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Retos de la Educación cubana ante la cuestión racial

Retos de la Educación cubana ante la cuestión racial
octubre 3, 2013
Esteban Morales*

HAVANA TIMES — Durante días anteriores al comienzo del curso escolar
2013-2014, se realizaron comparecencias de los Ministros y funcionarios
de ambos ministerios de Educación, evaluando la situación del país, con
vistas al nuevo periodo lectivo.

Si me preguntaran, diría que la educación y el desarrollo científico
alcanzado por nuestro país, son las obras más importantes de la
Revolución Cubana. Nada de lo hecho hasta ahora les sobrepasa en meritos
y resultados.

Pero, lamentablemente, en ninguna de las intervenciones, ni de los
documentos circulados por la prensa nacional, ha salido a relucir un
tema que consideramos de fundamental su tratamiento: la cuestión del
“color” en la educación cubana.

Nuestra sociedad cubana es un cuerpo social multicolor; pero ese asunto
está totalmente ausente de los currículos educacionales, tanto en la
educación general, es decir, desde la primaria, hasta el
preuniversitario, como en la educación superior.

No tratándose solo de una carencia en las clases y conferencias que
recibe el estudiantado, sino de una preocupante ausencia en nuestros
libros de historia nacional y de texto en general.

Así como del claustro, para abordar algunos temas en los que presentamos
un déficit importante: África, Asia y Medio Oriente. Muy interconectados
con los estudios dentro de la temática racial cubana.

Pero, en particular, la cuestión racial no debe ser vista únicamente
como un asunto de la escuela, en su sentido estrecho, sino de todo el
sistema, mediante el cual deben llegar a nuestro estudiantado y al
pueblo en general, los conocimientos de tan importante tema.

Los estereotipos raciales, la discriminación y el racismo, no tienen un
carácter institucional porque ellos no resultan de la consecuencia de
una voluntad política que los defienda y promueva desde el sistema
político de la sociedad cubana.

Pero todavía, la institucionalidad que nos debe ayudar en esta batalla,
por hacer de nuestra sociedad cubana un órgano multirracial o más bien
multicolor, no termina de desempeñar el papel que les corresponde.

Lo cual de todos modos, ha implicado también ciertos elementos de falta
de voluntad política y de excesivo espíritu burocrático, ligado a
demoras inexplicables, para acometer la solución de tan ingente problema
que afecta de sobremanera el proyecto cubano de igualdad social.

Situación esta que en los años más recientes ha comenzado a
solucionarse, a partir de las coordinaciones y estructuras de
colaboración, lideradas por la UNEAC, que se construyen para acometer
integralmente un trabajo que de respuesta a las necesidades planteadas.

Esa institucionalidad está formada, en lo fundamental, por cuatro
elementos, es decir, un cuadrilátero de fuerzas, que a nuestro juicio es
el siguiente:
- La escuela, entendiendo por ello, la educación, en todos sus niveles y
formas de realización.
- Los medios masivos, entendiendo por tales, la prensa escrita, la
radio, la televisión, el cine y todos los mecanismos de distribución y
dispersión de información que se utilizan.
- El sistema Estadístico Nacional. Con sus mecanismos de recolección y
procesamiento de información económica y social.
- La ciencia, como factor que contribuye a la investigación y a formar
la base de conocimientos sobre nuestra sociedad. En particular, las
Ciencias Sociales y Humanísticas. Que tanta importancia encierran para
abordar integralmente el tratamiento de la temática racial.

El sistema Estadístico Nacional, con sus mecanismos de recolección y
procesamiento de información económica y social, por ser este
determinante para la creación de la base informativa que permita abordar
la temática racial a nivel nacional y en todo el sistema de educación y
de investigación científica.

Hay que hacer diana en ese cuadrilátero de fuerzas para poder avanzar en
la lucha contra la discriminación racial y el racismo. Pues se trata de
problemas en cuya investigación científica todavía debemos avanzar, para
diseñar las políticas sociales que nos permitan solucionarlos.

Como un quinto elemento, catalizador, de todos los procesos
anteriormente presentados, están las múltiples conexiones existentes
entre ellos que integran lo que llamamos la cultura del problema.

Resulta imposible concebir que se genere a fondo una mentalidad sobre el
carácter multicolor de nuestra sociedad y más que ello, una cultura
antirracista, si el ciudadano no es considerado como parte integral de
todos estos procesos, comenzando por la educación, pues resulta evidente
que lo que no entra en la escuela no pasa a la cultura.

Se trata precisamente de una cultura antidiscriminatoria y antirracista
la que necesitamos, para que nuestra sociedad avance hacia espacios de
mayor conciencia de los estereotipos que aún persisten, de mayor
igualdad y la más amplia justicia social.

Junto a todo ello, aun se nos presenta un problema, estrechamente
conectado con los anteriormente explicados.

El exceso de “occidentalismo”, que todavía padecemos en los campos de la
educación y de la cultura cubana en general, constituye un elemento
negativo que obstaculiza avanzar más en la integralidad cultural, lo que
se expresa en la afectación al equilibrio que debe existir entre los
diferentes grupos raciales que forman hoy la sociedad cubana.

Trayendo a colación el debate de cierta persistencia de una hegemonía de
la hispanidad sobre el resto de los componentes, ante todo africanos,
los que aun sufren los estereotipos, la marginación y la discriminación
por una considerable parte de nuestros ciudadanos.

Es decir, con relativa facilidad nuestros estudiantes reciben y asimilan
la literatura española, hispanoamericana, la europea mucho de la cultura
de esas latitudes del mundo. Sin embargo, no logran llegar a conocer,
prácticamente nada, sobre África y su cultura actual, menos sobre Asia y
aun mucho menos sobre el Medio Oriente.

Por lo cual, al concluir los niveles primarios de enseñanza, incluido el
llamado bachillerato, salen de la escuela con una visión incompleta,
parcializada, racista, maniquea, de nuestra cultura nacional.

Entran también en la universidad con una visión estereotipada,
blanqueada, de los valores de la cultura universal, es decir, con una
imagen bastante incompleta y distorsionada de que es la cultura cubana y
de cuáles son sus verdaderas raíces.

Es más, salen sin una explicación del porque de las diferencias de color
entre los que han compartido por años y también de las diferencias de
rasgos culturales que en ellos a veces se manifiesta; de su
comportamiento personal, no pocas veces diferentes, y de las creencias
religiosas que practican, etc.

Salen de la escuela, en fin, sin conocerse a fondo mutuamente, como
miembros de una misma nación. Simplemente, porque explicar
científicamente las diferencias raciales, de color y otros rasgos que
presentan, a pesar de ser todos cubanos, ha sido soslayada.

Consecuencia de todo lo cual, en realidad, parece como si no educáramos
para ser cubanos, sino para ser blancos. Lo cual es peligrosamente mucho
menos complejo e importante, que asumir que debemos ser educados para
asimilar las complejidades y la integralidad de la cultura cubana, que
sería lo que realmente los convertiría en ciudadanos de una nación
multirracial.

Las consecuencias más graves de todo lo explicado, es que aquellos a los
que la familia los educo como racistas, lo siguen siendo y los que no
son racistas, ello ha sido el resultado de preocupaciones que se van
formando, debido también a circunstancias familiares, de contactos
sociales diferentes.

Son tendencias que no llegan a ser alimentadas por la formación
educacional. Espacio dentro del cual, se debe promover lo positivo y
descartar los estereotipos, los prejuicios y la discriminación.

Entonces, como los estereotipos, la discriminación y el racismo, no son
simples frutos de la incultura, sino de un contexto social y familiar,
que forman una actitud ante la vida; al terminar los estudios, no
estamos en condiciones de saber si de verdad hemos lanzado a la calle
los ciudadanos que necesitamos.

De todos modos, las nuevas generaciones, avanzan, se les nota más
mesclados, menos prejuiciados ante los asuntos del color. El problema
muchas veces emerge al llegar a la familia.

Pero para que eso no ocurra, ello no puede ser el resultado de la
espontaneidad, sino de un proceso dirigido por toda la sociedad, desde
arriba y desde abajo. Es decir, desde la sociedad como un todo, la
individualidad y la familia.

En José Martí, existe un inmedible arsenal de ideas y formas de
comportamiento social, incluso, mostrado por su ejemplo de vida, para
extirpar el racismo de la mentalidad social. Pero en esa batalla aun
triunfa José Antonio Saco, con su concepto de cubano y su exclusión del
negro, del blanqueamiento, del ideal de adelantar la raza, etc.

Todo lo cual termina en que el fenómeno de los estereotipos raciales que
aun sufrimos, la discriminación y el racismo, que más que lastres
heredados de la cultura colonial y republicana, continúan siendo
fenómenos alimentados por las imperfecciones que subyacen en nuestra
sociedad y que aun resultan ser sustentados por las imperfecciones de
nuestro sistema educacional visto de manera integral.
—–
(*) Visita el blog de Esteban Morales.

Source: “Retos de la Educación cubana ante la cuestión racial” –
http://www.havanatimes.org/sp/?p=90996

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