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Racismo en Cuba. Desde arriba no se vale

Racismo en Cuba. Desde arriba no se vale
Miércoles, Julio 31, 2013 | Por Leonardo Calvo Cardenas

LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org – Dentro de la grave crisis que
agobia a la sociedad cubana, la situación socioeconómica y de derechos
humanos de los afrodescendientes constituye uno de los más grandes
retos, de cara a los cambios que inevitablemente tendrán que producirse.
Además, genera inquietudes, presiones y cuestionamientos internos y
externos, para los cuales el régimen no parece tener respuestas coherentes.

En contraste con un discurso oficial igualitarista y amañado, la
supresión de los espacios cívicos e institucionales alcanzados por los
afrodescendientes en largas décadas de lucha, afianzó las desventajas y
el menosprecio con los que las élites hegemónicas dividieron a la
sociedad cubana, siempre en detrimento de esa parte del pueblo que tanto
ha contribuido a la formación de la nación.

Ya ni las propias autoridades, que se precipitaron a dar por eliminado
el racismo, y que por mucho tiempo suprimieron el debate social,
intelectual y político sobre este asunto, pueden negar la persistencia
de las desventajas e injusticias que en las difíciles circunstancias
actuales afrontan los afrodescendientes. Hasta el presidente Raúl Castro
ha calificado como una vergüenza esas desigualdades.

Más de una vez se ha discutido sobre el asunto en espacios
institucionales, siempre sin reconocer las enormes responsabilidades que
corresponden al alto liderazgo por las fracturas sociales que
enfrentamos. Y más de una vez se ha manifestado desde el poder una
improbada voluntad de impulsar las transformaciones que atenúen los
retrasos y desventajas que sufren los afrodescendientes.

Sin embargo, siempre se muestran incapaces de poner en práctica medidas
y mecanismos efectivos para propiciar el cambio de mentalidad y los
fundamentos de convivencia tan necesarios para la consecución de esa
igualdad, tantas veces proclamada, en vano, mediante el discurso oficial.

Los incumplidos compromisos, que una y otra vez languidecen como letra
muerta, son acompañados por comisiones y estructuras creadas desde
arriba, que sistemáticamente han demostrado su inoperancia para impulsar
las transformaciones. Y mientras, las promesas de las autoridades
contrastan con la persistencia de las muchas manifestaciones del racismo
institucional, lo cual complica nuestra convivencia y aumenta la
responsabilidad del alto liderazgo.

El permanente y bochornoso acoso policial que sufren los jóvenes
afrodescendientes en nuestras calles; la tantas veces criticada
ausencia, en los programas docentes, de la verdadera contribución de los
africanos y sus descendientes a la conformación de la nacionalidad
cubana; la casi nula presencia de este sector poblacional en la
propaganda comercial y corporativa; la imagen distorsionada y
denigratoria que de los cubanos negros brinda la producción audiovisual;
el tratamiento discriminatorio que sufren los ciudadanos de las
provincias orientales, víctimas de acoso y deportaciones; y la
inexistencia de mecanismos legales para prevenir y castigar las
manifestaciones y actos discriminatorios, constituyen señales
preocupantes de una grave realidad.

La pobreza también esta racializada en Cuba. Las desventajas acumuladas,
junto a las medidas de transformación económica, aumentan las carencias
y retrasos que afrontaban los afrodescendientes, quienes no cuentan por
lo general con las condiciones materiales para insertarse en los nuevos
espacios. Son muchos los asentamientos marginales donde crecen miles de
niños, en su inmensa mayoría afrodescendientes, indocumentados y
privados de los escasos beneficios estatales.

Los gobernantes cubanos, después de medio siglo en el poder, no pueden o
no quieren darse cuenta de que el empoderamiento cívico y económico de
las masas históricamente discriminadas, constituye la clave esencial
para el cambio de mentalidad que impulse las tan anheladas justicia e
igualdad.

La historia de las luchas y logros en países como Estados Unidos,
Brasil, Colombia o Sudáfrica, demuestran que el reconocimiento de los
derechos humanos y el protagonismo de los ciudadanos y las comunidades,
juegan un papel determinante en la búsqueda de la plena justicia social.

Hace más de dos años, los expertos del Comité de las Naciones para la
Eliminación de la Discriminación Racial (CERD), advirtieron a las
autoridades cubanas que además de las estructuras e instituciones
oficiales dedicadas al tema, resulta imprescindible promover y respaldar
la acción de organizaciones independientes que procuran la igualdad para
todos los ciudadanos, sin distinción.

Asumir honestamente la responsabilidad política y moral que el poder
implica, renunciar al hegemonismo paternalista y, sobre todo, a la
represión contra las plataformas independientes que promueven la
reapertura del debate sobre el tema, comenzaría a poner a nuestro país a
tono con el movimiento global que consagra los derechos y valores
históricos y sociales de los afrodescendientes.

Montesinos3788@gmail.com

Source: “Racismo en Cuba. Desde arriba no se vale | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/articulos/racismo-en-cuba-desde-arriba-no-se-vale/

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