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El fin de la historia o los inicios de una nueva y más compleja?

¿El fin de la historia o los inicios de una nueva y más compleja?
Luis Cino Álvarez
31 de marzo de 2014

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Cada vez se hace más evidente cuán
equivocado estuvo Fukuyama al anunciar el fin de la historia: en vez de
terminar, se retuerce y se hace cada vez más compleja.

El capitalismo, al menos como es conocido en la actualidad, no las tiene
todas consigo.
Nadie duda que el socialismo real fuera aplastado por los escombros del
Muro de Berlín, pero no ocurrió lo mismo con las ideas socialistas. En
socorro de Marx, el profeta fallido, la izquierda, luego del
desconcierto inicial por el derrumbe del bloque soviético, echó mano de
Gramsci, Proudhon, Bakunin y Trostky. Ahora, en momentos de crisis
económica, el anti-capitalismo nutre sus filas de ecologistas,
anarquistas, indigenistas, activistas contra el racismo y por la
diversidad sexual y el multiculturalismo, entre una gama de gente
anti-sistema.

Las reformas capitalistas enrumbaron a China y Vietnam hacia la economía
de mercado, pero no a la democracia.

En la Cuba de las lentísimas reformas raulistas, no hay una gota de
democracia. Ni siquiera hay economía de mercado, sino un mercantilismo
post-feudal parecido al que implementaron las monarquías absolutistas de
hace cinco siglos atrás.

En América Latina, la decepción con los partidos políticos tradicionales
ha traído el contagio populista del difuso socialismo del siglo XXI.

Aún subsiste un aberrado y atroz régimen totalitario en Corea del Norte,
que para colmo de males, dispone de armas nucleares.

También están a punto de tener armas atómicas otros aberrados: los
clérigos iraníes. Además de la India y Pakistán, que de milagro no se
las han lanzado mutuamente a propósito de Cachemira.

Los pueblos pequeños, luego de zafarse de las cárceles de pequeñas
naciones que fueron los imperios ruso, austro-húngaro y otomano,
acomplejados por la falta de grandes relatos históricos que contar, se
los inventan para nutrir y justificar un nacionalismo extremo, que es la
única defensa que encuentran para autoafirmarse ante el empuje
arrollador de la globalización capitalista.

Es mucho peor cuando los acomplejados y los ultranacionalistas son los
imperios venidos a menos, como Rusia, que no inventa historias, sino que
aspira a reeditarlas.

Como si fuera poco el peligro del fundamentalismo islamista, ahora
Occidente tiene que enfrentar las trasnochadas apetencias imperiales de
Rusia, que acaba de anexarse a Crimea y Sebastopol como en su momento
hizo la Alemania nazi con Austria –el Anchlus– para luego apoderarse de
los Sudetes y el Corredor de Dantzig.

Luego de la anexión de Crimea y Sebastopol, solo queda esperar el
próximo zarpazo ruso. Puede ser en Ucrania, en Georgia, como en 2010, o
en cualquier otro lugar del antiguo imperio. Lenin y Stalin crearon
suficientes problemas de nacionalidades como para que el zarecito Putin
tenga tela por donde cortar. Como hizo ahora, al aprovecharse de la
mayoría rusa en Crimea, creada por Khrushov, quien en 1954, en
cumplimiento del encargo de Stalin, casi dos años antes de denunciar sus
crímenes y el culto a la personalidad en el XX Congreso del PCUS, le
regaló la península a Ucrania.

60 años después, Rusia ha corregido esa anomalía. Putin, que ya había
enviado una avanzada de un millar de soldados con el pretexto de
defender a los ruso-parlantes, apenas pudo esperar que se terminaran de
contar los votos del referendo, para decretar la incorporación de Crimea
y Sebastopol a la Federación Rusa.

¿Se imaginan cuánto hubiesen gritado los eternos agraviados con el
imperialismo yanqui si los Estados Unidos hubiesen hecho en algún sitio
algo parecido a lo que ha hecho Rusia en Crimea?

Ya que andamos por el camino de las suposiciones, ¿qué pasaría si a sus
antiguos dueños les diese por recuperar Alsacia, Lorena, Gibraltar o
Trieste? ¿O a Evo Morales, apoyado por los gobiernos de la Alianza
Bolivariana, arrebatar a Chile la salida boliviana al mar y luego
recomponer el Tahuantinsuyo?

El precedente que se ha sentado es funesto. Rusia ha retrotraído el
escenario, no ya a los tiempos de la Guerra Fría, sino aun más atrás, a
los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial, que fue hasta
cuando duró el imperio de los zares antes de ser reemplazado por el de
la hoz y el martillo, que escondió sus apetitos con el internacionalismo
proletario.

Occidente ahora paga el precio por permitirle a Rusia sus pujos
imperiales en Siria.

Si Putin con tal de no perder la base de Tartus, apuntaló el régimen
asesino de Assad, ¿qué no estará dispuesto a hacer por retener
Sebastopol, el acceso de la flota del Mar Negro al Mediterráneo?

No soy optimista respecto al futuro de Ucrania. Occidente poco puede
hacer para defenderla, más allá de imponer sanciones a Rusia y
descontarla de la membrecía del G-8. No va a ir a una guerra
–probablemente nuclear– con Rusia por Crimea. Ni siquiera por Ucrania,
si Rusia la ataca, digan lo que digan.

A Rusia es poco probable que se le sacie el apetito. El gobierno ruso no
para de expresar su preocupación por la suerte de los ruso-parlantes en
el oriente de Ucrania. Ha expresado interés por reforzar sus lazos
militares con Cuba, Venezuela y Nicaragua. Y va y un día le da por
recuperar Alaska…

Y la historia, lejos de acabarse, como daba por sentado Fukuyama hace
casi un lustro, cada vez se hace más enrevesada. Y peligrosa.

luicino2012@gmail.com
Círculo Cínico

Source: PayoLibre.com – Cuba – -
http://payolibre.com/articulos/articulos2.php?id=5987

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