Racismo – Cuba – Racism
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Una victoria demócrata

Una victoria demócrata
febrero 11, 2015 12:00 pm

“…ajustemos las leyes de nuestra tierra original a su composición
histórica, y a sus defectos, y a su naturaleza,- fundamos en el concepto
uno y superior del país común,- que unió con el sacrificio lo que el
déspota procuró apartar con la astucia,- las quejas de vecindad y las
pequeñas lealtades regionales”. José Martí (Discurso “Con todos y para
el bien de todos.”)

Cuba actualidad, Guanajay, Artemisa, (PD) No ha existido jamás ningún
conflicto entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos. Cubanos y
norteamericanos estuvieron juntos en las luchas para la liberación de
ambos países. No fueron pocos los cubanos que contribuyeron a la
eliminación del régimen esclavista en el país norteño. Estados Unidos ha
sido -junto a México y Venezuela- el país que a través de la historia ha
acogido la mayor cantidad de exiliados cubanos.

Fue en Estados Unidos donde nuestro Apóstol de la Independencia, José
Martí, fundó el Partido Revolucionario Cubano. A modo de observación,
dicho partido no tuvo nada que ver con la idea castrista de un partido
único en una nación como Cuba, tan dada a la polémica y a la libertad.

Fue en Estados Unidos donde Martí cuajó definitivamente como intelectual
multifacético. Criticó con maestría todo lo que consideró dañino de ese
país, al mismo tiempo que admiraba todo lo bueno. Advirtió la
importancia para Cuba de una respetuosa relación con el país norteño.
Tuvo, por muchas razones, como paradigma del progreso y las libertades
políticas y civiles, la ejemplar Constitución norteamericana, que lo
llevó a escribir un elogioso artículo sobre esa Carta Magna.

No es extraño que el actual presidente norteamericano, Barack Obama, aún
con conocimiento de las marcadas diferencias existentes entre democracia
y dictadura, haya decidido dar un paso de buena voluntad con el
castrismo a favor del bienestar del pueblo cubano, aun cuando muchos
desconocen lo que significa un estado de derecho y persisten aferrados
en seguir su apoyo al insolvente modelo castrista, paradigma de la
traición al ideal supremo del concepto de Patria en José Martí.

Desde su llegada al poder, el antidemocrático régimen castrista no ha
dejado de instigar sistemáticamente en contra de cada uno de los
gobiernos y presidentes que han pasado por la Casa Blanca. Fidel Castro
fue el máximo exponente del odio antinorteamericano. Con un enfermizo
rechazo a todo lo que viniera del Norte, llamó –como el Gran Hermano de
Orwell- a intensos minutos de odio contra Estados Unidos, sembrando en
la conciencia y visión de los cubanos una miopía asistida que provocó el
miedo y el rechazo, sin decir por qué ni cuestionar lo que sin ser
legislado se convertía en ley.

El cambio de la política norteamericana hacia Cuba anunciado por Obama
es una victoria de la democracia.

Ya fueron liberados los cinco espías que decidieron resistir el embate
carcelario con Internet y televisión por cable. Falta ahora que con el
mismo entusiasmo que celebró el regreso a casa de sus espías, el
gobierno cubano decida poner fin a las restricciones políticas y permita
la legalización de al menos un partido de oposición y de los movimientos
independientes de lucha contra el racismo, como el Movimiento de
Integración Racial “Juan Gualberto Gómez”, que la prensa independiente
deje de ser cuestionada como “mercenaria y antipatriótica”, que deje de
hostigar a las manifestaciones pacíficas que reclaman derechos y legisle
de forma abierta y con inclusión sobre las discriminaciones políticas
por maneras de pensar diferente una nación para todos.

Hay entusiasmo mayoritario de la población sobre una futura
normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Hay el
anhelo entre los cubanos de que el gobierno castrista levante las
restricciones que mutilan las aspiraciones humanas y se ponga a tono,
sin manipulación ni cortapisas, con el legado de José Martí, y repare
una constitución que muy poco tiene que ver con el anhelo del Apóstol y
es una abierta bofetada a todos los que como él lucharon por legarle a
los cubanos una patria libre.

Tiene el castrismo en sus manos, la oportunidad, ahora más que nunca, de
aprobar la ley complementaria contra el racismo plasmada en la
Constitución de 1940, de limpiar su imagen y legar a la actual y futuras
generaciones de cubanos una patria con todos y para el bien de todos.
Señalarse a sí mismo las reiteradas violaciones que comete mediante la
fuerza bruta contra la ciudadanía, particularmente contra la oposición,
que obstaculiza la franca convivencia entre los cubanos.

Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com

Source: Una victoria demócrata | Primavera Digital –
http://primaveradigital.net/una-victoria-democrata/

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