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Lucha contra el racismo – avances o retrocesos

Lucha contra el racismo: avances o retrocesos
TOMÁS FERNÁNDEZ ROBAINA | La Habana | 11 Mayo 2015 – 8:02 am.

‘Hay que eliminar las limitaciones que estiman el abordaje de la
problemática racial como algo dañino para la unidad política y cultural
del país’.

¿Cuál es el estado actual de la población negra en Cuba?, es una de las
peguntas más frecuentes de periodistas, estudiantes, profesores e
investigadores, extranjeros y cubanos, para quienes somos académicos y
también activistas comunitarios en la lucha contra la discriminación racial.

El número de activistas comprometidos con esta lucha crece cada vez más.
Ésta no se limita a la erradicación del racismo, sino a la de todas las
discriminaciones heredadas de los códigos sexuales, machistas,
homofóbicos, religiosos, educacionales, culturales y lingüísticos,
impuestos por los colonialismos europeos, que robaron las riquezas y los
vastos territorios e islas de los verdaderos pobladores de nuestro
continente.

No puede pasarse por alto que durante los años noventa del período
especial, la problemática racial alcanzó una visibilidad relevante. Por
décadas, no pocos de nosotros creímos y repetimos la afirmación del
discurso oficial, según la cuál el racismo había sido eliminado de
nuestro país.

Esto fue posible porque comenzaron a verse afrodescendientes trabajando
en sitios donde nunca habían podido laborar de manera significativa,
como en los bancos y la gastronomía, por citar solo dos áreas. Además,
fueron eliminadas las prohibiciones que impedían a negros y negras
deambular por las mismas áreas que blancos y blancas.

Por tanto, la discriminación racial no fue objeto de atención de la
academia, y mucho menos de nuestra prensa. Cuando de vez en vez, alguien
señalaba su existencia, ese alguien era tildado de instrumento del
enemigo para crear la división en las filas revolucionarias; como
consecuencia, no se analizaba qué elementos objetivos podía haber en
dicha denuncia y ésta se desestimaba, con la completa convicción de que
era un ardid de los enemigos de la revolución por destruirla.

Vale recordar títulos como Procesos del etnos cubano (1983), de Jesús
Guanche, y El problema negro en Cuba y su solución definitiva (1986), de
Pedro Serviat. Ambas obras mostraban una visión muy ficcionada de
nuestra realidad, ya que afirmaban la inexistencia de la discriminación
racial, y la disminución de las creencias religiosas de raíces
africanas, como evidencias de que nuestros hombres y mujeres se
identificaban mayoritariamente con la ideología, práctica social y
política, enseñadas por el poder revolucionario, sin análisis dialéctico
del fenómeno que ya comenzaba a visualizarse.

Aún nos falta mucho

Obviamente, el acercamiento analítico a nuestra sociedad actual pone de
manifiesto, de manera irrefutable, que aún nos falta mucho para combatir
de manera más efectiva y eficiente el racismo y sus históricas
proyecciones discriminatorias y prejuiciosas contra la población de
origen africano desde la colonia hasta hoy.

Lo expresado en los párrafos anteriores puede corroborarse con ejemplos
de un ayer cercano: durante el primer taller para el análisis de la
problemática racial en nuestra Isla, convocado por la Fundación Fernando
Ortiz en 1998, uno de los participantes relató su experiencia personal
al trabajar en una empresa que proveía a las corporaciones y empresas
extranjeras los expedientes del personal profesional apto para trabajar
en ellas. Detectó que ninguna persona de pigmentación negra o mulata
había sido contratada, a pesar de ser profesionales de muy alto nivel.

Sin embargo, no solo ese hecho debe ponernos en un estado de alerta para
apreciar cuán profundo, consciente o no, está enraizado el racismo en la
mente de muchos de nosotros. La respuesta ofrecida al que había hecho
tan objetiva observación nos muestra algo muy terrible: “El que contrata
tiene el derecho de elegir con quien trabajar”.

Esa afirmación quizás resulte válida en una sociedad que no busca una
mayor equidad entre todos sus ciudadanos, pero es intolerable para
quienes trabajamos por una en la que todos y todas tengamos la
posibilidad de acceder a puestos laborales acordes con el conocimiento
profesional que hayamos alcanzado.

Según se nos dijo en la clausura del taller, ésa, entre otras demandas,
sería presentada a las diferentes instituciones generadoras de las
críticas debatidas. La finalidad, en su sentido más amplio, era llamar
la atención del poder revolucionario y de cada una de las instancias
involucradas, para la búsqueda de soluciones a las problemáticas
denunciadas y analizadas, ya que, a pesar de existir una voluntad
política de no permitir tales fenómenos sociales discriminatorios,
acciones de este tipo, visibles o no, crecen por día.

Si este suceso se debatió en 1998, tengamos en cuenta lo acontecido en
marzo de 2015 al reconocido poeta y ensayista Víctor Fowler.

Al entrar a la Lonja de Comercio fue interceptado por uno de los
guardias de seguridad, quien le peguntó hacia dónde se dirigía, pero no
interceptó ni formuló la misma pregunta a las otras dos personas que
coincidieron con él en ese momento. Eran personas blancas, Víctor es negro.

Si tras casi 17 años de aquel histórico taller, continuamos denunciando
y demandando acciones más efectivas contra el racismo, ¿qué ocurrió con
las recomendaciones que hicimos y las medidas que se prometieron tomar
entonces?

¿Significa lo sucedido a Víctor Fowler que no se prestó la atención
requerida a nuestras recomendaciones, que no fuimos capaces de exigir
respuestas y medidas más dinámicas por parte de las instituciones
oficiales involucradas en las denuncias que afloraron en el taller?

Coro incrementado

Más allá de las respuestas que se den de forma individual, colectiva u
oficial a las anteriores interrogantes, puede decirse que la naciente y
pequeña sociedad civil de aquella época se hizo sentir, mediante las
voces críticas que se oyeron en el taller.

Desde entonces, ese coro se ha incrementado; podría ser mayor, en
cantidad y en calidad, si se eliminaran las limitaciones que todavía
sobreviven y estiman el abordaje de la problemática racial como algo
dañino para la unidad política y cultural del país.

No pocos consideran aún que hablar del problema es crearlo, sin tener en
cuenta que no enfrentar tal desafío hace que dicha problemática se
enraíce más, y por tanto, su malévolo quehacer se expanda de manera más
rápida y silenciosa.

Todo el análisis previo me lleva a considerar impostergable la
realización de un debate en el cual intervengan académicos e
intelectuales, independientes o integrantes de organizaciones como la
Cofradía de la Negritud, la Comisión Aponte, el Movimiento de
Integración Racial, La Red Barrial de Afrocubanas, el Comité Ciudadanos
por la Integración Racial (CIR) y la Unión Jurista Racial, entre otras.

La relación simple de esas agrupaciones patentiza, cada vez con más
peso, la urgencia de luchar contra el racismo, los prejuicios y las
discriminaciones, pero a la vez manifiesta la lamentable fragmentación.
Esta debe superarse mediante la fusión de algunas, para intentar aunar
todos esos empeños en uno solo, respetándose las posiciones y políticas
particulares de cada uno de esos grupos, así como la postura individual
de cada académico, de cada activista social comunitario.

La mesa redonda del pasado 20 de marzo dejó bien claros algunos de los
hechos denunciados por todos los que estamos en esta batalla.

Los criterios vertidos por quienes participaron esa noche han motivado
reacciones en forma de artículos, comentarios de pasillos o expuestos en
las redes sociales, desde muy diversos ángulos. Veo con pesar que sobre
un tema tan serio, fundamental en el proceso de cambio que atraviesa
nuestra sociedad, en ocasiones las opiniones expresadas al final de
textos muy bien pensados, objetivamente, son muy superficiales, de un
pésimo humor y contribuyen, de manera consciente o no, a restar
importancia a los contenidos.

Por supuesto, a pesar de lo señalado, considero que avanzamos, aunque
tal vez no tan rápidamente como desearíamos. El aldabonazo se ha dado,
la puerta se abrió.

La lucha será amplia, profunda y duradera

Las acciones generadas por la Articulación Regional para América Latina
y el Caribe (ARAAC), la Cofradía de la Negritud, la Unión Legal de
Juristas, la Red Barrial de Afrocubana y el CIR, entre otras, son
expresiones fehacientes de que hay un movimiento antirracista,
antidiscriminador. Encabezado por líderes y lideresas, activistas
comunitarios o académicos, se expresan en sitios como la Biblioteca
Nacional de Cuba, la Biblioteca Provincial de La Habana, la Biblioteca
Municipal Máximo Gómez, la Casa de África, la UNEAC, la Casa de las
Américas, la sede del ALBA y en las múltiples casas comunitarias de la
capital de todos los cubanos.

En provincias como Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, Santiago de Cuba y
otras, desde los eventos locales sobre nuestra cultura e historia
efectuados a lo largo de todo el año, se hacen oír voces que hacen el
coro reivindicativo cada vez mayor, un verdadero coro nacional.

Por lo enunciado hasta aquí, no debe caber duda de que hacemos lo que
pensamos debemos hacer, aunque no siempre contamos con el apoyo de los
medios masivos de comunicación.

Sin embargo, no debemos pasar por alto que la verdadera lucha será más
amplia, profunda y duradera hasta el logro de los objetivos que no se
alcanzarán hoy ni mañana. Será preciso un largo proceso de formación
para las generaciones actuales y futuras mediante programas de enseñanza
primaria, media y superior, que enseñen la historia olvidada, negada por
la historiografía burguesa y también por buena parte de la
historiografía revolucionaria.

Debe reconocerse con justicia la importancia de las primeras
generaciones de africanos y sus descendientes, hacedores y sostenedores
de nuestra historia y nuestra cultura, elementos negados con mayor o
menor fuerza por algunos a lo largo de la forja de nuestra nación.
Evitemos por todos los medios que algo similar ocurra en estos tiempos.

Ampliemos nuestro debate, nuestro conocimiento para que todos nuestros
ciudadanos y ciudadanas disfruten realmente de los derechos plasmados en
nuestra Carta Magna. Solo cuando esos ciudadanos y ciudadanas puedan
reconocer que sus derechos no son violados en la práctica, estaremos en
la sociedad por la cual actualmente luchamos.

Source: Lucha contra el racismo: avances o retrocesos | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1429203897_14037.html

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