia ciudadana, con la consecuencia de un
aumento en las protestas y una mayor exigencia hacia el respeto de los
derechos humanos. Nada de esto ha ocurrido. Represión, sí. Pero también
falta de interés de la ciudadanía ante problemas más perentorios.
El segundo aspecto llegó por igual rumbo, pero en otro terreno; o mejor
dicho: en otros países. Es el derroche que han representado viajes,
congresos, seminarios y reuniones en los puntos más diversos del planeta
y planes de contingencia que no trascienden del esfuerzo mediático.
Vale la pena destacar tres incomprensiones, que por lo general salen a
relucir cuando se discute sobre el tema de la oposición en Cuba y su
efectividad.
La primera es mencionar la represión que sufren quienes se enfrentan al
régimen, y agregar que con eso ya tienen bastante. Por lo tanto, hay que
dejarlos llevar a cabo su trabajo en las difíciles condiciones que
enfrentan.
Pero cualquiera que tiene el valor de asumir una labor política se
convierte de inmediato en figura pública, y entre los riesgos y
beneficios que se enfrentan con ese destino está el ser enjuiciado, por
dentro, fuera y desde todos los ángulos.
La segunda es un simplismo: “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Sin
embargo, ni la crítica convierte a quien la hace en enemigo automático
del criticado, ni el cuestionamiento es necesariamente un acto de
enemistad, rechazo y mucho menos hostigamiento. Se puede criticar y
apoyar cuando es necesario.
La tercera sí implica un acto de desprecio: considerar que es muy fácil
criticar desde el exilio cuando otros “se juegan el pellejo dentro”,
mientras “fuera se vive muy bien”.
Aquí lo mejor es limitarse a dos hechos. Uno, que durante una época el
simple hecho de solicitar la salida del país constituía un acto de
rebelión, y si no “el pellejo”, uno se jugaba el futuro. El otro, más
general, es que el análisis de una situación no se limita a quienes la
padecen, como tampoco el estar enfermo otorga de por sí el conocimiento
para hablar de la enfermedad.
Así que uno no es menos anticastrista ni le hace el juego al enemigo por
tener una visión crítica sobre la actuación y los resultados de la
oposición en Cuba.
Ese manto de impunidad, con el que algunos buscan cubrir el análisis de
la labor de la disidencia, no hace más que perjudicar al mismo movimiento.

Source: Mitos y oposición – Noticias – Cuba – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/mitos-y-oposicion-327241

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