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No son intelectuales, son represores

No son intelectuales, son represores
“El gobierno cubano no mandó una delegación a Panamá, sino una brigada
de respuesta rápida”
lunes, abril 13, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. -Entre las imágenes de la ridícula actuación de la
“delegación oficial” cubana en la Cumbre de Panamá, hay algunas que bien
pueden definir ese retorcido concepto de “democracia” ?basado en la
hipocresía y la doble moral de los funcionarios? con la que pretende el
gobierno cubano ocultar su verdadera naturaleza totalitarista.

Ver, a las puertas de los plenarios, a Miguel Barnet y Abel Prieto
vociferando consignas y lanzando improperios contra los opositores
cubanos es el cuadro más auténtico que jamás pudieran mostrar de sí
mismos estos dos personajes reconocidos por resguardar a dentelladas las
migajas de poder que tanto disfrutan y que les permiten disimular sus
mediocridades como escritores y sus bajezas como seres humanos.

Hace apenas un mes algunos escritores denunciaban los gastos de dinero
excesivos del Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba
mientras en la propia institución que dirige se suspendían los pagos por
derecho de autor a varios miembros bajo el pretexto de falta de fondos.

El novelista y editor Jorge Ángel Pérez hizo circular desde su correo
una carta donde daba cuenta del derroche de unos 10 mil dólares (el
equivalente a más de 600 salarios mensuales de un editor) en la
construcción de una pérgola decorativa en los jardines de la UNEAC,
mientras que a él y a otros intelectuales se les había postergado
durante meses el pago de unos 40 dólares, una cantidad infinitamente
mínima comparada con las cantidades que la oficina comercial de la UNEAC
invierte tan solo en proveer de vinos caros a “Miguelito”, según nos
confiesa un exfuncionario comercial de la institución que nos ha pedido
discreción. Según este exempleado anónimo, con la llegada de Miguel
Barnet a la UNEAC se incrementaron los gastos en bebidas caras, viajes y
otros antojos del recién estrenado miembro del Partido Comunista.

Según esta misma persona: “Antes con un par de botellas de ron resolvía
sacar una actividad. Pero entonces Miguel prohibió el ron porque a él no
le gustaba, y nos hizo comprar vinos caros. Con lo que vale una botella
de vino yo antes compraba una caja de ron que me duraba el mes. Y con
eso vinieron otros gastos. No había dinero para reparar el techo de la
casa de un escritor ni para comprarle una silla de ruedas a un artista
enfermo pero sí había para mandar a hacer carpetas, carísimas, para
repartirlas en las reuniones, o para gastos de viaje. Mejor no te cuento
todo lo que pasaba allí, y me imagino que siga pasando”.

Las demostraciones de lealtad incondicional al régimen le garantizan a
Miguel Barnet “gobernar” con excesos y sin consecuencias sobre una masa
de intelectuales acostumbrados, como él, a que cualquier beneficio que
los saque de la miseria solo puede provenir de la más estricta
obediencia. Sus estrategias de sometimiento se basan en una reproducción
a escala mínima de los procedimientos que el gobierno emplea para
mantenerse en el poder: suprimir las libertades individuales y conservar
al pueblo en los límites de la pobreza para luego manejarlo como marioneta.

Abel Prieto, por su parte, es de esos escritores que solo producen los
regímenes totalitarios y las circunstancias políticas adversas. Al
descubrirse dueños de una obra sin ningún tipo de valor ni
trascendencia, intentan colocarse a la cabeza del gremio pactando una
alianza maquiavélica con el poder. Recordemos que durante aquella
“guerrita de emails” en que varios escritores y artistas denunciaron la
rehabilitación de varios represores durante el llamado Quinquenio Gris o
Decenio Negro, la respuesta del Ministro de Cultura, temiendo a que los
medios de comunicación digitales se convirtieran en una herramienta de
oposición incontrolable, fue implementar decretos que prohibían a los
artistas y escritores usar los correos electrónicos para difundir
masivamente denuncias y convocar a protestas.

Tanto Miguel Barnet como Abel Prieto, han sabido bien desempeñar su
verdadero papel de instrumentos represivos desde sus puestos en la
cultura y en sus hombros cargan la complicidad tanto por legitimar el
asesinato ejemplarizante de varios jóvenes durante la crisis de
balseros, así como del silencio ante atropellos discriminatorios de toda
clase.

Hace apenas unos días el reconocido ensayista y poeta Víctor Fowler
denunciaba haber sido víctima del racismo al prohibírsele la entrada a
un lugar frecuentado por turistas. A pesar de que varios intelectuales
se hicieron eco de la denuncia, ni la UNEAC ni el Ministerio de Cultura
emitieron declaraciones al respecto. De modo que resulta ridículo ver a
los “jefes de la delegación oficial” cubana, denunciar discriminaciones
o irregularidades en el proceso de acreditación en la Cumbre de Panamá
cuando ellos están más que entrenados en esas prácticas.

Cuando veo los rostros de estos dos personajillos en la televisión
hablando de derechos e intentando silenciar a los opositores cubanos, me
viene a la mente la frase que le escuchara a un taxista en la calle
cuando comentaba sobre las escenas de violencia en Panamá: “Es que el
gobierno cubano no mandó una delegación a Panamá, sino una brigada de
respuesta rápida”.

Un pasajero que viajaba a mi lado, lo respaldó con varias anécdotas de
cuando era profesor de una escuela de arte en La Habana y lo obligaban a
interrumpir las clases para que sus alumnos, sobre todo los varones,
sirvieran como fuerzas de apoyo a las brigadas de represión contra
grupos opositores. “Después, con tremendo descaro, te decían en el
noticiero que la violencia y los actos de repudio habían sido una
reacción espontánea de la gente que pasaba por el lugar. ¡Mira que son
mentirosos! Todos esos fueron mandados a Panamá para que den palo y
griten consignas y, por supuesto, para que compren pacotillas”, agregó
este pasajero que además rememoró otras situaciones similares de cuando
cumplió servicio militar y de su etapa de estudios en la Universidad de
Matanzas. Sus experiencias coincidían con las de todos los que
viajábamos en el auto, a pesar de haber estudiado y trabajado en
distintos lugares y sectores laborales.

Siento alivio al saber que cada vez son más las personas en nuestro
pueblo que no se dejan engañar por la prensa oficial cubana,
acostumbrada a esperar a que los gobernantes no solo aprueben los temas
a tratar sino que, además, redacten las noticias y hasta los titulares
de modo tal que parezca que el universo gira alrededor de La Habana.

Nadie que ha vivido la experiencia de pertenecer a los CDR o la FMC, a
la UNEAC o a la UPEC, y que sabe de sus orígenes (todas fueron fundadas
por “iniciativa de Fidel Castro”) y verdaderas funciones puede
identificarlos con organizaciones civiles independientes del gobierno.
Quien pretenda reconocerlas como tal más que ingenuo resultaría un estúpido.

Demasiados años siendo víctimas de la manipulación, ya son mayoría los
que reconocen que todo cuanto aparece en las pantallas y en los
periódicos oficiales ha sido diseñado para reforzar la cúpula de hierro
que nos aísla del mundo y, por lo tanto, las escenas de violencia en
Panamá siguen el guion diseñado por el régimen para boicotear un espacio
de diálogo que no pueden manipular a su antojo.

Source: No son intelectuales, son represores | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/no-son-intelectuales-son-represores/

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