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Homenaje inmerecido

Homenaje inmerecido
diciembre 29, 2015 1:42 pm

Boyeros, La Habana, Leonardo Calvo, (PD) Al punto de cumplir 95 años de
vida (21 de diciembre 1920) la mítica bailarina Alicia Alonso,
controvertido ícono de la cultura oficialista, las autoridades cubanas
premian su fidelidad más que su obra con un homenaje inédito en la Cuba
contemporánea

Hace pocas semanas, el Consejo de Estado, máximo órgano de decisión y
ejecución gubernamental determinó, según aclaró, con carácter
excepcional, dar al Gran Teatro de La Habana el nombre de Alicia Alonso.

Según refiere la nota informativa, la designación obedece al
reconocimiento a la trayectoria artística de la nonagenaria bailarina y
fundadora del Ballet Nacional de Cuba.

Considero innecesario decir que para los gobernantes cubanos el
reconocimiento a la obra o el talento pasa por la alineación y fidelidad
política del encartado.

En este caso, Alicia Martínez del Hoyo, quien tomó el apellido de su ex
esposo y cuñado Fernando y Alberto Alonso, ya fallecidos, excepcionales
bailarines, maestros y junto a ella fundadores de la compañía y Escuela
Nacional de Ballet, desde su regreso a Cuba en 1959 se convirtió en la
omnipotente e infalible dueña hegemónica de uno de los “feudos
revolucionarios” que han trascendido el tiempo.

Al igual que el comandante Eduardo Bernabé Ordaz en el hospital
psiquiátrico de La Habana, Aidee Santamaría en la Casa de las Américas,
el Dr. Rodrigo Álvarez Cambras en el Hospital Ortopédico “Frank País”,
Alfredo Guevara en el ICAIC, y en algún momento Eusebio Leal en el
Centro Histórico de La Habana, Alicia Alonso convirtió al ballet en
Cuba, siempre con la anuencia del poder, en su parcela personal, donde
los diseños artísticos, administrativos e incluso el destino de las
personas están definidos por sus criterios e intereses personales.

Es bueno aclarar que el alto liderazgo ha enfocado el culto a la
personalidad de manera más sutil y subliminal, nada de monumentos o
nombrar instituciones. Solo el estadio de beisbol de la pequeña
localidad de Jatibonico, en el centro del país, y por aclamación de sus
habitantes, llevó el nombre en vida de Genaro Melero, un humilde y
consagrado pelotero de la primera mitad del siglo pasado.

Cualquiera podría pensar que esta decisión sin precedentes del Consejo
de Estado obedece a la trayectoria de quien desde muy joven demostró
dotes excepcionales para la danza, enfrentó la adversidad de la pérdida
paulatina de la visión sin nunca bajar de los escenarios y ha sostenido
a la compañía cubana de ballet por varias décadas en dos siglos diferentes.

Alicia Alonso es reconocida como uno de los más grandes exponentes de la
danza clásica en el siglo XX, sin embargo en los años sesenta se alió al
poder, en los setenta dejó realmente de bailar a su reconocido nivel,
aunque lamentablemente, su desenfrenado egocentrismo no le permitió
bajar de los escenarios hasta entrados los noventa.

Con el monopolio que le garantizaba el respaldo oficial, creó la Escuela
Nacional de Ballet, en la cual se desarrollaron talentos que llegaron a
ser figuras mundialmente reconocidas como parte de una de las más
prestigiosas compañías del planeta. Sin embargo, Alicia Alonso, lejos de
desarrollar una compañía dinámica y conectada con las claves de la
modernidad, convirtió al BNC en una entidad anquilosada y conservadora,
la cual además se aleja totalmente de la esencia conceptual
universalmente asumida de lo que constituye un ballet nacional, en tanto
nada tiene que ver con las tradiciones y acervos culturales de la
nación. Esa compañía bien podría ser reconocida como el “Ballet Ruso de
La Habana” puesto que detenido en el tiempo, tiene poco de nacional, de
cubano.

La auto titulada Prima Ballerina Assoluta ha matizado su hegemonismo
incuestionable con el nepotismo y el racismo que han caracterizado al
enclave cultural que ha secuestrado `por varias décadas. Durante años,
su hija y su actual esposo han acaparado poderes e influencias en los
entornos de la danza clásica cubana. Son muchos los bailarines
afrodescendientes que han sufrido los desmanes de la ya nonagenaria
autócrata: desde el gran Jorge Lefevre (Ballet del siglo XX y Ballet
Royal de Vallonie) y Caridad Martínez, quien llegó a ser directora del
Ballet de Brooklyn, hasta el grupo de talentosos graduados de la ENB a
los que hace pocos años cerró las puertas de la compañía, componen la
larga lista de víctimas anónimas o reconocidas.

Capítulo aparte merece la gran estrella mundial de la danza Carlos
Acosta, graduado de la ENB, con una carrera excepcional en importantes
compañías como el Ballet de Houston en Estados Unidos o el Royal Ballet
de Londres, Gran Bretaña, quien a pesar de sus múltiples premios y haber
sido investido caballero del imperio Británico en el rango de Gran
Comendador, no cuenta con una sola fotografía en el Museo Nacional de la
Danza de la Habana.

Hace pocos años, como un regalo y deferencia con Carlos Acosta, el Royal
Ballet hizo la erogación millonaria de trasladar a Cuba toda la
compañía, con piso del escenario incluido, para ofrecer varias funciones
en La Habana, a pesar de lo cual ni la dirección del BNC ni las
autoridades culturales cubanas se molestaron en agasajar a la
prestigiosa compañía con al menos alguna condecoración significativa.

Cuando hace pocos años por fin Carlos Acosta recibió el Premio Nacional
de Danza que hacía tiempo merecía, la señora Alonso no se dignó a
presentarse en la ceremonia de entrega.

El desgaste e inviabilidad de un modelo que manipula e instrumentaliza
hasta los más caros valores y menosprecia al ser humano, ha destruido o
depreciado tantos valores económicos y culturales que un día fueron
orgullo de toda una nación. El BNC no es una excepción. Enfermo de
retraso y hegemonismo, la compañía no es ni la sombra de la que nos
deleitaba varias décadas atrás.

Tal vez la “gran diva” sea mucho más rica que cuando se alió al poder,
pero algo sí es seguro: la compañía es mucho más pobre y menos
prestigiosa que años atrás.
De hecho, son muchos los jóvenes bailarines que aprovechan las giras
para escapar, como esclavos en busca de mejores horizontes de vida y
trabajo.

No importa que de momento el poder pague a sus servidores con honores y
prebendas que, mezquino y soberbio, niega a tantos merecedores (Celia
Cruz, Bebo Valdés, Orlando “El Duque” Hernández o Guillermo Cabrera
Infante) por solo citar unos pocos. Por suerte el tiempo y la historia
colocará a cada cual en el lugar que merece.

montesinos3788@gmail.com; Leonardo Calvo
*Historiador y politólogo
Fragmento del cuadro de Cosme Proenza “Siempre Alicia” 2005

Source: Homenaje inmerecido | Primavera Digital –
primaveradigital.net/homenaje-inmerecido/

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