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Elogio de la altea y la temática racial cubana

Elogio de la altea y la temática racial cubana
julio 27, 2016 4:56 pm

“Cuando un pueblo olvida sus virtudes lleva en sus propios vicios su
tirano”. Núñez de Arce

Guanajay, Artemisa, Manuel Aguirre Labarrere, (PD) Algunos de los que
han leído el libro “Elogio de la altea o las paradojas de la
racialidad”, de Zuleica Romay Guerra, lo han considerado un refrito de
la problemática racial cubana.

Nada de cierto hay en esa aseveración, que únicamente puede tener cabida
en aquellos mal intencionados y oportunistas que hacen del tema negro
cubano un modo confortable de vida, sin atreverse a ir más allá de lo
que les dicta el oficialismo o que se censuran ellos mismos por miedo a
perder los privilegios de que gozan, justamente a costa del negro, cuya
situación es cada vez más bochornosa.

El tema racial, tan traído a debate en reiteradas ocasiones no ha
resultado positivo para los afrocubanos.

“Elogio de la altea” tiene el merito de recordar a figuras insignes del
problema negro como Walterio Carbonel, quien fue sepultado vivo por el
oficialismo después de ser acusado de simpatizar con los Panteras Negras
que luchaban contra la discriminación en Estados Unidos.

Lo que más inquieta de este libro es que en sus más de trescientas
páginas se nota su reiterado elitismo, con un lenguaje academicista que
frena su desenvolvimiento y hace del texto una empresa difícil para
lectores, que aunque interesados en el tema, no tienen el conocimiento
suficiente para entenderlo cabalmente.

La autora hace reiteradas alusiones a “lo blanco”, fenómeno molesto para
cualquier afro descendiente con sentido de pertenencia y conocimiento de
la historia cubana, los códigos del color y el surgimiento de la raza
humana.

Zuleica Romay no tuvo en cuenta estos conceptos al adentrarse a escribir
un texto que únicamente beneficia a los racistas y da vía libre a los
estereotipos negativos con los que el negro ha tenido que lidiar y lo
minimiza en el entramado sociocultural de la nación.

El libro fue galardonado en el Concurso Casa de las Américas en el
apartado de “Premio extraordinario de estudios sobre la presencia negra
en la América y el Caribe contemporáneo”. Debido a los malestares que
provoca la exclusión y discriminación racial, era necesario premiar un
texto sobre el tema, y Elogio de la altea cumplía a cabalidad todos los
parámetros para levantarse con el premio frente a un jurado que hizo
justicia, como pocas veces ocurre tratándose de del tema negro y sobre
un texto escrito por una afrodescendiente, aunque conocida por su firme
afiliación al oficialismo, lo que se deja ver desde el primer momento en
que uno se adentra en la lectura de este interesante texto.

El surgimiento de la nación fue racista y sin igualdad. La mayoría de
nuestros más altos dirigentes son racistas. Y aunque Raúl y Fidel Castro
no sean racistas, tampoco han abordado seriamente el tema y mucho menos
le han dado solución. En más de cincuenta años muy poco tiempo y
atención le han prestado al problema del racismo.

Tratar de justificar al gobierno y sus políticas sobre la cuestión
racial en Cuba minimiza la validez del libro y prueba el alto grado de
compromiso de la autora con el sistema y el por qué de la sin razón y el
bochorno de llevar la herencia esclava, no con orgullo, sino como
estigma que la disminuye racial y humanamente.

La reiteración sobre las relaciones interraciales muestra las ansias y
el miedo para asumirlas abiertamente y la vergüenza por llevar al lado a
una persona que no se ajusta a los códigos raciales de la sociedad, por
muy enamorado que se esté, y de ahí las relaciones extramatrimoniales y
el escondrijo.

El racismo y las contradicciones raciales son un fenómeno político con
el que viven y vivirán toda la vida los afrodescendientres en Cuba, si
no se unen y reclaman con valor sus derechos.

Escribe Zuleica Romay: “Concebidos como escalada conceptual denominada
Batalla de Ideas, los más de cien programas de desarrollo social
ejecutados por instituciones y organizaciones cubanas en el decenio
2000?2009 contribuyeron a la lucha contra la «discriminación
objetiva»caracterizada por Fidel Castro, a partir de acciones
compensatorias de injusticias históricas y del otorgamiento de
excepcionales dispensas sociales a sectores relegados por desventajas de
tipo acumulativo? privilegios que han sido cuestionados por el
recrudecimiento de las dificultades económicas y financieras del país a
partir del 2009, y racionalmente atemperados por las políticas
económicas y sociales aprobadas por el Sexto Congreso del Partido
Comunista de Cuba , celebrado en la primavera de 2011”.

La Batalla de ideas solo sirvió para enmascarar a cientos de
oportunistas que se enriquecieron a costa de ella. Cientos de tribunas
abiertas tuvieron lugar y en ninguna se abordó el tema del racismo.
Mucho menos se libró una cruzada contra ese flagelo.

No comparto los términos “no blanco”, o “más oscuros”. Los negros son
negros, y serlo, para quien tenga sentido de pertenencia, no debe
ofender, sino más bien enorgullecerlo.

Hay poca agudeza en el libro para plantear el problema racial cuando la
autora trata de hacer comparaciones entre políticos y líderes negros de
la sociedad civil norteamericana. Se demuestra una vez más el alto grado
de compromiso de la autora con el régimen castrista. Ni por asomo se
atreve a señalar las fallas del castrismo para atajar la discriminación
y el racismo en Cuba, girando su atención hacia “el vecino del Norte”.

Fíjese en este fragmento: “Sabemos que el color de la piel no tiene
significados axiológicos. Un ejemplo cercano nos lo ofrece los Estados
Unidos, país donde millones de hombres y mujeres esclavizados lucharon
durante décadas para ascender a la condición de ciudadanos y cuyos
descendientes establecieron paradigmáticos referentes de dignidad en
varios periodos de su historia reciente. Mas la misma sociedad que
produjo a Martin R. Delany, Willian E. Dubois, y Malcom X, pergeñó y
otorgó poderes para la defensa de las peores causas a Collin Powell,
Condoleezza Rice y Barack Obama”.

No resiste someramente un análisis serio. Condoleezzaa Rice, Collin
Powell y Barack Obama no han desacreditado el legado de sus próceres, no
ocultan su herencia ni añoran lo que no les corresponde.

La mentalidad de la autora y la herencia esclava en su familia no sirve
para quien no sabe asumir con prestancia y sentido de pertenencia sus
raíces históricas .

La autora no ve ni quiere ver el racismo y la discriminación política
que en Cuba sufren tanto negros como blancos.

Respecto a Obama, Zuleica Romay no tiene en cuenta las trabas y
dificultades que impone a un presidente norteamericano el Congreso. Con
todo y eso, Obama ha sabido sortearlas de manera maestra y ha logrado
mejoras en el campo de la salud – La Ley de Protección al Paciente y
Cuidado de Salud Asequible, el llamado Obamacare- y del bien común. Pero
la autora, que se suma a la política oficialista de no ver nunca algo
positivo si viene los Estados Unidos, no le reconoce logros a Obama.

Cuba, que con orgullo tuvo entre sus hijos a figuras ilustres como
Antonio y José Maceo, Juan Gualberto Gómez y Evaristo Estenoz, pergeñó y
otorgó poderes para el ocultamiento de la realidad sociopolítica cubana,
a tíos Tom y Mayotte Capecia, como Esteban Lazo, Martín Morúa Delgado y
Zuleica Romay.

Más que analizar el racismo, Elogio de la altea es una inmerecida
apología a la revolución cubana, que al racismo dio la callada por
respuesta.

Un tema como el racismo no admite medias tintas. Quien se atreva a
tratarlo, no debe temer poner el dedo en la llaga. Es la única forma de
visualizarlo y tomar acciones afirmativas a favor de los históricamente
oprimidos.

Que después de tantos años de revolución, el racismo siga siendo tabú
para la mayoría de los dirigentes da la medida de cuán poco les importa
el bienestar social de los cubanos.

El racismo colonial no difiere de los otros racismos.

De esas “grandes cinco tareas que deberá acometer la sociedad”, la
autora misma reconoce que es más fácil enunciarlas que movilizar
recursos para alcanzar sus objetivos. Pura utopía: ninguna batalla se
gana con sueños, porque los sueños, sueños son.
mal26755@gmail.com; Manuel Aguirre

Source: Elogio de la altea y la temática racial cubana | Primavera
Digital –
primaveradigital.net/elogio-de-la-altea-y-la-tematica-racial-cubana/

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