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Políticos por decreto y analfabetos por sumisión

Políticos por decreto y analfabetos por sumisión
“Cuanto más analfabetos son los políticos más les gusta salir en las
páginas de cultura de los periódicos”
miércoles, junio 24, 2015 | Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba. – Abel Prieto cabalga de nuevo. No como el autor de dos
novelitas de cuyo nombre no puedo recordarme. Tampoco como el ex
presidente de una unión de escritores y artistas vendidos al poder más
que libros de autoayuda en feria del libro de la Habana, o de
reproducciones de “Naturaleza muerta con caudillo” en una exposición de
arte comprometido con quién sabe qué.

Nunca jamás como aquel ex ministro de cultura, mucho pelo y poca idea,
quien declaró que los poetas como Raúl Rivero podían ser encarcelados,
pero no aparecían tirados a la orilla de una cuneta cualquiera. Ahora,
cual una triste figura política, cabalga como asesor cultural del
presidente cubano.

Otras “pajinas Kulturales”

Como señalara el escritor español Arturo Pérez Reverte en su artículo
“Pajinas kulturales”, del libro Con ánimo de ofender: “Cuanto más
analfabetos son los políticos –en España esas dos palabras casi siempre
son sinónimos- más les gusta salir en las páginas de cultura de los
periódicos”.

Aquí en Cuba sucede también. La diferencia es que acá se fusionan las
líneas, y los escritores y artistas son declarados políticos por decreto
y analfabetos por sumisión. Nuestros intelectuales-políticos lo mismo
escriben o cantan a las autoridades, que firman un documento para enviar
inocentes al paredón.

Por eso no resultan extrañas, aunque sí muy cínicas, las palabras de
Abel Prieto al diario español El País, cuando expresó: “La idea de que
vivimos en un régimen que controla todo lo que el ciudadano consume es
una mentira, una caricatura insostenible en este mundo interconectado”.

Decir eso de una nación donde sus ciudadanos sólo están interconectados,
contra su voluntad, a oficinas de registros, expedientes personales,
centros de vigilancia, departamentos de seguimiento y control de la
Seguridad del Estado y el Ministerio del Interior, o laboratorios de
criminalística, es un blof.

Resultarían patéticas, si no fueran insultantes, las aseveraciones que
ubican a los cubanos en un elevado nivel de conexión internacional,
cuando aún no se ha saltado la barrera del agro mercado al fogón, y se
censuran películas, prohíben libros, persiguen y decomisan antenas a lo
largo y ancho del país.

El oscuro objeto del deseo

Según declaró Abel Prieto a El país, “No vamos a prohibir cosas. La
prohibición hace atractivo el fruto prohibido, el oscuro objeto del
deseo”. Experiencias tuvimos y tenemos suficientes. Desde la prohibición
de escuchar a los Beatles, escribirle a un familiar en el exterior,
hasta el acceso a internet.

Al parecer, entre los lineamientos secretos dictados a sus cuadros por
el partido comunista para remendar la nación, se encuentra la obligada
lectura del poema Los estatutos del hombre, del brasileño Thiago de
Melo, que en uno de sus versos dice: “Prohibido prohibir”. En Cuba,
¿sólo hacia el exterior?

La realidad es que Abel se contradice. Mientras por una parte asegura
que no vamos a prohibir, por otra dice que “jamás vamos a permitir que
el mercado dicte nuestra política cultural”, cuando se venden desde los
espejuelos de Lennon y la boina del Ché, hasta la partitura del Himno
Nacional.

El escudo estratégico contra la penetración cultural diseñado por Abel
(bajo las orientaciones de Caín: el Estado), es que se trabaja contra la
banalización y la frivolidad, para que la gente sepa discernir, al
parecer, entre los textos “exquisitos” de Baby Lores a Fidel, y los
subversivos temas de Los aldeanos.

Es decir, que disfrazado de una exigencia de calidad, sigue el control
absoluto de lo que consumen los ciudadanos. No se les prohibirá, sólo se
les dará la opción, por el bien de su nivel de apreciación cultural, de
ver o escuchar lo que el ministerio de cultura cubano, asesorado por el
del interior, programe.

Entre las propuestas de Abel contra la banalización y la frivolidad, se
encuentra un paquete que incluye películas como el Halcón Maltés y
Gandhi, el nuevo cine latinoamericano, el Hamlet de Kennet Branag, y un
cóctel sinfónico de Silvio Rodríguez, con la Pequeña serenata diurna,
aquella delirante canción de “vivo en un país libre/cual solamente puede
ser libre…”

Además, se podrá disfrutar del cine de Woody Allen y otras propuestas
que combina “cosas con densidad cultural y material de entretenimiento”,
lejos del racismo y la violencia, como si en los films sobre mambises,
guerrilleros y soldados internacionalistas se peleara con pasteles, y en
vez de sangre, se derramara merengue.

El oscuro deseo del control general por parte del Estado está intacto.
Más allá de los malabares lingüísticos que realizan por dentro y fuera
de Cuba los voceros del gobierno. Y sin negar una mínima brecha
(fortuita) en lo que se consume, aún estamos muy lejos de optar en
libertad por lo que deseamos.

Cuando Abel se pregunta en su entrevista con El País, ¿qué vamos hacer
con El Quijote?, quizás Marino Murillo y compañía le respondan: Mandarlo
a dirigir una cooperativa agropecuaria, asesorado por Sancho y
Rocinante. O, cuando más, ponerlo a regenciar el paladar La Dulcinea en
la isla de Baratijas.

vicmadomingues55@gmail.com

Source: Políticos por decreto y analfabetos por sumisión | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/politicos-por-decreto-y-analfabetos-por-sumision/

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