Racismo – Cuba – Racism
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Qué bolá Cuba?

“¿Qué bolá Cuba?”
Con esa mezcla de estadista y “turista en jefe”, Obama transitará en
Cuba por las aún complejas, contradictorias y por momentos espinosas
relaciones entre Washington y La Habana
Alejandro Armengol, Miami | 21/03/2016 12:43 pm

Ya es historia. El Air Force One llegó a Cuba el domingo, y tras el
avión presidencial tocar tierra, Obama mandó un tuit desde su cuenta
personal: “¿Qué bolá, Cuba? Apenas aterrizo, quiero encontrar y escuchar
de primera mano al pueblo cubano”, escribió.
El presidente estadounidense parece haber encontrado un alivio en poder
recurrir a la informalidad y el humor cubano en una visita cuyo
precedente ocurrió hace 88 años y su último detalle vinculante unas
pocas horas antes del aterrizaje, con la detención de unos 60
opositores, entre ellos decenas de miembros de las Damas de Blanco.
Viajar con toda la familia, hasta la suegra. Iniciar la estancia con un
recorrido por la Habana Vieja, la Catedral, la zona que siempre se
muestra al que llega del exterior, y finalizarlo con la asistencia a un
juego de pelota. Dos actividades que definen el principio y el fin de un
recorrido, pero que no lo abarcan en su totalidad, porque lo fundamental
está entre ellas.
Con esa mezcla de estadista y “turista en jefe” —como lo ha
caracterizado The New York Times— el presidente estadounidense Barack
Obama transitará en casi tres días, dos noches y varios encuentros las
aún complejas, contradictorias y por momentos espinosas relaciones entre
Washington y La Habana.
Una reunión con el gobernante Raúl Castro —el centro de la visita— y una
cena de Estado, pero también un discurso que se vislumbra en algunos
aspectos no agradará al mando en Cuba y un encuentro con representantes
de la sociedad civil y opositores que tampoco.
Obama se mueve en un terreno donde no se permite la palabra de más y se
reprocha la de menos. Si en su visita el simbolismo tiene tanta
importancia es no solo porque el Gobierno cubano juega siempre con
efectividad la carta de la imagen —no importa que en ocasiones lo haga
de manera burda y vulgar—, sino fundamentalmente porque el símbolo
resume y concreta la relación de EEUU con Cuba. Por lo demás, poca
importancia tendría una nación cuya economía actual no es muy superior a
la de Guatemala o República Dominicana y menor que la del Distrito de
Columbia.
No es parte del discurso de Obama recalcar como objetivo un cambio de
régimen en Cuba. Tampoco lo es prometer que de hoy para luego cesarán
una serie de programas que buscan la democracia allá —dejando ahora a un
lado su eficacia—, ni decir que el embargo concluirá mañana —no tiene
esa opción— o será devuelto el terreno que ocupa la Base Aero Naval de
Guantánamo.
Así que recurrir al humor, tratar de caer bien o ser simpático es un
objetivo que Obama puede desarrollar, sin los límites y peligros de
otros más comprometedores. Además de que algún asesor le debe haber
dicho que nada es peor entre los cubanos que “caer pesao”.

En clave de humor
La apuesta de Obama con Cuba está adquiriendo ribetes muy serios, cuando
se lanza a incluir el humor en ella. Obama, indudablemente, quiere
conquistar a los cubanos, y no solo a fuerza de billete. A otros
viajeros les ha ocurrido con anterioridad: la Isla puede tornarse
obsesión. Si la apuesta en la Plaza de la Revolución es sacar lo máximo
este año —que después ya veremos— y dejarlo hablar un poco porque luego
no va a estar, no deja de ser un juego comprometido más que
comprometedor. Pero no se ha llegado a este punto, todavía hay espacio
para la clave de humor.
La participación del Presidente en un video en el cual el popular
personaje cubano Pánfilo —interpretado por el humorista Luis Silva—
llama por teléfono a la Casa Blanca, y lo atiende personalmente el
propio Obama, apunta a brindar una imagen del mandatario estadounidense
lo más alejada posible de la “prepotencia imperial”. Una diferencia
absoluta con el lejano viaje del presidente Coolidge, que llegó a Cuba
en un acorazado.
Ambos polos buscan la propaganda, o contrarrestarla, con el video. En un
principio fue colocado en la página en Facebook de la embajada de EEUU
en Cuba y rápidamente fue subido al portal en YouTube de la oficialista
Cubadebate. La cadena Telesur, que se ve en los televisores cubanos,
también lo transmitió.
La jugada con Pánfilo es doblemente efectiva. En primer lugar porque
rompe ante los cubanos la tradicional pose del Gobierno de La Habana
—heredada en parte de los regímenes comunistas ya desaparecidos— de la
pompa y circunstancia frente al poder. El hieratismo de las figuras del
mando en Cuba siempre ha sido tan absurdo, en un Gobierno supuestamente
del pueblo y para el pueblo, como el considerar los jeans una prenda de
vestir imperialista. En este sentido, La Habana ha tratado de cambiar en
algo esa imagen con el vicepresidente Díaz-Canel, pero con resultados
pobres al no percibirse aún como una figura determinante.
El segundo aspecto tiene que ver con el hecho de que el presidente de
EEUU es negro y joven, lo que no define pero ayuda a una identificación
entre los cubanos. No por gusto Obama es más popular en la Cuba de hoy
que en el exilio de ayer de Miami.
Para los negros cubanos en particular, la visita de Obama es también una
muestra de todo lo que puede avanzar un miembro de su raza en EEUU, en
clara contradicción con lo inculcado por décadas en la Isla. Si bien la
excepcionalidad del talento político de Obama —y las circunstancias muy
específicas que lo llevaron a la presidencia— no significan el fin del
racismo en Estados Unidos, algo aún muy lejano, la comparación con la
situación cubana es pertinente.
Los cubanos negros se han beneficiado menos que los blancos de las
relaciones más cercanas con Washington. Relativamente pocos cuentan con
empleos codiciados y lucrativos en que presten servicios a los
visitantes extranjeros.
Las contrataciones discriminatorias resultan particularmente indignantes
en los elegantes restaurantes privados, donde los cubanos pueden ganar
más en una noche en propinas de los turistas que el salario promedio
mensual. Ahí, al igual que en muchos empleos en la industria del
hospedaje y el turismo de Cuba, meseros y camareros son en su inmensa
mayoría blancos o cubanos de piel clara y mestizos o de otra mezcla
racial, como señaló reciente una información de la Associated Press.

Imágenes contrapuestas
Sin embargo, hay algo más importante. Si uno se detiene por un minuto en
la información sobre la reciente visita del presidente venezolano
Nicolás Maduro a Fidel Castro, observa las fotografías del exgobernante
en silla de ruedas y contrasta contenido y fotos con las que circulan
hoy sobre el viaje presidencial, no tiene que esforzarse mucho para
determinar de parte de quien está el tiempo; algo que va más allá de
edad y padecimientos de salud y tiene que ver con el ocaso de una época,
que en el caso de Cuba ha demorado excesivamente no en manifestarse sino
en materializarse.
Además de que en el caso de Maduro tanto reconocimiento, protocolo y
medalla suena a acta de defunción o entrega anunciada. Demasiado alarde
ideológico por estos días en la Isla. Dime de que alardeas y te diré de
lo que careces. Al parecer el país se entrega al capital estadounidense
pese a los reniegos. Por lo demás, y como siempre, en Cuba es difícil
determinar quién le está haciendo la cama a quién.

Source: “¿Qué bolá Cuba?” – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/que-bola-cuba-325152

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