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Wendy Guerra habla sobre el ‘in-xilio

Publicado el sábado, 04.12.14

Wendy Guerra habla sobre el ‘in-xilio’
MIGUEL A. SIRGADO
ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

A finales del 2013 la editorial Anagrama publicó Negra, la cuarta novela
de la escritora y actriz cubana Wendy Guerra (La Habana, Cuba, 1970). La
obra narrativa de Guerra ha sido considerada por algunos críticos entre
las mejores de la actual narrativa latinoamericana y como tal, ha sido
traducida a más de una docena de idiomas. En Cuba –el lugar donde reside
y en el que nunca le habían publicado a pesar de haber ganado el premio
Bruguera en el 2006 y haber sido nombrada Chevalier de l’Ordre des Arts
et des Lettres de la república francesa– acaba de publicar su novela
Posar desnuda en La Habana. Diario Apócrifo de Anais, basado en la vida
de la escritora Anais Nin.

En múltiples ocasiones la autora ha confesado que a través de los
contextos y las tramas de sus libros trata de acercarse a ciertos
prejuicios y tabúes de su realidad: el éxodo de cubanos de su
generación, el racismo, la bisexualidad, la ausencia de mujeres en las
esferas del poder en Cuba, entre otros. Temas que, por demás, han
permanecido silenciados en la escritura actual cubana dentro de la isla.

La trama narrativa de Negra se desarrolla entre Cuba y Francia, pasando
por otros lugares como Cataluña, y abre una grieta a través de la que se
observa el ángulo desde el que la autora explica lo que sucede con un
segmento de la población negra en Cuba, al que, tanto antes como después
de la Revolución, le ha costado mucho integrarse, sobre todo por motivos
socioeconómicos.

¿Por qué escribes desde Cuba, un lugar en el que no se publican y al que
no llegan tus libros?

Alguien tenía que quedarse a contar sobre el in-xilio. Alguien, junto a
11 millones de dramas, una mujer menuda, vestida de negro, una mujer que
ríe y llora bajo la lluvia, espera que escampe en el trópico, bajo la
espesa densidad del diluvio, saturada de esa poética y eterna maestría
que nos legaron los grandes escritores cubanos, vivos y muertos. Alguien
espera que amaine, bajo quinquenios de silencio, alguien que guarda la
memoria de los suyos y a su manera la delira o la transforma. Yo soy uno
de esos “alguien” que resiste en la isla, con la percepción de asentar,
ficcionar y sobrevivir a sus páginas, en su orilla de siempre, yo soy
simplemente la autora que se quedó en el mismo espacio urbano para
contar lo que pasa en su interior, la primera persona de una vida
colectiva entre ruinas, silencio y miedo, alegrías, deseo y profundas e
incomprensibles asfixias y espasmos.

Cuba ha sido para mí ese lugar al que volver y del que nunca partir
definitivamente, yo no me quiero ir a vivir a otra parte, es mi derecho
quedarme, no lo soportaría. Mi alma no soportaría un exilio aunque el
in-xilio no ha sido fácil, pero he sobrevivido y de eso habla mi
literatura, de resistencia. Aquí estoy, a pesar de Cuba, a pesar de mi
diatriba cubana, a pesar de mí misma. Los libros más duros desde el
punto de vista del telón de fondo social no se publicarán por el momento
en la isla, el libro de Anaïs Nin ha salido porque ocurre en 1922 y
trata asuntos aparentemente ajenos a los que nos competen hoy, pero yo
tengo la paciencia asiática, la fuerza africana y el temple de una
catalana. No voy a dejar mi lugar en Cuba, no quiero, no voy a soportar
estar fuera de mi propia sombra. Me moriría, lo se.

¿Por qué Negra? (el libro, el personaje)

El libro posee una poderosa “trampa de mono” (especie de güira africana
que contiene su señuelo de comida) que te atrapa en su desenlace sin
poder sacar la mano de la narración interior. ¿Quién cuenta
verdaderamente esta historia? Lo sabremos al final. Tiene la estructura
de una fábula africana, circular y dúctil en su estructura, con un
lenguaje palpablemente percutivo –en 6 por 8– y la necesidad de contar y
manifestar recetas de una cultura que nos integra. Refranes y cánticos
que contiene la Regla de Ocha. Para mí era sustancial recrear el mundo
de una cubana nacida en el 1978, tras varias generaciones de
hacinamiento social y contradicciones morales, divergencias entre las
posturas aparentemente integradas en nuestra sociedad pero muy
segregadas en la intimidad de esa colectividad. Para mí era emergente
dibujar ese mundo con sus claroscuros, sin juzgar, sin prejuicios, sin
una opinión final sobre el proceso que iniciaba durante la
investigación. Era la novela que quería escribir a los 40 años, me
sentía parte de ese remolino mestizo que me tiraba del fondo a la
superficie y que me apremiaba escribir y compartir con mis lectores en
13 lenguas.

¿Por qué una “heroína trágica” como protagonista: alguna relación con tu
propio destino?

La composición estructural de esta novela refiere aquel camino de la
llamada dramaturgia clásica en el que, a los 10 minutos de trama, el
protagonista habla con el oráculo y al ser consultado éste le refiere un
camino del cual, el héroe, resuelve escapar. Nirvana del Risco desea
irse del círculo que dibuja su oráculo africano y nunca llega a la
estera. Es así como la protagonista decide bajar los estigmas y escapar
en el plano de la autodeterminación.

¿Debe una mujer cubana, muy pero muy bella, negra como la noche, hija de
practicantes convencidos (casi fanáticos) profesar o no profesar la
misma religión que sus padres y abuelos? ¿Debe o no seguir el estigma
político de cuatro generaciones? ¿Debe Nina vivir con un europeo porque
todo apunta que esa es la única solución a su fatalismo geográfico y
estético, el de ser una mujer con cánones de belleza diferentes, a la
que hiere constantemente en gestos y actitudes el profundo racismo
insular? En Nina se acumulan todas estas respuestas y muchísimas
preguntas que muchas cubanas y cubanos tenemos. En sus respuestas está
la problemática escrita sobre la piel de un país que se piensa blanco y
suena, como sus tambores de fundamento, líricamente mestizo.

¿Cuéntanos sobre el proceso y la experiencia de escribir una novela que
aborda cuestiones de la cultura afrocubana desde una perspectiva “blanca”?

Ha sido un viaje a una isla que yo no conocía a pesar de que la
escuchaba, la olía, la sentía del otro lado de mi calle. Entenderme en
esta isla me ha hecho mucho mejor ser humano, un ser mucho más
consciente de lo que me rodea y de la profundidad del drama. Esta novela
es un melodrama real. Untar, tragar, sentir todos estos rituales a flor
de piel es parte del proceso de escritura y parte de mi orden interior
para seguir lidiando con un país que ya expresa abiertamente sus códigos
afrocubanos en el diario acontecer. Un país que hoy intenta resolver sus
dolores con bárbaras y mágicas recetas que llevan sangre, plumas, aromas
delicados, perfume y veneno o rezos, patikíes, medicina para el alma.
Probar, andar descalza sobre estas pócimas y estas endémicas soluciones
me acercan mucho más al país real, no al soñado, no al imaginado, no al
idílico edulcorado, reconocible país culto y supuestamente blanco, hay
otra milenaria cultura con códices diferentes que nos abarca, posee,
encarna y debemos asumirlo hasta reconocernos. Esto es una evidente,
tangente realidad. Este también es mi país y de este viaje vengo llena
de dolores, rituales, miedos, furores, alegrías, utopías y accidentes
sentimentales.

¿Es Negra en alguna medida un termómetro de la sociedad cubana actual?

Siempre tengo mucho cuidado al catalogar o etiquetar a toda una
sociedad. Viviendo en Cuba te das cuenta que cada día afloran asuntos
antes vedados, silenciados. Desde la crónica roja hasta el espiritismo,
desde la bisexualidad hasta el maltrato doméstico, desde los presos
políticos, hasta las casas ilegales de juego. Hay una Cuba secreta que
destila y fluye por debajo de la política, por debajo de las
informaciones oficiales, por debajo de nuestras conciencias cotidianas.
Hay otras Cuba de las que poco se habla en voz alta y esta es una de las
que he decidido subirle el volumen, ponerle voz y desnudarla a pleno
sol. Esta novela trata de una de las tantas Cuba que podemos contar, y
que te preguntas, por qué no se ha hablado de esto antes dentro de la
ficción y por qué nadie se ha atrevido a editar recetas como estas
(cortesía del archivo de la gran Natalia Bolívar) en esa complicidad con
lo secreto radica la clave de mi ruta.

¿Proyectos futuros?

Estoy escribiendo una novela corta sobre el miedo y las neurosis que
destilan esos miedos; las aprensiones que hoy tenemos los cubanos
criados en la revolución, entre ellos el delirio de persecución, el
pánico a los micrófonos y la sensación de que nos espían de allá o de
acá. ¿El marido o el jefe, la hermana o la cuñada nos espía? Ese es el
punto.

Terminamos con éxito el paso de Todos se van al cine, gracias al trabajo
del excelente director colombiano Sergio Cabrera, quien, a pesar de que
no le facilitaron los permisos pertinentes para rodar en Cuba, recreó
todos los escenarios en la costa colombiana.

¿Anhelos inmediatos?

Mi anhelo es poder hacer en Cuba una editorial alternativa que rompa el
silencio editorial en un país donde la gente sí lee y sí le importa la
literatura, recordemos que la internet no ha llegado a los hogares
cubanos y los hábitos de lectura aún son parte de la rutina del cubano.
Mi anhelo es editar a quienes no tienen voz. Mi anhelo inmediato es
regresar lo que la vida me ha regalado, la posibilidad de elegir qué
escribir y dónde publicarlo.•

miguelsirgado@aol.com

Source: Wendy Guerra habla sobre el ‘in-xilio’ – Cuba –
ElNuevoHerald.com –
http://www.elnuevoherald.com/2014/04/12/1723954/wendy-guerra-habla-sobre-el-in.html

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