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La culpa de la esclavitud

La culpa de la esclavitud
Los Castro no deben pedir a otros que presenten excusas, cuando ellos
son incapaces de darlas
miércoles, abril 2, 2014 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba — El pasado miércoles, el diario Granma publicó en
primera plana una noticia interesante. Su titular reza así: “Cuba apoya
en ONU reclamo caribeño de compensación por esclavitud”.

En el cuerpo de la información se reproducen algunas de las palabras
pronunciadas por la diplomática Daylenis Moreno durante la celebración
del Día Internacional consagrado a recordar a las víctimas de la
monstruosa institución arriba mencionada: “Apoyamos resueltamente la
justa solicitud de disculpas sinceras y las consecuentes compensaciones
exigidas por los estados miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM)”.

Es verdad que los Castro y sus representantes no son las personas más
indicadas para estar pidiendo a otros que presenten excusas, cuando
ellos mismos son incapaces de darlas. ¿Alguna vez han expresado
remordimiento por la amenaza de guerra nuclear en que metieron al mundo
en 1962? ¿O por las guerrillas que organizaron y financiaron en toda
América Latina? ¿O por las decenas de miles de cubanos cuyas muertes
cruentas han provocado? ¿O por el terrible desastre en el que han sumido
al país?

No obstante eso, es verdad que la idea en sí de que las antiguas
metrópolis esclavistas presenten disculpas por su actuar, es correcta.
Pero tengamos claro que como el terrible flagelo lo sufrieron de igual
modo los ascendientes de muchos de nuestros compatriotas, resulta
evidente que el gobierno de La Habana aspirará a que también nuestro
país reciba una indemnización por los perjuicios irrogados a esos
antepasados.

En principio, nada tengo que objetar a esa pretensión, ni a la
reclamación formulada por nuestros vecinos del CARICOM. Al contrario,
las apoyo con entusiasmo. Una decisión como la que se reclama
constituiría un acto de elemental justicia hacia aquellos desdichados
que fueron arrancados de su tierra natal y arreados en condiciones
infrahumanas a través del océano a fin de ser explotados de modo
inmisericorde en una tierra extraña.

Lo que despierta mis dudas es qué destino le darán a la compensación las
autoridades de La Habana, en el supuesto de que logren poner sus garras
sobre ella. Mi perplejidad no es gratuita. El régimen castrista tiene
una larguísima experiencia en esquilmar a sus súbditos de los
resarcimientos que les corresponden. Entre otras muchas cosas, esto
incluye las generosas ayudas ofrecidas por países extranjeros en casos
de ciclones y otras catástrofes.

Como jurista, recuerdo la consulta que me hizo años atrás un ex
marinero. El barco mercante en el que navegaba fue atacado en las costas
de Sri Lanka por las fuerzas armadas de ese país en febrero de 1997. Las
tropas gubernamentales se equivocaron al considerarlo un buque pirata
que llevaba suministros para los insurgentes Tigres Tamiles, que por
aquellas fechas llenaban de sangre y dolor el bello país insular asiático.

El asunto fue negociado por vía diplomática, y la Parte Cubana obtuvo
una indemnización cuantiosísima. Por supuesto, esta última comprendía no
sólo los daños materiales (que no fueron tan considerables), sino sobre
todo los perjuicios morales ocasionados a los tripulantes, cuyas vidas
habían corrido serio peligro.

Las autoridades castristas, tras embolsillarse las decenas de millones
de dólares, convocaron a los marinos, a los cuales ofrecieron una magra
paga en devaluados pesos cubanos, siempre que firmaran un papel en el
cual se declaraban resarcidos por todo el menoscabo sufrido durante el
ataque. Alguno (como el que acudió a hacerme la consulta) se negó a
tolerar semejante despojo y aspiró a una compensación menos mezquina,
pagadera además en la misma moneda dura desembolsada por los ceilandeses.

El caso no es excepcional: Una situación parecida confrontan de manera
sistemática las decenas de miles de “trabajadores internacionalistas”
—como, por ejemplo, los del sector de la salud—, a los que sólo se les
paga una porción ínfima de los miles de dólares mensuales que abonan por
sus servicios los países en los que laboran.

A esto se suma la absoluta falta de transparencia del Estado cubano con
respecto al uso que da a los ingresos que recibe. Años atrás, cuando los
ciudadanos —al menos en el plano formal— no pagaban impuestos, el
secretismo no se echaba tanto de ver. Pero ahora, cuando cientos de
miles de trabajadores por cuenta propia sí abonan cuantiosos tributos,
se ha mantenido la práctica viciosa de no informar a qué se destinan los
dineros que ellos aportan.

Entonces, la duda está bien fundada: Es correcto que haya una
indemnización para las víctimas de la esclavitud, pero en su caso y
oportunidad, ¿qué uso les darán a esos fondos las autoridades
castristas? ¿Llegarán ellos a quienes los merecen o desaparecerán
también en manos de los que ya lo tienen todo?

Source: La culpa de la esclavitud | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/la-culpa-de-la-esclavitud/

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