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Ángel Santiesteban, siempre un adversario

Ángel Santiesteban, siempre un adversario
YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 26 Sep 2015 – 10:53 am.

El cuentista y novelista ha salido en libertad condicional para sumarse
como jefe de prensa al Foro por los Derechos Humanos y reescribir una
novela que perdió.

Vi por última vez al escritor Ángel Santiesteban a principios del 2012,
durante un Estado de Sats, en la casa del activista Antonio Rodiles.
Había leído sus libros Los hijos que nadie quiso (Premio Alejo
Carpentier 2001) y Dichosos los que lloran (Premio Casa de las Américas
2006). Aunque no había podido leer su blog, bautizado como su primer
libro, sabía que a estos “hijos” tampoco los quería nadie, y le habían
valido un brazo roto y otras pequeñas atenciones de la Seguridad del
Estado. Ignoraba que Santiesteban ya estaba involucrado en un proceso
penal por violación de domicilio y lesiones, en el que sería sentenciado
a 5 años de privación de libertad. El 17 de julio de 2015 le otorgaron
una libertad condicional que describe como chantaje. Desde entonces, me
pregunto si podrá volver a publicar en Cuba. La respuesta parece obvia,
pero prefiero escucharla de él.

Santiesteban vive temporalmente en la casa de Rodiles y ahí me recibe.
Lo encuentro más delgado que hace tres años, pero igual de dispuesto a
conversar.

¿Por qué es chantaje su condicional? ¿Qué sería “portarse bien”?

Quieren que me aleje de la disidencia. Me lo dijeron claramente. Cuando
me sacaban del asentamiento para llevarme a Villa Marista decían que no
me darían la condicional porque iría para Santa Rita. Me tocaba en abril
y me hicieron lo que acaban de hacerle a El Sexto. Nos hicieron decir a
la familia que saldríamos y no sucedió. Mi hija estuvo deprimida tres
días; mi hijo se encerró en la casa sin dejar entrar a la madre. Tuve
que hablarle por teléfono. Luego, el oficial negó haberme dicho que saldría.

Me tocaba otra vez en agosto, y ya me habían advertido que me la
negarían. Pero coincidieron varias circunstancias. Una carta de
Reporteros sin Fronteras pidiendo mi liberación traída por el Ministro
de Relaciones Exteriores de Alemania , el golpe que le partió el tabique
a Rodiles y la apertura de la Embajada de EEUU en La Habana.

¿Alguna advertencia sobre acercarse a la madre de su hijo, cuyo
domicilio supuestamente violó y a quien provocó lesiones?

Nada. De eso solo hablaron en 2008.

Cuando me detuvieron en Santa Rita, dijeron que mi condicional estaba
revocada. Quisieron que firmara un acta de advertencia, pero me negué.
Portarme bien sería no manifestarme con respecto a ninguna injusticia.

Pero va a las manifestaciones de las Damas de Blanco…

Siento un agradecimiento y una necesidad enorme de ir. Ellos me
amenazan, pero creo que las circunstancias no les permiten cometer una
injusticia conmigo. Antes de salir de la cárcel, dije que me guardaran
la cama. Algunos se rieron, pero yo estoy preparado para regresar a
prisión en algún momento, porque de Cuba no me iré.

Estuvo con presos comunes…

Y políticos. Los tienen con presos comunes. A mí también, pero con
tratamiento de preso político. Prisiones me cuidaba, pero yo era
propiedad del 21, la Seguridad del Estado. Si me enfermaba, para
llevarme al hospital, tenían que avisar al 21, y ellos autorizaban
sacarme; para salir al teléfono, que me tocaba cada tres días, había que
avisar al 21.

Al final, este año me tuvieron en una especie de celda, pero con
ventanas. Ahí me llevaban la comida, tenía un buró, televisor. No era
una celda, pero tenía el rigor de la celda, había un guardia en la
puerta para mí.

Cuando me llevaron al hospital por dengue, la doctora me preguntó qué
había hecho. Le dije que matar una familia y comerme a los niños. Pero
luego le dije la verdad: “pensar diferente”. Respondió: “Eso es peor que
comerse los niños”.

Sobre los presos, cuenta que ha estado con criminales de todo tipo.

Un pederasta reincidente, un traficante internacional de personas, un
asesino que dormía al lado mío, uno de robo con violencia que dormía
arriba de mí, otro asesino… Esperas encontrar los peores seres humanos y
no es así. Son personas que aman, leen, tienen buenas acciones… En
general me admiraban, me respetaban, me cuidaban. Ven a uno como una
carta de defensa. Delante de uno no golpean a los presos comunes, no hay
malas palabras. Mis compañeros de galera me decían: “Voy a hablar con el
oficial, pero necesito que estés cerca, para que me trate de otra manera”.

Usted ha denunciado el uso de los presos como mano de obra esclava, pero
su manutención le cuesta al Estado. No están ahí con vacaciones
pagadas, por méritos, sino cumpliendo sanción (no hablo de culpables o
inocentes). ¿No es lógico que trabajen?

Creo que sí. Ellos lo agradecen. Pero se trata de la forma y las
condiciones de trabajo. No reciben beneficio, y tienen hijos, madres
ancianas, esposas. Hacen los peores trabajos: soldadores, albañiles,
estibadores. No les dan botas, caretas para soldar, fajas para cargar peso.

Los vi bajar siete u ocho camiones de cemento en un día, con el guardia
vigilando. No pueden ir al baño ni a tomar agua, porque los guardias
piensan que están evadiendo el trabajo; por eso pueden trasladarte a una
prisión peor.

A uno le cayó una viga en un pie y lo obligaron a seguir trabajando,
porque en la galera no puede quedarse nadie. El único autorizado a
quedarse era yo.

Al principio, el teniente coronel Quintana quiso obligarme a trabajar.
Le dije que tenía mi propio trabajo, escritor; si debía estar preso,
aprovecharía el tiempo al máximo. No había pedido estar allí y podían
mandarme al Combinado del Este. Nunca comí comida de la prisión. Vivía
de lo que mi familia me llevaba. En la 1580, donde era una visita
mensual y no podías entrar la comida que sobraba, vivía de mi saco. A
las 12 del día me tomaba una leche con galletas; a las seis de la tarde
me hacía una sopa con el calentador y me la comía con tostadas. Así
estuve cuatro meses y medio.

Tampoco acepté la medicina militar. Cuando enfermé de dengue, estuve
cinco días negado a recibir un médico militar y entonces me llevaron a
la Covadonga. El diagnóstico es que no puedo coger dengue de nuevo,
porque mi vida peligra.

¿Pero qué pasará con su carrera literaria? Asegura tener más que contar,
ser más sensible. Usted ha escrito: “La prisión, lejos de endurecerme me
hizo más humano”. ¿Podrá publicar otra vez en Cuba?

He sido borrado de todas las listas blancas del sistema. Solo estoy en
las negras.

Empezará a salir un programa de televisión que se llama Hoja blanca, o
algo así. La asesora habló de invitarme, y también a Tania Bruguera. Yo
aún estaba preso, Tania me contó que la llamaron y pensó que era broma.
Supe, por otras vías, que se valoró invitarla, quizás por ingenuidad de
la asesora o porque no le interesaban sus ideas políticas, sino su obra.
Cuando el director lo supo, le echó un responso y agregó: “Y ahora está
en la calle Ángel Santiesteban, ni se les ocurra invitarlo”.

¿Y la UNEAC?

Aún soy miembro, no sé por qué no me han expulsado. Estoy haciendo una
carta para renunciar. Es una entidad intelectual-política; en ninguna
circunstancia es una ONG. Se pliega totalmente al mandato político del
Partido, y así son designados sus dirigentes. Tienen que estar con el
sistema, sin titubeos. Como soy un intelectual contrario a la dictadura,
debían haberme expulsado, teniendo en cuenta las palabras de Fidel
Castro: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

Pero Ernesto Pérez Chang y Orlando Luis Pardo Lazo, antes de salir de
Cuba, eran miembros de la UNEAC. Polina Martínez Shvietsova, periodista
independiente, también.

No han querido aplicar esa política, aunque en la práctica no te
consideren miembro de la UNEAC, porque no te van a invitar a actividades.

Hablamos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, no de la Unión de
Escritores y Artistas pro gobierno, o pro Partido. ¿No piensa que si los
intelectuales disidentes se retiran, la dejan totalmente en manos
oficialistas y se pierde la posibilidad de mover ideas diferentes, que
las de los disidentes lleguen a un congreso? ¿No están entregando la
organización?

Creo que está entregada ya, y nunca fue ni será posible que los
disidentes lleven alguna idea a un congreso. Está preparado desde la base.

Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, envió a la jurídica de la UNEAC y
al poeta Alex Pausides a mi juicio. Al final del juicio, ambos dijeron,
frente a mi familia y abogado, que yo no era sancionable ni debía
preocuparme. Cuando me sancionaron, dijeron que era inadmisible. Luego
hicieron silencio; ya la orden, que es de Abel Prieto, estaba dada:
“Ignoren a este hombre que es contrarrevolucionario y la UNEAC no puede
hacer nada con él”.

Más injusto es lo que acaba de suceder con Juan Carlos Cremata, que no
es disidente, sino un director de teatro crítico. Puso una obra un fin
de semana, y se la censuraron. Le pasaron un documento según el cuál no
tendrá espacio legal para hacer más teatro en Cuba. Él publicó la carta
en internet. La UNEAC ha hecho silencio.

Muchos escritores dicen lo que tú, que es dejarles el espacio, que me
boten ellos…, pero siento repugnancia conmigo por estar ahí. Muchos que
eran mis amigos, y huyeron cuando entré en la disidencia, son más
contrarios al sistema que yo, pero están ahí.

Santiesteban solo viajó fuera con dinero del Estado en el 2001, a
Guadalajara. Era una de las condiciones del Premio Alejo Carpentier.
Pero no se dejó entrevistar para el programa televisivo Entre libros,
porque estaba seguro de que no pondrían todo lo que dijera. Cuando
obtuvo el Premio Casa en 2006, se dejó entrevistar y fue como había
esperado. Fue como esperaba, llenaron el programa con otros temas para
no dejarlo hablar.

¿Por qué abrió un blog?

Abrí el blog para tener un espacio cultural crítico, no político. Le
pedí a Iroel Sánchez un espacio en Cubaliteraria. Preguntó sobre qué
era; cuando expliqué que trataría temas culturales y sociales desde mi
punto de vista, dijo no tener suficiente ancho de banda. Quienes hacen
ahora Diario de Cuba, que entonces hacían Encuentro en la Red, me
ofrecieron un espacio, sin preguntarme nada.

Cuando Amir Valle le comunicó que se enfrentaría al sistema, usted
consideraba que el deber de los artistas era luchar desde el arte. ¿Cómo
cambió?

Creo que me fui desarrollándome como persona social y como intelectual.

Recibí el ataque gubernamental cuando denuncié lo sucedido a los
intelectuales (Antón Arrufat, Jorge Ángel Pérez, Laydi Fernández, y
otros) enviados a la Feria de México. El Gobierno cubano debía pagarles
pasaje o estancia. Escogió pagar la estancia, pero los envió sin dinero.
Escribí una entrada en mi blog criticando que expusieran a esos
intelectuales a pedir limosnas. Mi texto era en defensa de ellos, aunque
algunos escribieron que habían pasado días maravillosos allí. Los otros
callaron.

Me cogí el problema porque cualquier injusticia es mi problema, como lo
que ocurre con Cremata, aunque en su momento no dijo nada sobre la
injusticia contra mí. Mi problema no será suyo, pero el suyo es mío.
Víctor Fowler firmó aquella carta contra mí en la UNEAC, pero me
solidaricé con él cuando ese asunto de racismo en la Lonja del Comercio.

Esa entrada de su blog sobre los intelectuales provocó la respuesta de
una funcionaria del Instituto Cubano del Libro (ICL), el cierre de su
cuenta de correo electrónico en el servidor Cubarte y la fractura de su
brazo por parte de un agente de Seguridad del Estado.

Creo que ellos aceleraron mi desarrollo con su mala política y su
extremismo.

Supongamos que Iroel Sánchez hubiera colgado su blog en Cubaliteraria y
usted hubiese podido escribir sus cosas, sin problemas. ¿Cree que habría
desembocado en lo que es hoy?

Pienso que sí; es un problema de sentimientos. Aunque me hubiesen
permitido todo, la fractura del tabique a Antonio Rodiles, lo sucedido a
Cremata y a otros… Siempre hubieran tenido en mí un adversario.

Usted estuvo recluido a los 17 años, experiencia reflejada en su libro
Los hijos que nadie quiso y Dichosos los que lloran. Acompañó a su
familia, que se iba ilegalmente del país, a la costa. A todos les dieron
diez años de prisión. El cargo contra usted era encubrimiento, que no
existía entre hermanos y fue absuelto el día del juicio, tras 14 meses
preso esperando a ser juzgado. ¿Qué piensa de las prisiones cubanas 30
años después? ¿Mejores, peores?

Creo que han mejorado. Entonces, ni presos ni familiares tenían
derechos. Ni sabíamos que teníamos derechos. Nuestros familiares podían
encontrarnos golpeados y no podían exigir nada. Ahora, sabemos que si
violan nuestros derechos, están violando leyes internacionales.

No puedo hablar de todas las prisiones en Cuba, solo de donde estuve.
Aprendí que cuando veía a alguien sin los dientes frontales, había
estado en Santa Clara y le habían aplicado la bicicleta. Te esposan las
manos a la espalda, te ponen el bastón detrás de manera que te hacen
inclinar el cuerpo, y te tiran por una escalera hacia abajo. También lo
están haciendo en el Combinado del Este.

La semana pasada, José Daniel Ferrer trajo una foto de un civil que
detuvieron y golpearon con las tonfas en las nalgas. Decían que tendría
vergüenza de mostrarlas, pero el hombre dejó que se las fotografiaran.
Hay marcas rojas, negras, verdes, azules. Se ve todo, menos el color de
él. ¿Qué puede esperar un preso?

Un teniente coronel de apellido Mediaceja mató a un joven en la cárcel
de un golpe, y luego hizo aparecer que se había colgado. Lo denuncié en
una entrada de mi blog, con el nombre del joven. Cuando conocí a
Mediaceja era mayor. La medida fue rebajarle un grado.

Me dijo que lleva mes y medio sin escribir, dedicado solo al activismo.
¿No teme relegar su carrera literaria? ¿No siente que ahora tiene que
responder a las expectativas de la disidencia?

No voy a negarte que me quita el sueño. Debo responder a esas
expectativas, pero también a las de mis lectores. Debo ser suficiente
para hacer ambas cosas. Honestamente, hasta ahora, con el foro, no he
podido escribir, ni una entrada del blog, que requiere menos tiempo que
la literatura. Estoy durmiendo cinco horas diarias. Debo estudiar hasta
tarde, preparar cosas. En el Foro por los Derechos Humanos, que integran
las Damas de Blanco y grupos de oposición, soy Jefe de Prensa.

Pero ese trabajo no llega al cubano de a pie, muchos sin acceso a
internet aún. A ustedes, y también a los periodistas independientes, los
leen más afuera que en Cuba. Para muchos cubanos usted no existe, en el
mejor de los casos. En el peor, es un tipo que golpeó a una mujer y
además, contrarrevolucionario.

Cualquier porciento de cubanos a que lleguemos es más que nada. La gente
tiene miedo, pero saben cada vez más. Hace poco un amigo compró
calandracas y en la conversación con el vendedor salió mi nombre; el
hombre quiere conocerme personalmente. He estado con Antonio Rodiles en
23 y han pasado muchachas que lo han reconocido y han dicho ser fans
suyas. Se está haciendo un trabajo muy fuerte en La Habana, regando
papeles, y tienen a la Seguridad virada al revés. Miles de CD están
caminando por ahí, con Estado de Sats, Cambio de Bola y otros audiovisuales.

La gente se está acostumbrando a ir los domingos a ver a las Damas de
Blanco y critican los abusos. No se meten por miedo, pero no participan.
Quienes las golpean son los que traen en las guaguas.

Usted debe entregar una novela en febrero a su editora alemana Michi
Strausfeld, para que la proponga a un par de editoriales europeas.
Estaba terminada, y ahora sólo tendría que revisarla, pero perdió el
manuscrito al escaparse de la prisión.

Todos los sancionados hasta 5 años, como yo, tienen derecho a un pase de
tres días en su casa, cada 60 días. Los que trabajan salen mensualmente.
Me dieron un pase, vine aquí y a la casa de Elizardo Sánchez Santacruz.
Después, me los negaron todos. Ya sabía que iban a trasladarme a
Jaimanitas; los presos que soldaron la celda me contaron que era una
jaula y que iba a parecer un gorrión.

Escribí en mi blog el 20 de julio diciendo que me trasladaban al día
siguiente, y al amanecer del 21 me fugué. Salí por detrás y abrí la
cerca con una palanca.

Antes de fugarme, le sustraje al guardia el papel con mi pase, porque
llegaba y no me lo daban. En Lacret y 10 de octubre le saqué copia. Me
entregué cinco días después y no pudieron hacerme causa porque las
computadoras de prisiones decían que estaba de pase.

Pero habían rodeado las casas de mis familiares y conocidos, y habían
rodeado la costa para que no saliera del país. Fue un operativo a nivel
provincial. La familia que escondía mis libros se asustó y los metieron
en agua. El papel se hizo pulpa. Tenía una parte manuscrita y la otra
digital. Ahora debo recomponerla. Se llama Dios no juega a los dados.

Source: Ángel Santiesteban, siempre un adversario | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cultura/1443221819_17145.html

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