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Prosiguen redadas policiales contra los homosexuales en Cárdenas y Matanzas

Prosiguen redadas policiales contra los homosexuales en Cárdenas y Matanzas
El intelectual Alberto Abreu Arcia emplaza al CENESEX a responder ante
hechos de homofobia que describe como actuaciones “alojadas en ciertas
instancias del poder” en Cuba.
Alberto Abreu Arcia
mayo 26, 2015

Anoche 22 de mayo de 2015, cerca de las once de la noche, la Policía
realizó otra redada, donde detuvo a todos los travestis y homosexuales
que se encontraban en los alrededores del Rápido situado en Ruíz entre
Calzada y Coronel Verdugo en la ciudad de Cárdenas. La misma zona donde
hace apenas un año y medio (el 3 de octubre) un grupo de cocheros
intentaron coaccionar y agredir físicamente a varios gays para que se
fueran del lugar.

Según me contó un travesti, a su regreso de la estación de la P.N. R, a
los detenidos se les impuso multas de treinta pesos y una profilaxis en
medio chistes y burlas de los policías sobre su condición homosexual. Él
se negó a firmarla y el policía le dijo que no importaba, que él mismo
la firmaba en su nombre y así lo hizo arrebatándoles el comprobante de
la multa de entre las manos. Tras conocer estos acontecimientos Nidia
Mora, madre del ensayista Rufo Caballero, indignada llamó a la P.N.R. de
Cárdenas donde el oficial que le salió al teléfono negó lo sucedido.
Posteriormente, y para dejar constancia sobre la veracidad del hecho que
estoy denunciando, me personé en dicha estación de policía. Los
argumentos que me ofreció el Mayor, con quien conversé, no difieren de
los que siempre usan los oficiales del orden público como pretexto para
detener a homosexuales y travesti, y que relevan la puesta en práctica
de un cumplimiento “del deber” que se ve empañado por su radical
sentimiento homofóbico. A su vez, le expuse mis argumentos y tildé su
conducta de homofóbica. Como partíamos de posiciones y percepciones
totalmente diferentes, que hacían inútil el diálogo, tercié la
conversación lo más “cordialmente” que pude, haciéndole saber que el
hecho sería denunciado tanto por mí como por las víctimas de semejante
prácticas.

Como suele ocurrir con frecuencia, estos actos tienen su impacto en el
espacio público y en la conducta del resto de los ciudadanos. Horas
después de lo sucedido pasaron varios personas en un coche burlándose y
gritando todo tipo de ofensas contra los pocos homosexuales que
retornaron al lugar. No descarto que mañana o transcurridos unos días,
después de mi actuación, lo hagan en un contra mí. No me preocupa. A
todo lo hasta aquí expuesto hay que sumar otro hecho verdaderamente
sintomático, varios muchachos se han dedicado a emboscar con piedras a
los gays y travesti que se reúnen en otro sitio de la ciudad. Yo he sido
testigo de tales actos.

Realmente, ¿quiénes asesinaron a La Eterna?

Quisiera conectar este suceso con otros dos. El primero es la denuncia
que hace meses hicieron un grupo de gays ante el CENESEX por las
detenciones arbitrarias que varios agentes del orden público
insistentemente realizan contra ellos tanto en el Víaducto de Matanzas
como en Varadero, y perfectamente documentada por mí en este blog y
replicada por otros sitios digitales entre los que se encuentran
Negracubanateniaqueser, el Proyecto Arcoíris y ILGALAC, y sobre lo cual
el CENESEX todavía no ha dado respuesta, a pesar de las insistentes
llamadas de los interesados y mías a los abogados de esta institución.
El otro, es el caso del homosexual asesinado recientemente a pedradas en
un parque de la ciudad de Pinar del Río y que tanto ha conmocionado a la
comunidad intelectual cubana, a gays y activistas contra la homofobia
dentro y fuera de Cuba. Así se lo hice saber al Mayor cuando le dije que
se trataba de un momento muy sensible por la repercusión de este
horroroso hecho en las redes sociales y de otras arbitrariedades de la
policía en la provincia de Matanzas contra los homosexuales denunciadas
anteriormente.

En “Esto no es un crimen” -el texto que a raíz de este espeluznante y
bochornoso asesinato escribió el novelista Jorge Ángel Pérez- en varias
ocasiones se describe a la policía como el principal enclave productor y
reproductor de la homofobia y el racismo en Cuba. Quizás la asociación
de la policía con este crimen de odio que provocó la muerte a pedradas
en un parque de Pinar del Río de La Eterna, a muchos les pudo parecer un
tanto arbitraria. En cambio, para mí, apasionado a las miradas
transversales de estas patologías sociales, resultó altamente
esclarecedor, cuando este grupo de personas pasó en un coche gritando
palabrotas ofensivas y burlas contra los dos homosexuales que decidieron
retornar al lugar después de la redada policial presenciada por muchos
cardenenses en este lugar tan céntrico de la ciudad y precisamente un
sábado en la noche.

No seamos incautos, estas actuaciones de la policía no se explican sólo
en virtud de estructuras mentales y de prejuicios antigay susceptibles a
ser transformadas mediante un trabajo educativo de conjunto. Ellas están
alojadas en ciertas instancias del poder y son expresiones de éste. Por
eso, el policía, que en el ejercicio de sus funciones, actúan de esta
manera se sienten seguro e intocable y llevan en sí toda la prepotencia
y soberbia que el poder es capaz de exhibir: “No atiendo a tus quejas ni
a tus reclamaciones porque soy inmune a ellas y tú eres un m…, una
basura, una escoria yo estoy llamado a extinguir”. Sólo a partir de ésta
arrogancia y violación de nuestros más elementales derechos ciudadanos
es posible entender el silencio de los abogados del CENESEX ante la
queja que presentaron, hace ya meses, varios gays víctimas de estos
acosos policiales en la provincia de Matanzas.

Y como aquello de que al que no quiere caldo se le dan tres tazas,
cuando me disponía a escribir este texto, sonó el teléfono. Era Y., (tan
sólo daré estos datos por discreción) un gay compañero de estudios de mi
sobrina en la Vocacional de Matanzas. Estaba detenido en la P.N.R. de
Santa Martha porque lo habían encontrado con su pareja en un hotel en
ruinas cerca de la playa. En el lugar había varias parejas
heterosexuales y las dejaron ir. Sólo a ellos los detuvieron, y los
condujeron esposados a la estación de la P.N.R. Al poco tiempo lo
soltaron, después que la madre de su joven pareja firmó un documento de
advertencia y la condición de que se presentaría el lunes con su hijo y
Y. a una entrevista con la compañera que atiende Menores. No quisiera
especular sobre lo que pudiera derivar de esta cita con la especialista
de Menores, ni quisiera ser ave de mal agüero, pero a partir de los
casos que conozco ya denunciados en este blog estoy muy lejos de ser
optimista.

Me pregunto: ¿por qué el silencio tan prolongado del CENESEX ahora que
se trata de la Policía, si cuando los cocheros homofóbicos respondió
prontamente? ¿En qué difieren estas prácticas de otras similares
ocurridas durante los años sesenta y setenta denunciadas en el filme
Conducta Impropia de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal y numerosos
intelectuales y artistas homosexuales que vivieron durante este período?
¿Qué razones sociológicas y políticas -manifiestas o veladas- explican
este recrudecimiento de la homofobia actualmente en Matanzas y otras
provincias del país? ¿Cuántas víctimas como Yosvani, La Eterna, habremos
de cobrar para que estos hechos no sigan sucediendo y finalmente se
respete nuestra condición ciudadana? Más allá del oropel de las marchas,
los matrimonios gays simbólicos y los discursos triunfalistas, de la
exigencia de nuestros derechos legales en el Parlamento, de la
representación del tema lesbigay en la pantalla, de las campañas en los
medios de difusión sobre el respeto a la diversidad sexual estas
preguntan apuntan a un agujero negro, a otra realidad, problemáticas y
batallas igualmente emancipadoras que urgentemente debemos encarar.
Independientemente de las respuestas que demos a estas interrogantes,
ellas están señalando una falla o doblez en la política que hemos venido
desplegando hasta el momento. Porque no es en el glamour de El Pabellón
Cuba, ni los 17 de Mayo, el lugar donde actualmente se nos humilla,
maltrata y se nos priva de nuestros elementales derechos ciudadanos por
ser homosexuales.

Finalmente, Y. ha regresado y le hemos propuesto que duerma en mi casa.
Tiene sólo 17 años y se ve visiblemente nervioso y angustiado.
“Prepárate, le digo, porque es una lucha larga con avances y
retrocesos”. Pero él no está para estas trovas militantes. Le preocupa
cosas más inmediatas. Mañana deberá enfrentarse a su entorno familiar,
tremendamente homofóbico. Contar a su madre lo sucedido, e ir con ella a
la P.N.R. de Santa Martha. Por su parte, mi hermana ha dicho que está
desvelada, que no va a dormir esta noche. Treinta años atrás, cuando
teníamos la edad de Y., un amigo de nosotros fue sorprendido por la
policía en pleno acto sexual, en las afueras de la ciudad, con otra
persona de su mismo sexo y pasó nueve meses en una prisión. Estando allí
el policía que lo detuvo y llevó a juicio creo que murió de un infarto.
Cuando salió “por buena conducta” ya no era el mismo. Es decir, le j…
y nos siguen j… la vida, así de a porque sí, de porque me da la gana.
Así fuimos construyendo una parte del éxodo y los enemigos de la
Revolución. “Me voy a tener que ir del país. Yo me siento cómodo con mi
trabajo, allí todo el mundo me quiere. Mi familia me acepta, tengo
independencia y libertad para llevar a mi casa a la persona que quiera.
Pero el sólo hecho de que no puedo salir a la calle, por temor a que la
policía puede pedirme el carnet de identidad y aplicarme la ley de
peligrosidad no me deja vivir. No salgo a ninguna parte, y el CENESEX
sigue sin dar respuesta a la denuncia que hicimos, parece que no va
hacer nada”. Me comentó, anoche, Alberto González. Afortunadamente,
gracias a esas casualidades de la vida, no se encontraba a la hora de la
redada policial que estoy denunciando.

Es el gran desamparo ciudadano, la impotencia y la rabia que me come por
dentro, que me ha mantenido toda la madrugada fumando y escribiendo este
texto. Porque sé, que en el fondo, a sólo a unos cuantos les dolerán
estas líneas; el resto, como me decía Maykel G. Vivero, ufanos de su
cercanía con el Poder, continuará mirando a otro lado. Mientras los
policías, quizás a esta hora, estén haciendo chistes sobre los m… que
detuvieron y multaron pero, sobre todo, del m… escritor, tan ingenuo,
que vino en su defensa.

Por estas razones, insto al CENESEX a que de una vez y por todas
investigue y se pronuncie contra estos hechos. Para empezar, creo que
una llamada telefónica al Partido Provincial en Matanzas o a su P.N.R.,
no cuesta nada ni roba mucho tiempo. Sólo para empezar, porque como dije
unas líneas arriba no es justo, ni se puede permitir que alguien,
escondido detrás de un uniforme te j… la vida: así: de a porque sí.
Porque le da la gana.

Alberto Abreo Arcia es autor, entre otros libros de Los juegos de la
escritura o la (re)escritura de la Historia (Fondo Editorial Casa de las
Americas, 2007), Premio de Ensayo Artístico-Literario Casa de las
Americas 2007. El artículo “Llueve sobre mojado: Prosiguen los acosos y
redadas policiales contra los homosexuales en Cárdenas y Matanzas” fue
publicado originalmente en el blog Afromodernidades, el 23 de mayo de 2015.

Source: Prosiguen redadas policiales contra los homosexuales en Cárdenas
y Matanzas –
http://www.martinoticias.com/content/redadas-policiales-contra-homosexuales-en-cardenas-y-matanzas-/95098.html

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