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Que se avergüence el amo

Que se avergüence el amo
Entrevista con el escritor Alberto Abreu sobre el tema racial
miércoles, abril 13, 2016 | Jorge Ángel Pérez

LA HABANA, Cuba.- Fue con Alberto Abreu con quien primero conversé
después de que Elías Argudín, periodista negro del periódico Tribuna de
La Habana, publicara el libelo: ‘Negro, ¿tú eres sueco?’ que, según
Víctor Fowler, quedará para vergüenza del periodismo contemporáneo en Cuba.

Alberto se mostró dispuesto desde que lo invité. Pensé en él porque es
un inteligente escritor negro, y autor de varios libros de muy
reconocida importancia; entre ellos podemos citar: ‘Los juegos de la
escritura o (re)escritura de la Historia’, que fuera galardonado con el
Premio Casa de las Américas en el año 2007 en el género de ensayo.
También es autor de ‘Virgilio Piñera; un hombre y una isla’, distinguido
por el Premio Uneac, también de ensayo. Próximamente saldrá de imprenta
el tomo: ‘¿Puede ser negra la nación? Literatura, raza y modernidad en
la Cuba del XIX’.

Abreu está muy bien enterado de estudios sobre racismo y ha impartido
conferencias en varias universidades de los Estados Unidos y también de
Latinoamérica. Es el autor del blog ‘Afromodernidades’. Además de
escritor y negro, Alberto es homosexual, y quién mejor que este
“monstruo de tres cabezas” para hacerme advertencias sobre el racismo
que con tanta fuerza persiste en Cuba. Sentados en la sala de mi casa,
tomamos un café y conversamos.

Jorge Ángel Pérez (JAP): Ya estamos enterados desde hace mucho tiempo de
que no existen espacios oficiales, de esos que ocupan el centro más
visible, en los que se pueda denunciar el racismo persistente que existe
en la nación cubana. Son únicamente los sitios digitales, tan alejados
de esa médula oficial, los que se atreven a enfrentar la intransigencia
blanca. Sin embargo, hace unos días apareció en Tribuna de La Habana, el
texto: Negro, ¿tú eres sueco?, escrito por un periodista negro. ¿Cómo es
posible que este hombre se atreviera a usar una tribuna subordinada a la
dirección del Partido Comunista en La Habana para publicar ese libelo
vergonzante?

Alberto Abreu (AA): Porque el comentario de Elías Argudín que apareció
en Tribuna de la Habana responde a paradigmas y fantasías que durante
muchas décadas la oficialidad cubana, desde su blanca hegemonía, nos
inculcó sobre los problemas de la identidad racial. Recuerda que, en el
caso de Cuba, durante muchísimos años el problema racial ha estado
subordinado al discurso político.

Hablar del racismo antinegro cubano implicaba romper un pacto, un
consenso político establecido en los años sesenta, cuando se creyó que
las leyes promulgadas a favor de la igualdad racial resolverían el
problema. Se equivocaron, y lo peor es que todavía hoy, para muchas
personas, hablar del racismo es sinónimo de un abierto enfrentamiento al
gobierno.

Desde luego, que este secuestro que ha hecho el campo político de la
libertad que debían tener los negros de hablar como negros, no es
inocente. Este secuestro posibilita muchas manipulaciones y suspicacias
políticas, que, lamentablemente, dividen al movimiento y retrasan la
lucha y el debate público sobre el racismo en Cuba.

Hay ejemplos muy bochornosos en este sentido, uno de ellos es el que
implicó a Roberto Zurbano y al texto que él publicara en The New York
Times, en marzo del 2013. Eso prueba que es el poder político quien
determina –y legitima– quiénes pueden hablar sobre este tema en Cuba, y
quiénes no. De ahí la importancia que tienen las redes sociales y sobre
todo los blogs, capaces de diversificar y de impugnar la mirada oficial.
Es muy importante renovar y hacer audibles otras voces, hablar sin
restricciones, alejados de esos protocolos que impone el discurso oficial.

JAP: Conocemos la reacción que provocó, en ese discurso oficial, la
publicación del texto de Roberto Zurbano en The New York Times, y
también sabemos de la obediencia que debe la prensa estatal cubana a ese
campo político del que hablas. ¿Cómo explicar entonces que este
periodista, hombre negro por cierto, se aventurara a escribir un
artículo tan racista? ¿Supones que sea, únicamente, una reacción
personal y espontánea o es algo más?

AA: Mira, tanto tiempo en esta lucha… además de la extensa bibliografía
que ya existe sobre el tema, y las experiencias personales y compartidas
con afrocubanos –y afrocubanas– y líderes afrodescendientes de otros
países, refinan los sentidos. Uno comprende que las estrategias racistas
y homofóbicas, independientemente del país que las produzca, son las
mismas. Recuerda esto: “Nadie conoce mejor las armas del dominador que
el dominado”. Hay una vieja práctica racista que nació en la colonia y
que de una forma u otra sobrevive hasta nuestros días, y es que la
mayoría de las veces en las que el poder pretende deshonrar a una
persona por negro o negra, busca a otro negro para que lo haga.

JAP: Como los guerrilleros negros de la colonia…

AA: Como los ranchadores y los guerrilleros negros de la colonia. Por
eso, más allá de los problemas que apuntan hacia una falla en el
autorreconocimiento de la identidad racial de este periodista, producto
de una dolorosa y compleja historia, signada por toda una ingeniería
social dedicada al blanqueamiento racial del hombre negro, el texto como
tal (las estrategias de su puesta en escena y circulación) repite el A B
C, cumple con las reglas de este viejo procedimiento colonial y racista.

Es lo que torna más sospechosa la culpabilidad que Elías Argudín asume a
título personal. Todos conocemos el control y la censura política que
existe sobre los medios en Cuba. ¿Cómo se explica que este escrito haya
pasado, así porque sí? ¿Por qué no lo escribió un periodista blanco?
Desde luego, no contaban con la reprobación que inmediatamente suscitó
este texto en las redes sociales. El hecho de que Argudín se viera
obligado a una torpe disculpa pública, y la reunión que posteriormente
la Comisión Aponte sostuvo con él y con los redactores de Tribuna de La
Habana es un triunfo, y hasta prueba la existencia de una emergente
sociedad civil en Cuba, y también que, por mucho que se lo crea, ya el
poder no tiene el control ni la administración discursiva de nada.

JAP: Tu alusión a los ranchadores me lleva a pensar en lo que algunos
estudiosos de la literatura cubana han visto en ese personaje que trazó
Morillas en el ya lejano siglo diecinueve. Esos críticos ven en Páez a
un héroe trágico. ¿Tú cómo ves a este periodista? ¿Notas algún parecido
entre él y esos guerrilleros negros que exhibió la colonia?

AA: Lo de Morillas no es un acto ingenuo. Toda la llamada literatura
antiesclavista cubana, incluido el teatro bufo, está llena de estas
contorsiones y travestismo en la representación del sujeto negro y
mulato. Responde a esa ingeniería social del racismo cuya matriz, te
decía hace unos instantes, surge en la colonia y continuamente se
reactualiza.

Pienso en las fantasías nacionalistas de toda esa genealogía de
patricios ilustres, fundadores de la nación, cuyo complejo de
inferioridad los llevó a imaginar una nación blanca y heterosexual,
similar a las naciones de Europa. En sus escritos, por razones no sólo
de hegemonía racial, sino también económica y de clase, elaboraron los
presupuestos de este miedo al negro. Sobre todo, Francisco de Arango y
Parreño, y posteriormente Saco, y también Del Monte.

El terror a una revolución similar a la de Haití los llevó a construir
un campo discursivo donde el lugar del sujeto esclavo y
afrodescendiente, dentro del proyecto de nación que se gestaba, siempre
estuvo asociado a los imaginarios del terror, la catástrofe y lo
excrementicio. Recuerda la mansedumbre y fidelidad de Manzano, tan
necesitado de corrección, ante su amo Del Monte frente a la actitud de
Plácido tan celebrada por nuestra historiografía literaria, el silencio
que hace nuestra literatura oficial sobre los poetas esclavos. La manera
en que los mambises negros eran representados como violadores de mujeres
blancas; salvajes que andaban desnudos y a caballo en medio de la
manigua. Recuerda las diferentes razones que llevaron a Céspedes y a la
revolución del 68 a posponer la libertad de los esclavos. Piensa en la
polémica entre Manuel Sanguily y Juan Gualberto Gómez, y lo ocurrido en
1812 cuando Aponte, y en 1848 cuando la Conspiración de la Escalera, en
1912 cuando la matanza de los independientes de color.

JAP: ¿Y después de 1959?

AA: Hay que recordar cuando acusan a Ediciones El Puente de fomentar un
Black Power en Cuba. Siempre que, dentro de la nación cubana, el
afrodescendiente intenta hablar desde su cuerpo racialmente
diferenciado, surge la misma suspicacia, el mismo reproche de que quiere
destruir la unidad de la nación o que es agente subvencionado por la
CIA. Históricamente hemos tenido que callar a favor de la unidad de la
nación.

JAP: Grandísimo estoicismo

AA: El mayor que pueda imaginarse

JAP: ¿Tú crees en el perdón?

AA: Me cuesta mucho pensar en el perdón, sobre todo porque recuerdo ese
conflicto que se ha extendido por más de cinco décadas, ese que se
inició en medio de un escenario internacional complejo y de agudas
tensiones, de radicalización política e ideológica. En medio de todo eso
no creo que la culpa haya estado de una sola parte.

JAP: El gobierno jamás se excusó…

AA: Jamás. Nunca ofrecieron disculpas por la creación de las UMAP, y
mucho menos por las depuraciones en las universidades, tampoco por la
persecución a homosexuales en los años sesenta y setenta.

Nadie pidió perdón a los miembros del grupo literario El Puente por
todos los sufrimientos que les causaron. ¿Conoces de alguna disculpa que
le ofrecieran a creadores e intelectuales como Virgilio Piñera o José
Lezama Lima, o como a tantos otros que fueron parametrizados? ¿Tienes
alguna noticia de que ofrecieran explicaciones, cuando el dólar ya
estaba despenalizado, a aquellas personas que cumplieron condena por
tenencia de divisas?

JAP: No tengo ninguna noticia de disculpas ofrecidas. Las tempestades
que ellos arman jamás vienen seguidas por la calma. Tras la tempestad
que provocan estimulan a una más grande. Ahora mismo, cuando debían
excusarse por el dislate de Argudín, o quizá hacer silencio, aparece
Arthur Gonzáles, un adlátere (feísima palabra) del discurso oficial, con
un texto publicado en El Heraldo Cubano, que intenta reivindicar al
periodista de Tribuna de La Habana. Ya este hombre hizo de las suyas
tras la censura de la puesta que hiciera de ‘El rey se muere’, de Juan
Carlos Cremata. Ahora se puso, otra vez, a sacar “trapitos sucios”, y
hasta disparata sin ningún pudor. Fíjate si es así, que fue capaz de
asegurar que existe una raza china. Y hasta asegura que estos amarillos
de Asia no se molestan cuando los llaman chinos… ¿No te da gracia el
dislate?

AA: Mira, en el escrito de Arthur González (‘¿Por qué decir negro es
racismo?’), su autor recurre a la treta oportunista de siempre: la de
sembrar suspicacias políticas para con ellas descalificar a los que en
Cuba luchamos contra todo tipo de discriminación, y en particular la del
racismo antinegro. Cuando lees su texto, no tienes que ser un Fanon o un
Lacan para darte cuenta de que sus argumentos descontextualizados y su
aparente ignorancia en lo que viene aconteciendo desde hace años en los
planos del debate racial cubano, están movidos por lo que se conoce como
“el miedo al negro”.

En el fondo, González termina siendo la viva expresión del individuo que
enmascara su racismo detrás de supuestas posiciones de fidelidad a la
Revolución. Tanto su oportunismo político como su “aparente” ignorancia
histórica pasa por alto los conflictos y el desgarramiento de un grupo
racial, que como casi ningún otro, en desmesurada proporción, fue
abrupta y criminalmente arrancado de su lugar de origen, dispersado por
el mundo y esclavizado. Al tiempo que su memoria colectiva y sus
creencias fueron calificadas como algo arcaico, primitivo, que había que
borrar y blanquear. Por eso te digo que a esos ‘Arthurs González’ no le
hagas ningún caso, y tampoco pretendas dialogar con ellos. A estas
altura del partido, con todo lo andado y desandado, como dicen en mi
barrio, todos sabemos para lo que están. Su función o encomienda es
justamente la de distraernos con cortinas de humo y frenar ese diálogo
que anhelas. Su texto sugiere una lectura en reversa: la reacción
desatada por el escrito de Tribuna, molestó. Pero como dice Guillén: que
se avergüence el amo.

Source: Que se avergüence el amo | Cubanet –
www.cubanet.org/mas-noticias/que-se-averguence-el-amo/

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