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Un arcoíris en blanco y negro

Un arcoíris en blanco y negro
La homofobia en Cuba se enseña desde las escuelas
Lunes, agosto 22, 2016 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- “Yo estuve en el desfile de las locas”, le dijo un
adolescente a otro mientras se divertían en un show de travestis en el
cabaret Las Vegas, en el Vedado. Estaban hablando de la marcha contra la
homofobia realizada en el mes de mayo.

“Todos estos pájaros son muy divertidos. Yo me parto de la risa con
ellos”, comentó otro joven que también compartía la misma mesa y que
había ido al espectáculo nocturno con el ánimo de quien asiste a una
función de circo.

Hace días escuché gritar a un vecino que si él descubriera que su hijo
“era maricón”, de inmediato lo echaba de la casa. También, mientras
viajaba en un taxi, presencié una conversación entre dos mujeres jóvenes
sobre lo que ellas pensaban que debía hacer el gobierno para acabar con
la homosexualidad, pues la consideraban un delito detestable, algo peor
que ser ladrón u homicida.

“La gente roba o mata a veces por necesidad o porque están desesperados,
pero los maricones son unos descarados, unos enfermos”, decía una
mientras la otra hablaba de leyes rigurosas que incluían desde el
trabajo forzoso hasta la pena de muerte.

De manera muy individual, como periodista que pasa horas en la calle
tomando el pulso a lo cotidiano, he comenzado a percibir que en los
últimos años ha habido un incremento de las expresiones de rechazo hacia
los homosexuales y parecen haber retornado aquellos sentimientos de odio
que tuvieron su apogeo en los años 70, cuando a la homofobia se le
otorgó patente de corso.

¿Qué está pasando en la sociedad cubana actual para que ocurran estos
peligrosos “renacimientos”? ¿Acaso los programas educativos sobre la
diversidad sexual no han sido correctamente implementados? ¿Son
inefectivos? ¿O se trata de un fenómeno global que estamos replicando?

“El arcoíris nuestro está en blanco y negro. Hay una parte de la
sociedad que está quedando fuera del discurso oficial, incluso en el
discurso de las instituciones que promueven el respeto a la diferencia”,
opina Tamara Guam, una joven de 34 años que, desde hace diez mantiene
una relación de pareja con otra mujer.

Y continúa: “Las jornadas contra la homofobia, las campañas por la
diversidad sexual no han sido enfocadas en el centro del problema sino
que han sido politizadas de un modo a veces contraproducente. Primero,
los travestis y los transexuales son una minoría dentro de la comunidad
LGBTI, no obstante son convertidos, se puede decir, que en el icono del
movimiento, la cara visible, la bandera porque tal vez son más
mediáticos que una pareja de mujeres que no tienen que usar botas y
sombrero de cowboy o implantarse un pene para decirle al mundo que son
lesbianas (…) Por otro lado, el slogan de ‘socialismo sí, homofobia no’…
¿por qué politizar? ¿Por qué tengo que exigir respeto, diversidad sexual
y al mismo tiempo reclamar en política todo lo contrario? Es un lema
contradictorio, excluyente, y esas patrañas no producen cambios
positivos en la mentalidad de las personas”, dijo Tamara.

“He intentado introducir el tema de la diversidad sexual en las clases
pero no me dejan y, lo reconozco, tampoco he querido insistir
demasiado”, asegura Hortelio, un maestro de enseñanza primaria que
además comenta sobre los obstáculos que ha encontrado al ser homosexual
y trabajar con niños: “Para algunos, homosexual es sinónimo de pedófilo
(…) He tenido padres que le han pedido a la directora de mi escuela que
cambien a sus hijos de aula porque han descubierto que soy gay y que
vivo con mi pareja. Incluso, hace un par de años hubo un director que no
quería que yo diera clases y eso fue una guerra (…). Decía que yo era
‘amanerado’, incluso la funcionaria del municipio me dijo que debía
cambiar mi voz y mis gestos cuando estaba frente al aula. Imagínate qué
locura (…) No existe una ley para que me boten de (el Ministerio de)
Educación, pero eso no importa si quien dirige tu escuela, tus jefes,
son homofóbicos; si desde el mismo ministerio son homofóbicos y no
permiten que se les hable a los niños de diversidad sexual, de
orientación sexual. Todo es blanco o negro, hembra o macho,
revolucionario o enemigo”.

Raquel, maestra en el mismo centro educativo que Hortelio, nos ofrece su
visión al respecto: “En mi aula hay un niño al que le gusta jugar con
muñecas, prefiere ir con las niñas, no juega a la pelota, etcétera,
tiene rasgos que indican que al menos hay un problema con los roles. Yo,
como maestra, debo ir mirando todos estos detalles y preocuparme, lo
cual es normal (…) Pero lo peor es que nuestro sistema educativo no te
pide que observes para ayudar a integrar a este niño al grupo de alumnos
desde su diferencia y lograr que sea aceptado, sino para ‘corregir’ lo
que sigue siendo para ellos un defecto, una malformación. Nuestro
sistema educativo no acepta las diferencias, es así de sencillo e
inocula ese bichito de rechazo a lo diferente, crea el caldo de cultivo
para que en otras edades se instalen los odios y las segregaciones”.

Karen, subdirectora de una escuela de nivel secundario, también opina al
respecto: “Creo que sí existen programas educativos y no creo que el
Ministerio de Educación deba cargar con la culpa de todo (…) Te orientan
enseñar matemáticas y yo la pongo en el plan de clases. Ahora, si el
profesor es bueno, los alumnos aprenderán matemática, pero si el
profesor es malo… (…) Si la persona que les habla a los muchachos es
homofóbica, no habrá manera de que inculque respeto, por eso te digo que
no es la escuela; es la sociedad, las cosas que consume el niño en la
televisión, la música que escucha, las creencias y tradiciones que
comparte con sus padres y amigos del barrio (…) Hay otro mundo mucho más
complejo fuera de la escuela, en los hogares, en los barrios y allí es
donde habrá que trabajar más”.

En Cuba, ya sea en discotecas privadas o estatales, en bailables
públicos y hasta en celebraciones populares, cada día es más común
escuchar canciones que reiteran los prejuicios contra los homosexuales o
que incitan a la violencia contra ellos; en los clubes nocturnos abundan
los espectáculos humorísticos donde el centro de la mofa son los gay
caricaturizados bajo ese falso cliché de “depredador sexual y flojo de
carácter”. Sin embargo, todas esas expresiones sociales no son la causa
sino el reflejo de un fenómeno discriminatorio que, de persistir e
incrementarse, a fin de cuentas dañará todo el tejido social de la nación.

Source: Un arcoíris en blanco y negro | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/un-arcoiris-en-blanco-y-negro/

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