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Un consejo para los que se quedan aquí

Un consejo para los que se quedan aquí
Usted puede fregar platos en una cafetería o ser ayudante de un albañil
y seguir superándose. Mucha gente en el mundo lo hace, incluso con
edades avanzada
miércoles, julio 23, 2014 | Eliecer Ávila

LA HABANA, Cuba -Una de las frases más escuchadas entre la juventud
cubana de hoy es: “Yo quiero vivir en el siglo XXI”. Perseguir este
anhelo motiva la emigración de miles entre los de mi generación. Pero
todos no podrán obtener una visa o pagar una lancha, así que me permito
un consejo para los que tendrán que quedarse.

Si bien es cierto que el contexto, las oportunidades, los ingresos, la
libertad y los derechos son fundamentales para lograr las metas que nos
proponemos, creo que existe un componente vital en esta fórmula que a
menudo descuidamos, y es la formación personal necesaria para afrontar
los nuevos tiempos.

El ambiente de inercia general que se percibe en Cuba es engañoso y
ayuda mucho a pensar que no hace falta esforzarse demasiado en la
superación. La idea de que cursar una carrera universitaria es una
pérdida de tiempo ha calado en la mente de los adolescentes. En buena
medida esto se debe al ejemplo que ven en la vida de sus familiares que
más se sacrificaron estudiando.

Las reformas de los últimos años también aceleran el deseo de muchos de
desprenderse de los compromisos docentes para lanzarse con tío o con
primo a “luchar el baro en la calle”. Reunir los 20 cuc para “echarla
fresca” el fin de semana, trapichando lo que aparezca, se convierte en
un asunto de vida o muerte, incluso llega a ser el “indicador del éxito”.

Es cierto que uno de los “globos” reconocidos del sistema cubano es la
cifra exorbitante de graduados universitarios en carreras incluso para
las que no existe una demanda real, en esta sociedad urgida de
producciones básicas. Pero la formación no se trata solamente de asistir
a diario a un centro escolar. De hecho hay quien aprende a formarse
verdaderamente cuando sale de la burbuja, a menudo atrasada y
esquemática, que distingue a la educación oficial. Usted puede fregar
platos en una cafetería o ser ayudante de un albañil y seguir
superándose. Mucha gente en el mundo lo hace, incluso con edades avanzadas.

La emigración cubana, ejemplo de tenacidad y deseos de salir adelante,
me demostró en muchos rincones cuánto tuvo que aprender para insertarse
adecuadamente en un entorno de crecimiento y competitividad. En algunos
lugares, como suele afirmar un amigo que vive en España: “levantas una
piedra y salen diez masters con más de tres idiomas cada uno, y menos de
treinta años… La pelea no está fácil”.

Estoy plenamente convencido, por lo que he visto con mis propios ojos,
de que sabiendo menos, no avanzaremos más. Y la generación que hoy tiene
18 años en Cuba está notablemente menos preparada que la anterior.

A estos muchachos les tocó la locura de los “integrales”, la crisis de
los “emergentes”, la corrupción ligada a las ventas de exámenes,
fenómeno actual masivo y sin solución a la vista.

Para muchos, cuando un opositor habla de la importancia de la educación,
lo acusan de estar enarbolando las consignas del gobierno.

Yo creo que es un error descuidar este aspecto mucho más valioso en una
democracia capitalista que en un totalitarismo.

La educación es la clave fundamental de la diferencia entre las
democracias latinoamericanas y las europeas o norteamericanas. De ella
se derivan la mayor parte de los fenómenos que distinguen los muchos
tipos de capitalismo que existen hoy. Algunos marcados por una enorme
clase media, digna y confortable que convive en armonía y estabilidad.
Otros, arrastran los lastres permanentes de la extrema pobreza rodeando
la extrema riqueza, condiciones eternas para la inseguridad, la
corrupción y el subdesarrollo.

Constituye un ejercicio imprescindible analizar hoy hacia qué
capitalismo va nuestro país. Porque ya está claro que vamos al
capitalismo, no puede ser de otro modo y tampoco está ahí la esencia del
problema.

Si usted observa con detenimiento, puede ver que estamos asistiendo a
una rápida polarización social. Y ya se vislumbra sin mucho esfuerzo
quiénes serán las víctimas de este proceso y quiénes los beneficiados.

Por más que me esfuerzo no logro ubicar en ese futuro a la masa
gigantesca de muchachos, la mayoría de piel negra, que se apodera del
extenso Malecón habanero cada sábado, hasta el punto de cederle solo una
esquina a los persistentes gays, que nunca han estado dispuestos a
abandonar su isla de libertad.

Con su reproductor musical en mano y a todo volumen, la música de sus
ídolos traqueteando en sus oídos, gozan de lo lindo la eterna
enajenación de vivir ausentes… Acérquese y escuche sus conversaciones,
observe sus actitudes en las guaguas, pregúnteles lo que sea y entenderá
de lo que estoy hablando…

Por ahí andan algunos todavía edulcorando los problemas de marginalidad,
racismo y desventajas sociales… Tienen trabajo para rato si no se hace
algo profundo y estructural para revertir esa tendencia nefasta y creciente.

Desde un satélite ya se puede ver, si esto sigue como va, a los
oligarcas cubanos del futuro y a los habitantes de los cerros que se
levantarán cuando media Habana se haya derrumbado. Yo tengo pesadillas
con un país así. Sobre todo porque estoy convencido de que podemos
hacerlo mejor.

Por eso les digo a esos muchachos sin pedigrí ni familia cercana afuera
que sirva de salvavidas artificial: -No pierdan tanto el tiempo,
hermanos; no se duerman como el camarón o el futuro no tendrá piedad de
ustedes-.Lo que algunos heredan otros tenemos que construirlo ladrillo a
ladrillo, con el inconveniente, si eres sincero de tener al Estado en
contra. -Despierten, preocúpense y ocúpense de ustedes mismos.

Las grandes transformaciones vienen y el que lleve la ventaja de haber
sido buen previsor se adaptará con facilidad, el que ya esté medio sordo
de tanto traqueteo en el oído y no tenga algo útil que ofrecer será una
víctima; es la realidad y no les mentiré para agradarles.

Tampoco habrá más “revoluciones que le quiten todo a los que tienen para
dárselo a los que no tienen”. Este fraude histórico en Cuba no se puede
volver a permitir.

Para nosotros, es el conocimiento el recurso más valioso al que podemos
aspirar. De él obtendremos lo necesario siempre para sostener nuestras
familias y no dejaros mancillar fácilmente. No importa si ejercemos un
oficio manual o intelectual; la cultura no hace distinciones.

La envidia, el irrespeto, la violencia, la apatía, el conformismo, la
chivatería, la vulgaridad, el desorden, y muy especialmente la manía de
gobernar eternamente, son en gran medida, problemas de formación.

Source: Un consejo para los que se quedan aquí | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/un-consejo-para-los-que-se-quedan-aqui/

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