Racismo – Cuba – Racism
Categorías
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
No Spanish?
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archivos
Comentarios

LASA y el régimen cubano – una invasión indeseable

LASA y el régimen cubano: una invasión indeseable
Está por ver hasta qué punto va resultando exitosa la estrategia de
penetración ideológica que, a todas luces, desarrolla el gobierno cubano
en LASA
jueves, julio 2, 2015 | José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba. -Me cuentan que unos 300 cubanos afines o adscritos
formalmente al aparato de gobierno optaron por plazas para la delegación
oficial al Congreso LASA 2015 en San Juan, Puerto Rico. Al final
asistieron unos 150, entre delegados e invitados, cifra que posiblemente
supere la suma conjunta de todas las demás representaciones de
Latinoamérica. No es el único dato que evidencia el interés del gobierno
por convertir en tribuna propia y plataforma para su promoción a la
prestigiosa Asociación de Estudios sobre América Latina (LASA, por sus
siglas en inglés), pero puede dar una idea del afán que se gasta.

Tampoco es un afán gratuito, porque LASA es la asociación profesional
más grande del mundo, con casi 10,000 miembros, expertos en todas las
disciplinas del conocimiento sobre Latinoamérica, dedicados a fomentar
la investigación, el debate intelectual y la enseñanza, así como a
incentivar el compromiso cívico, tanto a través de la redes de
comunicación como del foro en vivo.

Está por ver hasta qué punto va resultando exitosa la estrategia de
penetración ideológica que, a todas luces, desarrolla el gobierno cubano
en LASA. Es un asunto sobre el cual ni siquiera se han detenido a
reparar con suficiencia los analistas, entre otras razones porque tal
penetración cuenta hoy (y cada vez menos) con pocas posibilidades de
influir efectivamente en el destino del continente.

Ser moderno implica también darse cuenta a tiempo de lo que ya no es
posible. Por lo que la mayoría de los estudiosos de las ciencias
sociales en la región reconocerá la improcedencia de un modelo que
supone la dictadura totalitarista como sistema para hacer valer ciertos
postulados, aun en los casos de simpatía. Sin embargo, si bien parecen
limitadas las posibilidades de ascendencia del régimen cubano sobre el
pensamiento y la acción de la nueva avanzada política en Latinoamérica,
no debe resultarle para nada inútil su propósito de gravitar en el seno
de LASA. El enorme poder de influencia y el bien ganado respeto de que
goza este organismo entre la intelectualidad latinoamericana y, en
especial entre sus nuevas hornadas, debió ser asumido como inmejorable
vehículo de legitimación por la dictadura más antigua del hemisferio.

Cuba en LASA

Al hojear las extensas listas de los títulos de ponencias sobre Cuba que
fueron presentadas tanto en el Congreso LASA-2015 como en los
anteriores, salta a la vista la superioridad numérica de aquellos que
aluden a su sistema de gobierno como soporte para la conquista de altos
índices de desarrollo humano, que se dice representan hoy un ejemplo a
nivel continental y para todo el tercer mundo. Escasos son los textos
dedicados a hurgar en la dramática realidad que sufren, desde hace
decenios, los millones de pobladores de la Cuba profunda. Si acaso es
posible encontrar (en las últimas ediciones) alguna que otra ponencia
sobre problemas puntuales, esencialmente son valorados como consecuencia
de la desintegración del campo socialista europeo y/o como reflejo de la
crisis general que enfrenta el mundo. La devastación por el régimen de
nuestras estructuras económicas y socio-culturales, incluidas muy viejas
tradiciones como el apego al trabajo, el respeto al derecho ajeno, a la
ley y al orden, así como a la convivencia armónica, ha sido sepultada
casi mágicamente bajo datos y números fríos con las que el régimen
satura sistemáticamente las instituciones internacionales, tales como
las infladas conquistas en materia de educación, salud pública, atención
a la niñez y hasta en la lucha contra la discriminación racial y de géneros.

Llevando por delante mañosas estadísticas, que de seguro servirían de
herramienta a los investigadores, estudiosos, académicos, ya que no
disponen de otros indicadores “científicos” que no sean oficiales
(algunos tal vez ni siquiera desean consultar otros), el régimen cubano
debe haber planeado su aterrizaje en LASA. Del resto se ocuparía después
la Sección Cuba, que cada año engorda más, como sapo bajo el sol,
dirigida desde la Isla por personeros de la nomenclatura oficial, cuya
misión es cumplir con los afanes legitimadores del régimen, pero
aparentando representar una alternativa de intelectuales y estudiosos
que, a título individual, defienden sus postulados, a la vez que
descalifican y se esfuerzan por que no se conozcan o sean ninguneados
los exámenes auténticamente alternativos sobre la realidad del país.

Tribulaciones de un panel

En el recién finalizado Congreso LASA 2015 tuve el honor de formar parte
del panel de análisis Racismo y Raciocinio: Movimiento, Medios, Debate y
Legalidad, junto a los destacados líderes antirracistas y miembros del
movimiento de la oposición interna en Cuba Manuel Cuesta Morúa y Juan
Antonio Madrazo Luna, además del doctor Juan Antonio Alvarado, de la
Plataforma de Integración Cubana y Editor Jefe de la revista
Identidades. Formaban también nuestro panel los académicos
puertorriqueños Guillermo F Rebollo-Gil y Ariadna M Godreau Aubert,
quienes, no sé si por accidente o por desprejuiciada elección, iban a
verse en la incómoda disyuntiva de compartir espacio en el evento con un
equipo que, aun siendo representación de Cuba, el país con mayor número
de asistentes al congreso, estaba destinado a recibir tratamiento de
minoría solitaria, con todas las postergaciones y la falta de deferencia
que esto conlleva.

Desde luego que ese trato no procedería en ningún momento de los
funcionarios de LASA. Como invitados formales íbamos a recibir del
anfitrión en San Juan las mismas atenciones que el resto de los
delegados. No debió ser LASA, sino su muy activa y pujante Sección Cuba
(en abuso de sus facultades como comisionada oficial de la Isla) la que
se ocuparía de propiciar la ubicación de cada uno de los miembros de
nuestra menuda subdelegación en un hotel distinto y bien distantes entre
sí, sin la menor facilidad para comunicarnos y ni siquiera para poder
vernos y cambiar impresiones más allá de los horarios en que el
transporte del evento nos trasladaba al hotel Caribe Hilton, que era la
sede principal, para que asistiéramos como oyentes a las exposiciones de
otros paneles. Por añadidura, al llegar a nuestros respectivos hoteles,
todos tuvimos dificultades para el hospedaje. Por alguna inexplicable
razón, las reservaciones fueron hechas para el día posterior a nuestra
llegada, o sea: la fecha en que ya estaría sesionando el congreso. Poco
faltó para que este equívoco (si lo fue) nos obligara a dormir esa noche
en un parque o bajo un puente de San Juan.

Resultaba difícil asumir aquel desplante como obra de la casualidad,
sobre todo al constatar que era muy diferente la suerte corrida por el
grueso de la amplia delegación oficial de Cuba. No obstante, si alguna
duda quedaba sobre la intervención del azar, pudimos despejarla al
conocer el sitio asignado para el desarrollo de nuestro panel, uno de
los pocos (y con toda seguridad el único compuesto por cubanos) que
debió ventilar sus ponencias en la sala Ponce de León B, en el Condado,
fuera y lejos de la sede del Caribe Hilton.

Nuestro cubículo tenía asegurada la no asistencia del público, excepto
quizá alguna que otra persona avisada de antemano y especialmente
interesada en escucharnos como para renunciar a la posibilidad de
asistir a otros paneles, por lo distante que se hallaban y por la hora y
fecha: 8 de la mañana del último día del Congreso, sábado 30 de mayo.
Para colmo, la noche anterior hubo fiesta para los delegados, hasta
altas horas de la madrugada, organizada, vaya casualidad, por la Sección
Cuba de LASA.

El saldo obligado

Por supuesto que no fue tiempo perdido, toda vez que las ponencias
pasaron a nutrir el parque conceptual de LASA y, con tal carácter,
quedan a disposición de cualquier estudioso inquieto que no se conforme
con las limitaciones que brindan las ateridas estadísticas y fuentes
oficiales de la Isla. Pero de cualquier modo es lamentable que estas
ponencias fueran privadas de discurrir en el mismo espacio y con
igualdad de posibilidades ante el auditorio que, digamos, los trabajos
llevados al evento por las comisiones del régimen cubano. Y parece un
despropósito, por llamarle de algún modo, que ello ocurriera en un
evento cuyo lema central apelaba al amparo de las “precariedades,
exclusiones, emergencias”.

Algunas de las conferencias de nuestra menuda subdelegación, además de
responder íntegramente al reclamo lanzado por LASA sobre la necesidad de
estudiar y exponer las desigualdades de que son víctimas los pobladores
del continente, resultan de suma utilidad para conocer y comprender
aquellas que padecen los pobres en Cuba, que integran casi toda la
población, muy en particular los negros y mestizos, que constituyen
mayoría. Igualmente revisten cardinal importancia los enfoques sobre el
imperativo de que se emprendan en la Isla verdaderas reformas políticas,
constitucionales y legales como paso previo al empoderamiento de la
ciudadanía históricamente rezagada y postergada, como en el caso de los
descendientes de esclavos.

En este sentido son ejemplares las ponencias de Cuesta Morúa (“La Ley
afirmativa y la Reforma Constitucional”) y de Madrazo Luna (“Debate
Racial. Espacios fiscalizados vs Espacios de resistencia en la Cuba
Contemporánea”). Mi ponencia (“El antirracismo en el ocaso de la
revolución cubana”) tiene como propósito llamar la atención sobre el
hecho, absurdo y bochornoso, de que los activistas cubanos del
antirracismo están hoy divididos en dos grupos contrarios, y a veces
hostiles, como resultado de una estrategia del poder político, empeñado
en desconocer e incluso en perseguir y acosar a quienes han resuelto
desarrollar su tarea al margen de y aun en oposición a las estructuras
del régimen. Se ha dado incluso el caso insólito de que tales activistas
contra la discriminación son discriminados por sus simpatías o
antipatías políticas.

Infortunadamente y para nuestra sorpresa, la prueba más cercana de este
caso íbamos a encontrarla en el propio congreso de LASA, mediante el
tratamiento que nos reservó la Sección Cuba. Algo definitivamente
lamentable, aunque mucho más de lamentar para nosotros fue (por
elemental elegancia y por solidaridad profesional) que los dos
profesores puertorriqueños en nuestro panel hayan sido víctimas
inocentes del mismo tratamiento, máxime si tal vez ni siquiera
compartían por completo nuestros presupuestos políticos y sus ponencias
(“Guaynabo City es un País: Construcción de la blancura en Puerto Rico”,
de Rebollo-Gil) y (“Esa Tipa es una #Yal: La Mujer Negra y La Violencia
Lúdica del “Buen Racismo”, de Godreau Aubert) estaban bien centradas en
la problemática de las desigualdades en Puerto Rico.

Ambos tendrán que aprender la lección de no buscarse malas compañías en
el próximo congreso. Entretanto, a los cubanos ajenos o contrarios al
esquema que hoy impone la Sección Cuba de LASA sólo nos queda conservar
la confianza en que LASA haga valer su muy reconocida credibilidad
profesional y su autoridad moral para poner coto a tan indeseable
intento de invasión por el régimen cubano.

(Este trabajo saldrá publicado en el Nº 6 de la revista Identidades,
edición impresa)

Source: LASA y el régimen cubano: una invasión indeseable | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/lasa-y-el-regimen-cubano-una-invasion-indeseable/

Tags: , , , , , , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *