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De Cayo Puto a las UMAP

De Cayo Puto a las UMAP
Pedro Marqués de Armas ha dedicado un documentado y serio estudio a
trazar un mapa de las relaciones entre ciencia y poder en Cuba, desde
finales del siglo XVIII hasta 1970
Carlos Espinosa Domínguez | 24/07/2015 3:50 pm

Pedro Marqués de Armas (La Habana, 1965) perteneció al grupo de
escritores que se nuclearon en torno a la revista Diáspora(s) (1997 –
2002). Es autor de los poemarios Los altos manicomios (1993), Cabezas
(2003), Cabeças e outros poemas (2008) y Óbitos (2015). Pero además se
graduó de medicina en la Universidad de La Habana y en la actualidad
trabaja en Barcelona como psiquiatra.
Este último dato, el de su profesión y su especialidad, es importante
para comprender que haya escrito un libro como Ciencia y poder en Cuba.
Racismo, homofobia, nación (1790 – 1970) (Editorial Verbum, Madrid,
2014, 348 páginas). Acerca del mismo, Marqués de Armas apunta que
“pretende ser un mapa de las relaciones entre ciencia y poder en Cuba,
con indicaciones que van desde finales del siglo XVIII hasta 1970”.
Estructurado en tres bloques —I- El dispositivo sexual: hombre/ mujer,
II- De la esclavitud a la nación: otros cuerpos anómalos, III- El nudo
de la higiene: colonia república revolución—, a eso su autor añade que
los ensayos que lo integran indagan en las diferentes relaciones de la
figura del “anormal”, “así como en aquellos contextos en que tendrían
lugar ciertas transformaciones discursivas que afectaron, a veces de
manera decisiva, a dicha figura”.
Autor de un ensayo anterior, Fascículos sobre Lezama (1994), Marqués de
Armas hace ahora lo que él llama una “fuga no literaria”. En Ciencia y
poder… aborda un tema que, por razones obvias, reclamaba otro
tratamiento, otro lenguaje, otra aproximación. No deja de acudir a
algunas fuentes literarias (en la extensa bibliografía consultada por él
se pueden encontrar textos, entre otros, de José Lezama Lima, Julián del
Casal, Antonio Bachiller y Morales, Francisco Morán, Cirilo Villaverde,
Pablo de la Torriente Brau, Alfonso Hernández Catá). Pero para escribir
su documentado y serio estudio, se apoyó fundamentalmente en disciplinas
como la psiquiatría, la antropología, la historia, la criminología.
Marqués de Armas dedica los tres ensayos agrupados en el primer bloque a
lo que llama el “nacimiento de la sexualidad” y al acomodo de esta a
funciones y roles propios de cada género. Para desarrollar ese asunto,
toma como punto de partida la figura de lo que Michel Foucault denominó
el “monstruo sexual”. En esas páginas se detiene en personajes reales
como el marinero hermafrodita Antonio Martínez, quien llegó a La Habana
en abril de 1813 y declaró su excepcional estado. Lo hizo porque temía
ser enviado a la “armada nacional”.
El autor de Ciencia y poder… se remonta a la época de la colonia para
rastrear las primeras manifestaciones de homofobia. Muy interesante es
su referencia a Cayo Puto, un islote de la bahía habanera a donde, a
fines del siglo XVII, eran enviados homosexuales y prostitutas. Asimismo
se ocupa de otras formas de reclusión —la Casa de Recogidas, para
mujeres incorregibles; la Cárcel, para hombres—, que se fueron
instrumentando para reprimir y aislar cualquier forma de “desvío” que
pusiera en peligro la Patria y el lugar de los cuerpos.
Respecto al proceso judicial que se siguió en 1822 contra Enriqueta
Faber, por hacerse pasar por hombre y casarse con una persona de su
mismo sexo, Marqués de Armas resalta el apoyo del saber médico: los
galenos “devienen peritos que trazan con rigor una norma —no una ley—
teñida de cientificidad, a partir de la cual se legitima el derecho, al
tiempo que se hace circular entre el conjunto ciudadano una política de
género mucho más estricta”. El conocimiento pasa así a colaborar con el
poder en la articulación de los discursos nacionalistas y normativos de
las “buenas costumbres”.
La psiquiatría al servicio de la homofobia estatal
Lejos de mi intención el pretender describir, aunque sea brevemente, el
contenido de todos los ensayos. Esa es una tarea imposible, dada la
amplitud y la complejidad de los temas que se examinan en el libro y el
rigor con el que el autor desarrolla su discurso analítico y reflexivo.
Quiero destacar, no obstante, algunos aspectos que particularmente me
parecen de interés. Uno tiene que ver con cómo desde su fundación la
fotografía fue aplicada en el campo de las ciencias. Marqués de Armas
toma como ejemplo las imágenes hechas en Cuba por el médico francés
Henri Dumont, entre 1864 y 1866. Un detallado análisis de las mismas, lo
lleva a notar que los esclavos aparecen descontextualizados de su
entorno productivo y familiar. Y comenta que “la imagen del africano no
es aquí sino el espectro del estereotipo típico”.
Otro ensayo sobre el cual quiero llamar la atención es “Psiquiatría para
el nuevo Estado. El poder enfermo”. En el mismo, Marqués de Armas
realiza un lúcido y pormenorizado examen de cómo los servicios médicos
de Cuba colaboraron a sentar las bases de la higiene socialista. En ese
sentido, la psiquiatría desempeñó un papel significativo: se puso al
servicio de la homofobia estatal, que incluyó a los homosexuales no solo
en la categoría de degenerados sexuales, sino también de enemigos políticos.
Dedica amplio espacio al empeño por presentar al homosexual como un
“individuo peligroso”. Apunta que aunque esa noción contaba en la Isla
con una larga historia, fue a partir de 1959 cuando se amplió como nunca
antes y condujo a que la homofobia se radicalizase. Para el Estado
socialista, el homosexual remite a una genealogía que permite recurrir a
dispositivos liberales como el prevencionismo. Y dado que lo considera
un producto atávico que hay que erradicar, no duda en apelar “a la
violencia, al secuestro, a una cirugía en profundidad. El poder del
Estado deviene en poder criminal, y a la vez enfermo”. El higienismo
revolucionario, comenta Marqués de Armas, que sin duda fue eficaz en
otros campos, se empeñó “en forjar un Hombre Nuevo que es la negación ya
no solo del homosexual, sino también, en virtud de su carácter genésico,
del Hombre Mujer de que tanto se habla en este libro”.
Aunque en las líneas que hasta aquí llevo redactadas he utilizado
ejemplos que remiten a la homosexualidad y a la evolución de los
discursos sobre la misma, en su libro Marqués de Armas no se reduce a
ese único aspecto. Examina también otros como el control de la
sexualidad femenina, el racismo, la doctrina psiquiátrica del
degeneracionismo que se aplicó a chinos, esclavos y sujetos formalmente
libres, el modo cambiante e incluso contradictorio en que se ha visto el
suicidio en Cuba. Esa variedad temática responde al hecho de que esos
ensayos —“escritos a modo de presentación de informes clínicos,
médico-legales y sociales”— en su forma embrionaria se publicaron en la
revista electrónica La Habana Elegante.
A lo largo del libro, Marqués de Armas se apoya en citas de numerosos
autores, de los cuales se vale para apoyar y sustentar su discurso. En
el bloque de Anexos, reproduce completos 14 de esos textos y documentos,
a los que el lector del libro difícilmente podría acceder y que dan más
valor al libro. Entre otros, están “La pederastia en Cuba” (1890), de
Luis Montané y Darde, el Informe de la comisión enviada para comprobar
las condiciones de los culíes chinos en Cuba (1896), “Psicología de las
multitudes cubanas” (1915), de Israel Castellanos, y la transcripción
taquigráfica de la Conferencia nacional de instituciones psiquiátricas
(1963).
Por su rigor, su detallado y lúcido análisis, su inteligente empleo de
la documentación y su esmerada prosa, Ciencia y poder… constituye un
valioso aporte para la comprensión de cómo el nacionalismo cubano, con
el apoyo de los dispositivos del saber, implementó su discurso sobre los
enfermos, los anormales y los individuos peligrosos.

Source: De Cayo Puto a las UMAP – Artículos – Cultura – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/de-cayo-puto-a-las-umap-323281

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