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Cuba, o la ignorancia crapulosa

Cuba, o la ignorancia crapulosa
Por David Bustamante Segovia

Barack Obama aún está por demostrarle al pueblo de Cuba, a quien le
expresó su cariño, que su voluntad de suprimir el embargo es tan real
como la resistencia y reciedumbre de carácter de ese pequeño pueblo.
David Bustamante Segovia

Aún en pleno siglo XXI, cuando ya Estados Unidos no puede tapar el cielo
con la mano resulta difícil que la crápula de la ignorancia del
ciudadano común no sorprenda a quienes conocen la historia de Cuba y
también sus logros tras 60 años de opresión a manos de un embargo
impuesto arbitrariamente en el marco del Derecho internacional (Carta de
las Naciones Unidas). No se trata de un conocimiento que dependa de la
apreciación del intérprete o de un historiador y tampoco de una opinión.
Se trata de hechos representados en cifras y tasas. Cuba ostenta los
índices de educación y de alfabetización más altos entre los países
desarrollados, según la Unesco, y el 0% de desnutrición, según el Fondo
de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización de
las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO),
mientras Colombia el 18% (Venezuela el 5%). También es el único pueblo
de América Latina con la más baja tasa de mortalidad infantil y donde el
narcotráfico no existe. ¿Qué, qué? Sí, señores. Entérense.

¿De qué valen la educación, la salud, la comida y la paz social sin
libertades tales como la de prensa o el desplazamiento a otros países?
sostienen algunos, seguros de sus críticas. Sinceramente no sé cuáles
sean las prioridades de estos “críticos” o cómo prefieren el mundo, pero
creo, sin temor a equivocarme, que aún si ambas cosas fueran ciertas
preferiría no ver RCN y Caracol ni salir de Colombia mientras hago un
peregrinaje de extremo a extremo al amparo afable e inequívoco de un
óptimo estado de salud o hacer ejercicio de mis facultades naturales
investido de un título profesional que me declare apto para ello sin que
mi capacidad económica haya obstado en el proceso. ¿O prefiere el
ciudadano común poder ver RCN y Caracol desempleado y sin educación, o
enfermo de muerte, o muerto de hambre? ¿O cree también que un embargo
comercial es como un mosquito en el antebrazo cuya molestia se resuelve
con el chasquido de los dedos?

Entre la indignación y el desprecio y el mal de risa que provocan
simultáneamente estos “críticos” vale la pena aclarar, so pena de que la
ignorancia se transforme en una enfermedad terminal, quizá no del cuerpo
pero sí del cerebro o su intelecto, que un embargo comercial (consagrado
en la Ley Helms Burton de 1996) prohíbe a los estadounidenses hacer
negocios con o en Cuba y asimismo a las compañías no estadounidenses. Se
priva al país embargado de obtener productos o bienes y servicios y
materiales de transporte, infraestructura y tecnología a través de
relaciones comerciales con los países del mundo. ¿No es eso una dictadura?

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el
embargo le ha costado a Cuba una suma superior a los 117 mil millones de
dólares desde cuando entró en vigor en 1962 y más de 833.755 millones de
dólares si se considera la depreciación del dólar desde entonces. En
virtud del embargo, Cuba no puede importar medicamentos ni recibir la
tecnología que la industria química necesita para elaborarlos o los
productos agrícolas cuyo clima propicio no existe en la isla. El embargo
califica como un acto de «genocidio» según la Convención de Ginebra de
1949 y como un acto de «guerra económica» según la Declaración del
Derecho de Guerra Marítima de 1909, como también lo sostuvo en octubre
del año pasado el representante permanente de Naciones Unidas en Cuba,
Bruno Rodríguez, ante la Asamblea General de la ONU (en dicha fecha
reunida a los fines de poner fin al embargo votando unánimemente en su
contra a excepción de Estados Unidos e Israel).

La Ley Helms Burton promulgada por el Congreso de Estados Unidos
estipula que “el embargo debe permanecer vigente en tanto Cuba no
establezca un gobierno democrático”. ¿Democrático? Pregunto: ¿Qué de
democrático o soberano tiene que un país extranjero intervenga en los
asuntos internos de otro violando el Derecho internacional contenido en
una Carta de las Naciones Unidas que él como Estado miembro de la ONU
suscribió y prometió respetar? ¿Qué país del mundo viola la soberanía de
otro en razón de una discrepancia con su sistema de gobierno? ¿Hemos
visto a Corea del Norte o a China o a Irán haciendo lo mismo contra
quienes no comparten su visión política del mundo? Solo «the land of the
free and the home of the brave» hace eso.

El espíritu de las leyes cubanas

MIGRACIÓN

El embargo impuso la necesidad de establecer prioridades y asimismo las
restricciones que las hicieran valer. La fuga de cerebros, de talentos o
«migración altamente calificada» (MAC) es para Cuba lo que la «fuga de
capitales» es para el resto del mundo. La fuga de «capital intelectual»
constituye la fuga de «capital financiero» de Cuba. Dependiendo
únicamente del talento para producir todo aquello que el embargo le
impide obtener, se ve en la lamentable necesidad de retener
profesionales de envergadura (educadores, médicos y científicos en
general). Gracias a ello, sin embargo, hoy es el pueblo más educado de
la Tierra (supera a Escandinavia –Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia
e Islandia– en inversión en educación).

Contrario a lo que proclama la arrogancia que caracteriza al grueso
mayoritario de ignorantes (en especial a las clases cubana miamense y
anexionista colombiana) Cuba sobresale en el cumplimiento de los
derechos humanos (económicos, sociales y culturales). Educarse o
tratarse en Cuba no depende, como en Colombia, de la capacidad económica
del individuo sino de la sola realidad de ser un ser humano. Mientras en
Cuba los derechos humanos constituyen una garantía del Estado, en
Colombia son un privilegio.

Ningún otro pueblo de América y gran parte del mundo conoce y estima más
a sus héroes nacionales que el pueblo cubano. Una muestra de ello
apareció la semana pasada en las redes sociales cuando una federada
cubana presente en el discurso del presidente Barack Obama fue
entrevistada y, con el corazón en la mano y la voz quebrada, habló
distinguidamente del poeta y ensayista José Martí (apodado el «Apóstol»
de la revolución). En Colombia sabemos quién es Mickey Mouse y cuál es
la última fotografía de Kim Kardashian mientras ignoramos quiénes fueron
para Colombia Francisco de Miranda o Jorge Eliécer Gaitán y renegamos de
nuestro premio nobel de Literatura, pues vivimos abrazados con un adobo
sacrificial de embrutecida responsabilidad a la enajenación cultural que
la política de consumo estadounidense imparte. Tampoco el hambre y la
sed de nuestros niños nos alarman porque no vivimos bajo un régimen
comunista y, resulta que quienes viven bajo ese régimen (Cuba) o uno
similar (Ecuador, Bolivia) no presentan nuestros problemas y tampoco los
de Estados Unidos (racismo, enfermedad, narcotráfico).

LIBERTAD DE PRENSA

La libertad de expresión consiste (artículo 19 de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas) en la
posibilidad de publicar o expresar libremente información u opinión sin
ser amonestado en el proceso o como consecuencia de ello. En el marco de
esta definición podríamos decir que la libertad de prensa no existe en
Colombia tras la centena y media de periodistas asesinados a manos de la
persecución política del Estado desde 1977 hasta el presente, según la
Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) y los ciento cinco líderes
sociales asesinados solamente en el 2015, según el Centro de Recursos
para el Análisis de Conflictos (Cerac). De Cuba, en cambio, no se conoce
una sola ejecución extrajudicial desde la Presidencia de la Revolución
cubana en 1959 (como sí durante la dictadura militar de Fulgencio
Batista con el auspicio de Estados Unidos).

El gobierno cubano justifica su restricción a la libertad de prensa en
una razón que no les vendría mal a RCN y Caracol (o CNN) practicar:
impedir que los medios de comunicación masiva sean empleados contra la
soberanía del país o para la difusión de información manipulada o no
veraz. Aún, la restricción no nació de un arrebato de la revolución sino
tras la desinformación que padeció Cuba a voz de la radio pirata
estadounidense Swan durante la década del 60 una vez triunfara aquella.
A los fines de establecer control de la opinión pública Estados Unidos
se dedicó a decir que Fidel Alejandro y su Ejército Rebelde estarían
implantando un sistema de gobierno que conduciría a la represión y el
hambre y de ahí el puñado de emigrantes cubanos a Miami (EE.UU.) que en
Cuba no pudieron estar presentes para hacerse testigos de la mentira. Se
trató, empero, de la clase acomodada, es decir, de una clase social que
tras décadas de privilegios siente la igualdad social como una opresión.

Fue así cómo apareció –no de la nada ni sin justificación– la Ley 88 del
Código Penal que castiga el empleo del periodismo con propósitos iguales
o semejantes a los de la radio pirata Swan o de la Ley Helms Burton de 1996.

El cinismo

Un embargo «económico», «comercial» y «financiero» es, literalmente, una
tentativa de genocidio por la cual Estados Unidos jamás ha sido
enjuiciado ni lo será nunca. ¿Qué tiene entonces de «histórico» (como lo
calificó el diario nacional El Tiempo) la visita de Barack Obama a Cuba
cuando todavía sobrevive un embargo que, eso sí, Estados Unidos puede
suprimir de la noche a la mañana con el chasquido de los dedos? Barack
aún está por demostrarle al pueblo de Cuba a quien le expresó su cariño
y también al mundo al que vive prometiéndoselo que su voluntad de
suprimir el embargo es tan real como la resistencia y la reciedumbre de
carácter de ese pequeño pueblo en medio del Atlántico que en el siglo XX
logró lo imposible: resistir.

Una opción ejercida por Fidel Alejandro en representación de la moral
del pueblo cubano ha fungido de ejemplo para los países doblegados ante
el Consenso de Washington que han entregado su soberanía en el marco de
conductas serviles propias de un colonizado (¿Puerto Rico y Colombia?).
Me refiero a no haber cambiado (Fidel) un solo cheque de los que Tío Sam
(EE.UU.) le enviara por el uso de la base militar estadunidense en la
Bahía de Guantánamo establecida también arbitrariamente en el marco del
Derecho internacional (Convención de Viena sobre el Derecho de los
Tratados – Tratado cubano-estadounidense de 1903). Esto lo ha hecho
Estados Unidos para quedar bien con la opinión internacional (ONU): «Les
enviamos el pago por el uso de Guantánamo. Si se rehúsan a aceptarlo es
asunto suyo, no de nosotros. Cumplimos con hacer los pagos; es Fidel
quien no quiere que ese dinero pase como beneficio a su pueblo, que
gracias a él muere de hambre, pues esas son las garantías del comunismo:
hambruna y miseria».

¿Acaso no son esas las garantías (o pretensiones) de un embargo
económico, comercial y financiero como tentativa de genocidio a un
pueblo que se negó a ser su esclavo; el esclavo que solo pudo ser
durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959) con el
patrocinio de una potencia que ha apoyado (cuando no financiado) cada
una de las dictaduras de América Latina? También con el colmo del
cinismo reniegan de presos políticos en Cuba y otras naciones como si la
base militar de la Bahía de Guantánamo fuera una sede de la Cruz Roja y
no un centro penitenciario objeto de múltiples denuncias de tortura
sobre los prisioneros de guerra del Medio Oriente.

davidbustamantesegovia.blogspot.com

Source: Cuba, o la ignorancia crapulosa –
www.semana.com/opinion/articulo/david-bustamante-cuba-o-la-ignorancia-crapulosa/467194

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