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Boletín de la música underground en Cuba 142016

Boletín de la música underground en Cuba
[14-01-2016 01:38:32]
PMU
Palamusicaunderground

(www.miscelaneasdecuba.net).- 1. Rivalidades, desunión…

Cómo se manifiesta la rivalidad y la “tiradera” entre los raperos cubanos

En la década de los noventa, exactamente la noche del 30 de noviembre de
1994, Tupac Shakur fue baleado en el vestíbulo de los estudios Quad, en
Nueva York, y posteriormente, el famoso rapero acusó del incidente a los
raperos Sean Combs (Puff Daddy) y Biggie Smalls. Luego, en 2011, un
preso admitió haber estado involucrado en este hecho bajo la
contratación de James Rosemond, propietario de Entretenimiento Zar.
Recordamos este penoso evento porque hizo que la tradicional rivalidad
entre los raperos de la Costa Este y los de la Costa Oeste de los
Estados Unidos se convirtiera en una auténtica guerra de bandas con
decenas de muertos y heridos. Sumando más controversia al rap, un género
musical ya de por sí por muy polémico desde sus inicios, por su
contenido revolucionario.

El hip hop es considerado una cultura y un modo de vida para muchos
artistas underground de todo el mundo, que además de su fricciones
sociales y políticas, justamente por la propia naturaleza vanguardista
del género, se ha visto caracterizada desde sus inicios, por violentos
sucesos por las rivalidades entre sus exponentes, que son el resultado
de la propia cultura nacida en la marginalidad que marca además, la
personalidad de los artistas. Dentro de esta cultura, el rap es un
género de carácter netamente urbano y contestatario, donde ha estado
concentrada la mayoría de esa fuerte rivalidad.

Para muchos, es normal que los raperos se tiren (1) unos a otros, porque
la reputación en el barrio, en la calle y en el escenario, es
fundamental para mantener el respeto entre sus rivales y sus seguidores.
Es cotidiano encontrar letras musicales que hacen alusión a otro artista
o contiene insultos contra otro rapero, un jaque mate al rival con una
frase puede coronarte como el mejor rapero. Generalmente, algunos
raperos, sobre todo los consolidados, creen ser mejores que los demás
artistas, y la fama y el dinero actúan como un factor que los aleja de
los verdaderos propósitos del género, convirtiéndolos en perennes
querellantes contra otros artistas. Detrás de esto, existe una industria
y un mercado que los incita y promueve, los medios amarillistas viven de
las disputas entre ellos, e incluso, muchos fomentan tensiones para
luego sacar provecho de estas controversias.

Esta situación convertida en usual dentro de la cultura hip hop, puede
ser la causa que un movimiento cultural nacido en la década de los 70
como respuesta a las condiciones de vida en los barrios marginales de
mayoría negra, que basó sus principios éticos en la utilización de su
cultura al servicio de la crítica social y política, hoy haya cambiado
drásticamente en su misión, fin y contenido. Actualmente, la mayoría de
los videos clips y las letras de las canciones de rap muestran odio,
sexo, violencia hacia la mujer, y ostentación económica. La industria ha
convertido a buena parte del rap en un lucrativo producto comercial, y a
los raperos en un negocio millonario, que en su evolución se ha
distanciado mucho de sus fundadores.

En Cuba, el movimiento, para suerte de los amantes del hip hop, sigue
siendo en su mayoría de exponentes y seguidores, netamente underground.
Abundan las producciones independientes, principalmente caseras, donde
aquellos que no acceden a discográficas nacionales o profesionales, se
mantienen leales a las directrices fundacionales del movimiento.
Igualmente, abundan las letras con contenido social que muestran las
condiciones de vida del barrio, las injusticias de todo tipo y critican
muchos temas sociales y políticos. Sin embargo, acá también los
“famosos” alimentan la discordia rivalizando entre ellos, con canciones
ofensivas que vienen y van, y que tal pareciera que en algún momento
emularan con la rivalidad norteamericana alcanzada en los años 90.
Desgraciadamente y espero no ofender a alguien, ese comportamiento se
repite muchas veces en los artistas de provincia, donde las fricciones
habitualmente obstaculizan las posibles colaboraciones que pueden
crearse entre ellos, que al final beneficiarían al género que es minoría
en algunas regiones del país.

Sería importante que todos reconocieran que el hip hop es una manera
poderosa de decir las verdades que afectan al entorno y sus habitantes,
esas verdades que la sociedad obvia o no quiere notar. Recordar que la
credibilidad del rapero no se basa en la cantidad de dinero que acumule
o la fama que tenga, sino en su ética musical y social, en su talento
artístico y en su comportamiento como artista. Sería importante recordar
también, sobre todo a muchos artistas, que esta cultura ha sido capaz de
movilizar pueblos, de cambiar modos de pensar, de abrir los ojos, y por
tanto es protagonista de una noble misión social.

El hip hop y sus manifestaciones más importantes como la producción del
DJ que por excelencia acompaña al MC mientras interpreta los cortes
musicales; el break dance y el grafiti que completan este complejo
entramado cultural, pueden aportar más, ya sea social o político,
principalmente en nuestro país. Y eso ya lo vislumbraron importantes
artistas del género como Afrika Bambaataa y el rapero KRS-One, quienes
idearon unificar en un solo movimiento artístico y cultural los cuatro
pilares del hip hop: DJ, MC, break dance y grafiti, para seguir
combatiendo los males sociales de su época utilizando este arte para
hacer una revolución contra quienes los oprimían y no los tomaban en
cuenta como ciudadanos con plenos derechos civiles y humanos. Ellos,
como muchos todavía, creían en el hip hop como una cultura
revolucionaria, la herramienta ideal para cambiar las conciencias y las
sociedades para mejor, alejándolas de la maldad, el racismo y la
discriminación, la violencia, la marginalidad. Sería bueno que algunos
que insisten en malgastar su talento en la tiradera, recapaciten y no
dejen que las ideas originales del hip hop cambien, que regresen a los
ideales de respeto y amor que siempre primaron en esta cultura.

(1) De tiradera o tiraera, en español. Beef, plex o diss song, en
inglés. Término dentro de la cultura hip hop usado para nombrar una
pelea o controversia entre dos raperos rivalizados, donde cada uno
difama y se enfrenta al otro mediante canciones de contenido agresivo.

2. Un discurso femenino, más allá del feminismo

Un análisis de los mensajes de las artistas underground femeninas

La mayoría de las veces cuando escuchamos el término discurso, pensamos
en las frases, la oratoria o en este caso, en las letras que componen e
interpretan nuestros artistas underground. No obstante, el discurso al
que quisiera referirme es más que la simple forma o palabras que adornan
un pronunciamiento, del tipo que sea, sino ese otro al que apelan los
estudiosos de las sociedades humanas, ese que incluye el accionar y las
diversas expresiones y formas de lucha de los grupos, sectores o
estamentos sociales.

Este concepto complejo, aportado por el historiador, teórico social y
filósofo francés Michel Foucault, va más allá de los aspectos
lingüísticos, y pretende entender el discurso de cualquier grupo social
o movimiento: “como juegos estratégicos de acción y reacción, de
preguntas y respuestas, de dominación y evasión, así como de lucha”. En
ese sentido me gustaría analizar el discurso de nuestras creadoras
underground y no solo en el camino de la lucha feminista, aunque
evidentemente esta forme parte del todo.

Primero, sería saludable no absolutizar con respecto a las diferencias
entre el discurso de las mujeres y los hombres que integran el panorama
underground. Pues hace unos pocos días conversaba al respecto con el
cantautor pinareño Julio, y este, al igual que otros músicos
consultados, advertía la ausencia de grandes contrastes entre lo que
cantan sus colegas femeninas y lo que cantan los hombres de su mismo
ambiente musical. Las cantautoras femeninas que han estado muy cerca de
la trova cubana, de la poesía de Silvio o Pablo, han andado por rumbos
tan parecidos que las diferencias entre su discurso y el de sus colegas
masculinos apenas podrían notarse.

Y es que las preocupaciones, reacciones y lucha de nuestras creadoras,
están sujetas a tantos aspectos como: las preferencias musicales, las
inquietudes sociales de su medio, formación musical, estrato o sector
social de donde provienen, el barrio donde se criaron, e incluso, la
funcionalidad de sus respectivas familias. Por eso prefiero no
generalizar y mucho menos, dar por sentado que el discurso de nuestras
artistas underground es muy diferente al de los hombres, sino más bien
que los matices siempre estarán presentes y son apreciables, incluso
entre ellas mismas.

Por ejemplo, nuestras cantautoras femeninas raperas son quizá las que
mayormente han establecido tal diferencia y por muchos factores que han
intervenido al unísono. Uno de ellos es, por supuesto, la lucha por
insertarse en un medio y género musical dominado históricamente por los
hombres, con una gestualidad de lucha que poco tiene que ver con los
estereotipos de feminidad y también por qué no, porque muchas de ellas
han tenido que imponerse en sus propios barrios. Una de ellas es La
Fina, conocida rapera del barrio de Buena Vista ubicado en la capital de
la Isla, al cual incluso dedica uno de sus temas. Esa lucha por la
equidad de géneros ha llegado al proyecto Somos mucho más, que ella
lidera, pero como su propio nombre lo indica, allí hay más que solo
lucha de las mujeres por establecerse.

Muy bien ubicada como parte de este gran grupo está Luz de Cuba, que
pone énfasis en otros problemas. La veterana, cuya niñez estuvo marcada
por el respeto al fuerte sincretismo religioso que caracteriza a nuestra
sociedad, se lanzó al mundo de la poesía hablada con una canción
dedicada a sus antepasados y que tituló “Egungun”, que en yoruba es Egun
o muerto. En sus presentaciones hace uso del shekeré como
instrumento-deidad que respeta y honra, poniendo ante todo, el
compromiso con su idiosincrasia y su propia historia familiar.

Otro caso sería el de Laura, cantante de La AKDmia que ha preferido
cantarle al amor e incursionar en el reggae, también acogido
fundamentalmente por los hombres. En su caso no ha hecho énfasis en el
aspecto religioso de la cultura rastafari, sino en un trabajo musical,
fundamentalmente vocal, condicionado en este sentido por su propia
formación académica en escuelas de música.

Las mujeres del movimiento musical underground en Cuba han adoptado
posturas de lucha ante disímiles preocupaciones y optado por diferentes
formas y modos de llevar esa lucha. Algunas como Diana Rodríguez,
directora del proyecto cienfueguero Collage, permanece al frente de un
grupo mayoritariamente de hombres, que defienden y han logrado la
estabilidad de un espacio tan importante como EndoJazz para el
desarrollo de la música alternativa. Mientras que otras como Yane,
representante de la agrupación Obscuro, constituye una pieza clave para
la continuidad y desarrollo de la escena metalera en Ciego de Ávila,
región del centro-oriente de Cuba.

Viendo al mundo como una representación, interpretando según sus
vivencias, valores, gestualidad, religiosidad, grupo social, género
musical, liderazgo, región y tantas otras condicionantes, cada una de
ellas ha ido representándose un mundo diferente y por eso cada una le
canta distinto y a su semejanza. En ese sentido, el discurso de las
creadoras y activistas underground cubanas es, primero que todo, diverso
en sí mismo.

3. Julio Rodríguez, un cantautor pinareño en Trinidad (I Parte)

El músico lleva consigo sus talentos y creaciones, nutriendo la
identidad trinitaria y cubana

Julio Rodríguez, como prefiere que lo llamen artísticamente, es un
músico pinareño que se trasladó hasta Trinidad y ya está posicionado en
el mundo underground como uno de los talentos más apreciados de la
pintoresca ciudad. Hace aproximadamente un año lo entrevistamos para PMU
en su natal Pinar del Río, pero en ese entonces no sospechaba cuánto iba
a suceder en su trayectoria como músico independiente. Hoy, en esta
entrevista, los ponemos al día de su quehacer en los últimos nueve meses.

PMU: ¿Con qué intención llegaste a Trinidad y qué hiciste en esos
primeros meses?

Julio: Cuando llegué a Trinidad ya tenía un trabajo junto a unos amigos
de Pinar del Río que hacíamos música tradicional cubana y teníamos un
proyecto llamado Blanco y Negro. Allí siempre intentamos fusionar el son
con el reggae o con la cumbia, estábamos haciendo un trabajo interesante
con la música cubana. Después, ellos retornaron a Pinar y yo me quedé
aquí en Trinidad, pues ya tenía la propuesta de trabajo de Alaguema.

PMU: Alaguema, tengo entendido, es un proyecto diferente que se presenta
fundamentalmente en un restaurante particular. ¿Qué tipo de música trabajan?

Julio: Nosotros en Alaguema hacemos casi de todo. Somos cinco: guitarra
eléctrica, bajo, percusión, guitarra acústica y voz. Somos también
underground, pues la banda no está inscrita en el Centro de la Música y
todos, excepto el director, somos aficionados. Casi todos los temas son
temas propios del director y míos. También incluimos canciones de la
novísima trova, de David Torrens, de Diana Fuentes, Carlos Varela, o de
autores extranjeros como Fito Páez.

Alaguema ya existía hace unos tres años. La agrupación tiene un demo ya
grabado de manera independiente que se titula así mismo, Alaguema, y que
incluye ocho canciones. Casi todas creadas por el director porque yo
llegué después de que se hiciera el disco. Entonces, lo que hemos hecho
es remezclar las mismas canciones y hacer arreglos a las voces. Llevo ya
nueve meses en este proyecto, casi desde que llegué a Trinidad.

PMU: Julio, ¿cómo encuentras tiempo para hacer tus propias canciones,
esas que no cantas en Alaguema?

Julio: Los artistas underground de Trinidad no tenemos mucho tiempo para
la creación o presentaciones propias. Incluso, como músico puede haber
involución porque en muchas paladares particulares lo que se hace es
básicamente tocar estándares conocidos de la música cubana. No obstante,
siempre me las arreglo para componer. Tengo alrededor de 140 canciones,
todas propias, muchas nacieron en el último año.

PMU: ¿Y la discografía cómo va?

Julio: Hasta ahora tengo un demo de solo 4 canciones, pero ya estoy
preparando un nuevo disco, que por supuesto, deberá grabarse en un
estudio independiente. Pretendo que sea un disco a guitarra y voz, a la
antigua, como los cantautores Pablo y Silvio. Es una manera de
expresarse con más profundidad y la gente se concentra mucho más en el
trabajo guitarrístico y vocal.

Quiero hacer canciones para escuchar, y quisiera que la gente se
concentrara más en lo que voy a decir, en la lírica. Debo incluir el
tema “Mariposa” que le hice a mi madre, y otros de reggae en los que
vengo trabajando hace algún tiempo. También estarán algunos temas
sociales porque estos siempre le interesan a los cantautores, y por ahí
iría el trabajo.

PMU: Hablando de esos temas sociales, ¿cómo serían?, ¿contarías
historias?, ¿cuáles o de qué manera prefieres hacerlo?

Julio: Me interesa hablar de cómo somos los cubanos, cómo se están
viviendo los tiempos y cómo el cubano es capaz, incluso cuando la cosa
está muy mala, de salir adelante con una gran sonrisa, de estar feliz y
trasmitirle a los demás esa felicidad. Me gusta mucho contar cómo el
cubano es capaz de compartir, incluso lo que no tiene, y cómo eso nos
marca, nos hace ser únicos en el mundo. Esas son las cosas que me gusta
tocar como cantautor. Con el ánimo de ver, más que todo, los puntos
positivos de la sociedad cubana.

Observando críticamente su propio trabajo y la sociedad misma, Julio
Rodríguez es un ejemplo del sacrificio que acompaña a muchos músicos
cubanos. Hoy la emigración interna es un fenómeno presente y fundamental
a tener en cuenta en el desarrollo de la cultura. Hacia La Habana, Santa
Clara y Trinidad, se mueven artistas provenientes de todos los rincones
de la isla. En la última de estas ciudades se ha hecho constante dicha
afluencia. Hasta allí llegan artistas, sobre todo underground, que se
trasladan en busca de mejoras económicas. Ocurre que esos cantantes y
agrupaciones llevan consigo sus talentos y creaciones, nutriendo la
identidad trinitaria y cubana.

Sobre otros interesantes temas y definiciones aportadas por Julio,
versará la segunda parte de este trabajo que esperamos los hagan
reflexionar acerca de las vicisitudes de los músicos underground que,
pese a un medio hostil para el desarrollo profesional, siguen creciéndose.

4. Julio Rodríguez: un cantautor pinareño en Trinidad (Parte II)
Julio nos pinta un panorama del underground trinitario

5. DJ Resident: curando cuerpos, curando almas
La historia de un ortopédico camagüeyano que es artista underground

6. Escencia Rem: eternos inconformes
Con una marcada influencia de ritmos foráneos, la agrupación se
distingue por la profundidad de sus temas

7. Esto es moña y Más… beats y más
Eduardo Más lo que quiere es “Moña”

8. De amor y otros demonios: conversando con Frank
Las musas de Frank Arozarena son underground

9. La diva de Manzanillo
De cómo Lidia Esther se sobrepone a todas sus desgracias y enfermedades
para cantar

10. Un músico… con psicología
Miguel Suarez: un representante de la psicología de la música underground

11. Crítica del disco Fabricando Tornillos de Gatillo
Calificación: 4 / 5

12. Crítica del disco Sadism & Necrofuck: The Gore Encyclopedia de
Jeffrey Dahmer
Calificación: 3.5 / 5

13. La cartelera

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Source: Boletín de la música underground en Cuba – Misceláneas de Cuba –
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