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Derechos humanos – ¿Los hay falsos?

Derechos humanos: ¿Los hay falsos?
YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 27 Oct 2015 – 11:33 am.

Nuestros periodistas oficiales están tan ocupados en informarnos sobre
las violaciones a los ddhh en EEUU, que han olvidado informar de los que
se violan en Cuba.

Hasta el viernes 23 de octubre pensaba que los derechos humanos eran
fuente de conflicto y objeto de manipulación, que son pretexto,
paradójicamente, para muchas violaciones. Pero no se me habría ocurrido
que algunos de estos derechos pudieran ser verdaderos y otros no. Sin
embargo, eso es lo que parece decirnos el título del artículo del
periodista Elson Concepción Pérez, publicado en el Granma de este último
viernes: “Derechos Humanos: ¿Cuáles son los verdaderos?”

Hay que admitir que es un título con gancho. Enseguida una se pregunta
si resulta que algunos de los derechos recogidos en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas son falsos. Y
claro, hay que leer el texto para conocer la respuesta, al menos desde
el punto de vista del periodista.

Elson Concepción cita ejemplos de cómo los derechos humanos se han
utilizado para justificar masacres: el bombardeo y desintegración de la
ex República Federativa de Yugoslavia por tropas de EEUU y la OTAN; la
invasión a Irak, los encarcelamientos en Abu Grahib y en la ilegal base
de Guantánamo, Cuba; la invasión a Afganistán y la muerte del presidente
de Libia.

También está el hecho que Elson Concepción califica de insólito, y
coincido, de que Estados Unidos sea el único país del mundo que no se ha
adherido a la Convención de la ONU sobre Derechos del Niño, “el
principal derecho dentro de todos los existentes”. Y se refiere entonces
a la situación en que viven millones de niños en el país más rico del
mundo, donde uno de cada seis niños vive en la pobreza. “Estados Unidos
ocupa los últimos lugares con respecto a la pobreza infantil relativa,
la brecha entre ricos y pobres, partos de madres adolescentes, bajo peso
al nacer, niños víctimas de la violencia armada y el número de menores
de edad en la cárcel.”

Por supuesto, una vez descrita la realidad de Estados Unidos (basada en
datos de la Agencia IPS) es necesario compararla con la de los cubanos,
porque si no, qué sentido tiene el análisis anterior. “¿Qué decir en
cuanto a que Cuba garantiza educación de calidad y gratuita para todos
sus ciudadanos; salud de calidad y gratuita para el 100% de los
habitantes; seguridad social para todos?”

Es innegable que la educación y la salud en Cuba están al alcance de
todos (aunque en algún momento se haya expulsado a personas de la
Universidad por su orientación sexual o sus creencias religiosas).
Hablar de la calidad en ambos sectores es más complicado, porque esta ha
ido disminuyendo por año. Para afirmar que es gratuita, hay que
preguntarse entonces cómo se financia. Si no la pagamos los ciudadanos,
de alguna forma, quién lo hace. ¿El presidente, el Partido, el Comité
Central? ¿O habrá una relación entre los bajos salarios, los gravámenes
a las remesas, los altos precios en las tiendas recaudadoras de divisas,
y el cubrimiento de los servicios de educación y salud? Sin contar que
el sector privado está pagando impuestos. Sin embargo, repito que es un
gran logro que la educación y la salud estén al alcance de todos.

Pero a estas alturas del artículo, ya sabemos cuáles son los derechos
humanos verdaderos, al menos en opinión de Elson Concepción: los
derechos del niño, el derecho a la educación, a la salud, a la seguridad
social. Derechos como la libertad de prensa, de expresión, de
asociación, por los que Cuba es cuestionada, ni siquiera se mencionan en
el texto. Por tanto, no son verdaderos. Por tanto, se pueden violar. Se
puede reprimir y encarcelar a los opositores y activistas políticos.

Me pregunto si el mensaje del artículo es que los cubanos debemos
conformarnos con los derechos humanos “verdaderos”; que debemos
sentirnos incluso afortunados porque en otros países, específicamente en
Estados Unidos, es peor.

En vez de intentar demostrar que en Cuba se respetan las libertades
civiles y políticas agrupadas en los derechos humanos de primera
generación, nuestros periodistas oficiales optan por desviar la atención
hacia lo que ocurre en Estados Unidos. Y lo peor es que funciona, que ha
funcionado por años.

En varios intentos de conversar sobre política con personas que apoyan
al Gobierno, sus argumentos son: “mira cómo viven los pobres en Estados
Unidos”, “mira lo que hicieron los Estados Unidos en Afganistán”, “mira
cómo matan a los negros en Estados Unidos”.

Y todo es cierto. Es cierto que Estados Unidos invadió Afganistán e
Irak, que los soldados norteamericanos han cometido atrocidades contra
la población civil, que las bombas han matado mujeres y niños. Es cierto
que cuando lees las noticias de afronorteamericanos víctimas de la
violencia y el racismo policial, el racismo que existe en Cuba te llega
a parecer un niño de teta. Pero si te lo llega a parecer ya caíste en la
trampa.

La pregunta no es qué ocurre en Estados Unidos, cómo viven (o mueren)
los niños, cuánta pobreza hay, cuántos negros han sido asesinados y
cuántos más lo serán. Y no se trata de falta de sensibilidad ante esas
noticias; no se trata de que no nos afecten. Tampoco deja de afectarnos
la situación de esos emigrantes que arriesgan la vida para llegar a
Europa, conscientes de que quizás no lo logren, y de que si lo logran
les toca, en el mejor de los casos, sufrir discriminación y xenofobia en
los nuevos países. La pregunta real es qué tiene que ver todo eso con lo
que ocurre en Cuba.

Qué tienen que ver los partos de madres adolescentes en Estados Unidos
con la represión a las Damas de Blanco aquí. Qué tiene que ver el número
de menores de edad en cárceles norteamericanas con que al director Juan
Carlos Cremata le hayan prohibido hacer teatro en Cuba.

Cuando vemos que a los escritores Antón Arrufat y Eduardo Heras León les
han otorgado el Premio Nacional de Literatura, y que el último recibió
un homenaje recientemente, parece que el silencio a que estuvieron
condenados en su momento, fue solo un error del pasado. Pero ahora se
repite con Juan Carlos Cremata. ¿Será que en 30 o 40 años lo van a
distinguir con el Premio Nacional de Teatro?

Nuestros periodistas oficiales están tan ocupados en informarnos sobre
las violaciones de los derechos humanos en EEUU que han olvidado
informar de los que se violan en este. Están tan ocupados en difamar a
disidentes, opositores y activistas, que no han tenido tiempo de
entrevistar a uno solo, de darle el derecho a réplica, la oportunidad de
defender sus propias convicciones.

Source: Derechos humanos: ¿Los hay falsos? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1445896562_17737.html

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