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De eso no se habla, y se acabó

De eso no se habla, y se acabó
Entrevista con Juan Antonio Madrazo, líder del Comité Ciudadano por la
Integración Racial
REINALDO ESCOBAR, La Habana | Junio 14, 2014

Una de las discusiones que ha sufrido más postergación en Cuba es la que
se refiere a la discriminación racial. En la década de los 60 se dio por
eliminado ese problema, simplemente porque el Gobierno decidió que ya
todos éramos iguales. Pero en la vida real no ha sido así y es por eso
que en los últimos cincuenta años han aparecido diferentes movimientos
desde diversos sectores con la intención de rescatar el debate.

El Comité Ciudadano por la Integración Racial es uno de estos
movimientos, surgido en agosto de 2005 a partir de un grupo de amigos
sensibilizados con el tema racial. Desde el activismo y la academia,
persiguen el objetivo de hacer presión para que la problemática racial
forme parte de la esfera pública. Juan Antonio Madrazo Luna lidera esta
iniciativa:

Pregunta. ¿Cuáles son las demandas del Comité Ciudadano por la
Integración Racial y cuál ha sido la reacción gubernamental?

Respuesta. Nuestro activismo se encamina a rescatar la autoestima en los
afrodescendientes cubanos y a colocar el tema en la mayor cantidad
posible de agendas. Las autoridades cubanas ven en esto un conflicto
político para el que no tienen respuesta. Todos los días somos testigos
de cómo se intenta desmovilizar el discurso antirracista, que es un tema
que está al rojo vivo y que resulta un peligroso combustible.

El Gobierno sostiene que el tema racial es una amenaza para la seguridad
nacional y que debatirlo públicamente pudiera afectar la unidad del
país. Y aún cuando es ya algo obsoleto en la academia latinoamericana se
sigue utilizando para enfrentarnos “la ideología del mestizaje”. Si bien
es cierto que Cuba es mestiza, la exposición acrítica de esa realidad
puede convertirse en un mecanismo de doble filo porque silencia y
enmascara las tensiones raciales que puede haber y que de hecho hay en
la sociedad cubana actual.

Se recurre igualmente al argumento de la igualdad, cuando todo el mundo
sabe que en estos últimos años la desigualdad se está haciendo más
visible en la sociedad cubana, donde es evidente que la gran mayoría de
los afro-descendientes cubanos continúa anclada en el sótano de la
pirámide social.

P. ¿Qué acciones concretas realiza el Comité para alcanzar sus objetivos?

R. En el plano doméstico, como plataforma de comunicación, cada año
realizamos un foro académico que se llama Raza y Cubanidad, donde
participan tanto gente de dentro del país como cubanos de la diáspora e
invitados de otros países. Por ejemplo, hemos contado con activistas del
movimiento de Derechos Humanos Cimarrón, gente de Colombia, de Brasil.
La labor del Comité ha sido posible en el plano exterior gracias a la
colaboración de organizaciones como Solidaridad Española con Cuba,
Jaulas Abiertas de Perú o Caminos de Libertad de México y la Plataforma
de Integración en Miami con su revista Islas. Esta última es un espacio
que, como en su momento hizo la revista Encuentro de la Cultura Cubana,
ha tendido puentes entre la diáspora y el interior del país y entre la
intelectualidad y el activismo. Cuando se revisa los primeros números se
encuentran firmas de María del Carmen Bacia, Esteban Morales y otros
intelectuales orgánicos, hasta que la revista fue satanizada por el
Gobierno y ya nadie se atrevió a seguir publicando allí.

Trabajamos haciendo talleres en algunas comunidades con situaciones
límites y en eso hemos tenido otros colaboradores como la Red de
Bibliotecas Independientes Reinaldo Bragado, Primavera Digital y el
proyecto Nuevo País. El Comité tiene representaciones en Santiago,
Guantánamo, Matanzas y Pinar del Río. Estamos también inmersos en otras
acciones como la creación del Observatorio Ciudadano Contra la
Discriminación, donde además del asunto racial se encuentra la
discriminación por género, por preferencias sexuales o por posiciones
políticas.

P. A partir de las flexibilizaciones migratorias algunos activistas han
podido salir de Cuba. ¿Cuál ha sido el fruto de esos viajes?

R. El año pasado tuvimos la oportunidad de estar en el congreso de la
Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), donde también marcamos
un precedente como embajada de la sociedad civil, y hemos llegado a
colocar nuestro discurso en lugares como el Miami Dade College, donde
hasta hace poco parecía imposible llegar.

Participamos también en la 8a conferencia de Estudios Cubanos y
Cubanoamericanos que se hace anualmente en la Universidad Internacional
de la Florida, donde ya el tema racial está tomando fuerza entre los
estudios académicos sobre la Isla y pretendemos estar en la 10a
Conferencia convocada para los últimos días de febrero de 2015. Hemos
participado en la Asamblea de la OEA sobre el tema de Derechos Humanos e
Inclusión, lo que nos permitió hacer contactos con muchas personas e
instituciones con quienes tenemos intereses comunes.

P. Según puede verse, el Comité oscila entre las actividades académicas
y el activismo social. ¿En qué línea se inclina con mayor fuerza?

R. Nos inclinamos más hacia el activismo pero desde la gestión del
conocimiento. Yo siempre defiendo la idea de que la gestión de
conocimientos es lo que más favorece la arquitectura de la sociedad
civil. Creo incluso que ahí se identifica una de las debilidades de la
emergente sociedad civil cubana, que a veces no aprovechamos todos los
recursos del conocimiento que tenemos a nuestro alcance para poder
desarrollar nuestra labor como activistas.

Toda esta fuente de conocimiento hay que llevarla a la comunidad a
través de talleres y laboratorios de participación pedagógica. El
antirracismo podemos y debemos activarlo a través de la pedagogía, que
es una de las debilidades para la cual el Gobierno no ha tenido
respuesta. Incluso, desde la propia Asamblea Nacional se ha planteado el
asunto para que el tema del racismo comience a plantearse desde la
enseñanza. Pero no ha sido posible, porque en el sistema educacional la
alarma del antirracismo está desactivada.

P. ¿Y cómo son las relaciones con el ambiente académico oficial?

R. Tenemos buenas relaciones con personas del ambiente académico de las
esferas oficiales con quienes nos retroalimentamos a pesar de los
linchamientos mediáticos que nos han caído encima, no solamente a
nosotros, sino también en el entorno de la oficialidad, como ha ocurrido
con los intelectuales Roberto Zurbano o Tomás Fernández Robaina, a
quienes se les acusa de divisionismo y de colaborar con el enemigo. A
nosotros nos acusan de anexionistas y hasta han inventado el término de
afroderecha.

No obstante, tratamos de estar presentes en todos los eventos que se
realizan en el ámbito oficial, a veces nos dejan participar, otras no,
como ha ocurrido en algunos debates de la revista Temas. Hacemos acto de
presencia porque de lo que se trata es de que el tema racial salga a la
calle y no siga anclado en los espacios fiscalizados.

Hay otros espacios oficiales o quizás más oficiales aún, como una
Comisión del Comité Central supuestamente dedicada al tema racial, pero
a pesar de existir esa instancia, nadie habló del asunto ni en el 6º
Congreso del Partido ni tampoco en su Conferencia Nacional, ni siquiera
tuvo la presencia que se esperaba en el congreso de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a pesar de que se trató de
incluirlo en los foros provinciales. Esta comisión está dirigida por un
vicepresidente del Consejo de Estado, pero ellos no aparecen físicamente
en ningún evento donde se discuta el tema, ni desde el ámbito académico
ni desde el activismo.

La UNEAC, por su parte, creó la llamada Comisión Aponte, pero está
controlada por la Comisión del Comité Central del Partido y desde luego
por la Seguridad del Estado. Ha sido la Comisión Aponte la que se ha
dedicado sistemáticamente a silenciar el tema del que debiera ocuparse.

P. Pero fuera del entorno oficial ha habido muchas iniciativas…

R. En los 90 surgió Color Cubano y, antes aún, el músico Gerardo Alfonso
tenía una plaza en un sitio llamado La Madriguera; en la Asociación
Yoruba de Cuba hubo un proyecto llamado Arte Patria y Poesía. Existen
otros espacios alternativos, como la Cofradía de la Negritud; y
Afrocubana Colectiva, de corte femenino, desde la Casa del África Leyda
Oquendo logró realizar debates muy abiertos; y en Internet está el blog
“Negra Cubana tenía que ser”.

P. ¿Crees que la situación del racismo en Cuba es igual, mejor o peor
que antes de 1959?

R. Desde su semilla fundacional ha habido racismo en Cuba. Casi forma
parte de nuestra mala educación sentimental. Antes de 1959 había un
racismo estructural que dinamitaba las bases sociales, pero también en
esa época había células de la sociedad civil que visibilizaban los
problemas. Un diario tan reaccionario como La Marina fue el primero en
incluir una columna llamada “Ideales de una raza”, dirigida por Gustavo
Urrutia y donde participaban personas como Gastón Baquero o Jorge
Mañach. Existían las asociaciones de negros y mulatos. En las provincias
más conservadoras, como Camagüey o Santa Clara, estaban las “Sociedades
Maceistas”, que trabajaban en pos del empoderamiento de los
afro-descendientes; estaban las hermanas Oblatas, una orden religiosa
que jugó un papel muy importante.

Lo primero que hizo la revolución fue desactivar las sociedades de
negros y mulatos pero, cosa curiosa, quedaron la china y todas las
sociedades españolas, donde incluso hasta principios de los 90 uno no
podía participar de sus servicios si no era socio.

En el 62 se declaró abiertamente que el racismo se había eliminado en
Cuba y que no hacía falta discutir sobre el asunto. “De eso no se habla,
y se acabó”. Se instauró el concepto de que los negros y mulatos nos
habíamos convertido en personas gracias a la revolución. Para decirlo
con el lenguaje usado en la realidad: que la revolución nos había bajado
de la mata.

Resulta muy difícil hablar del problema racial en Cuba porque la mayor
parte de las investigaciones hechas por el Instituto de Antropología se
conservan como secreto de Estado, y allí en esos documentos tan bien
guardados se refleja la subrepresentación de los afro-descendientes en
la política de cuadros y más recientemente en la economía emergente. En
la economía privada puedes encontrarnos en las “figuras coloniales”
deambulando por el centro histórico, los carretilleros, los zapateros y
en general en los renglones más bajos Por otra parte, está la baja
representación en las empresas mixtas y los ministerios blanqueados como
son el de Relaciones Exteriores o el de Inversiones Extranjeras. No hay
datos publicados sobre el porcentaje de afro-descendientes en la
población penal, aunque sabemos que es muy alto.

Algo similar ocurre en la publicidad y en los medios, donde las actrices
negras están condenadas al cepo o la humillación. Todavía estamos
esperando que aparezcan los profesionales negros en la televisión.
Tampoco son visibles las parejas interraciales y solo aparecen como algo
pecaminoso, como un incesto…

P. Muchas personas coinciden que el país está abocado a sufrir grandes
transformaciones y es muy posible que con los cambios venideros aumenten
en lugar de disminuir las diferencias sociales. ¿No temes que otra vez
los afro-descendientes estén entre los menos favorecidos?

R. Eso no es un peligro para el futuro, sino una realidad del presente.
Estamos asistiendo a una creciente diferenciación social bajo el actual
capitalismo de Estado, y ya se sabe que puede influir en eso la
permanencia de los viejos, aunque vigentes, patrones racistas. Por eso
trabajamos desde ahora y soy optimista: Algún día todos seremos cubanos.

Source: De eso no se habla, y se acabó –
http://www.14ymedio.com/entrevista/entrevista-integracion-racial_0_1578442141.html

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