Racismo – Cuba – Racism
Categorías
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
No Spanish?
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archivos
Comentarios

Saco en apuros

Saco en apuros

Manuel Cuesta Morúa | La Habana | 9 Abr 2013 – 10:26 am.

¿Cómo la 'actualización del modelo' cubano puede lograr que las dos

terceras partes de la población excluidas, en su mayoría negros,

ingresen a la economía emergente? La reforma tendría que ser más profunda.

"Para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado." Esta

expresión, sacada de la nota que el ensayista Roberto Zurbano escribió

para The New York Times hace un par de semanas, ha causado pánico

intelectual en medio de la poética revolucionaria, se escriba en prosa o

en verso.

El pánico ha sido de tal magnitud, que se organizó una guerrilla

improvisada con el propósito de propinar algunos rasguños al impacto que

el texto de Zurbano puede causar en el mejor de los plazos: el mediano.

Publicar en el medio neoyorquino tiene un efecto esencial que los

críticos del ensayista saben o intuyen: el de reforzar la credibilidad

de quien allí publica o es publicado. E independientemente de la fuerza

de sus argumentos, la matriz de ideas que fija The New York Times tiene

un peso académico agregado por el alcance global de su opinión. Todo muy

interesante, porque al final este periódico puede decir que no se

responsabiliza con el criterio de sus articulistas.

Ante semejante desafío mediático me llama la atención la debilidad

argumental de la embestida compuesta contra Zurbano. Se suponía que todo

el razonamiento y la argumentación acumulados por años de "profunda

investigación" de parte de sus críticos se pusiera en versión

periodística y se enviara como op-ed al mismo medio, demostrando la

supuesta pobreza y superficialidad de las ideas de Zurbano. Pero nada en

ese sentido pudo leerse en los textos de más largo aliento que intentan

contestar al ensayista. Excepto un par de lugares comunes con los que

probablemente él coincidiría.

Lo curioso es que la frase puede leerse con ojos asustados, como parte

de una pauta contrarrevolucionaria, tal y como ocurrió, y llegar a la

conclusión de que es excesivamente dura con la llamada Revolución porque

no deja espacio para el reconocimiento de sus reales o supuestos logros

en materia racial. Pero también pudo ser leída dentro del canon

revolucionario, con una visión más generosa hacia la indiscutible

solvencia de su autor y más en consonancia con la adultez, el itinerario

y la experiencia acumulados por un proceso político a la altura de sus

54 años.

Semejante lectura podría concluir que en efecto, por las razones que

fueren, incluyendo el embargo, ciertos errores de compresión y la

subestimación de la fuerza de la cultura, la Revolución no ha comenzado

para la gente negra, pero que en breve se verá —y a partir de la

profunda labor que viene haciendo una serie de instituciones ante tan

complejo problema— cómo la Revolución llega por igual a todos los

ciudadanos sin importar el color de su piel. Y esto, en medio de las

dificultades económicas que enfrenta el país.

De hecho lo que Zurbano dijo, sin enojo ni victimismo, como a mí me

gusta, fue que la Revolución no ha comenzado; nunca dijo que no podía

comenzar. Con una coherencia política sólida que, implícitamente, la ve

más allá de Raúl Castro. Y aquí es donde los críticos revolucionarios

del revolucionario Zurbano podían haber desplegado más y mejor

imaginación, y con menos susto porque parece que ellos sí que la ven

agotada después del General-presidente. A fin de cuentas, si a partir de

1986 sí que íbamos a construir el socialismo, 25 años después de

proclamado, bien podría llegar la Revolución a los hogares de las

mayorías negras 54 años después de decretada la muerte del racismo y la

discriminación racial en Cuba. En rigor, ni el tiempo ni el dictado

político como imposibilidad de lo social son datos relevantes para los

revolucionarios.

Pero los críticos de Zurbano no desplegaron creatividad. ¿Por qué?

Bueno, podían haberlo hecho, pero necesitaban una fuerte imaginación

sociológica y estética para sacar ventajas de los déficits políticos y

sociales del proceso que defienden.

Alarmas disparadas en un proyecto de nación

Admito que eso es difícil. Roberto Zurbano disparó desde dentro las

alarmas del proyecto de nación diseñado por José Antonio Saco, el cual

ha sobrevivido a todos los modelos políticos que hemos sufrido e intenta

prolongarse a cualquier costo. A grandes rasgos, ese proyecto de nación

postula tres cosas: primero, que la matriz cultural del proyecto es de

origen hispano, solo luego occidental, y que todo lo demás que nos llegó

es un injerto más o menos feliz que no alcanza a las raíces; segundo,

que a las personas negras hay que desbordarlas, blanquearlas,

someterlas, emanciparlas o cooptarlas pero nunca permitirles que

articulen sus propias herramientas de liberación desde su visión o

cultura; y tercero, que el mercantilismo o la economía rentistas son las

bases esenciales que garantizan la doble hegemonía criolla de la

sociedad y de la política. La modernidad económica plena inevitablemente

lleva a la conformación de una clase media y burguesía muy anchas donde

caben todos los colores, y eso nunca ha cuadrado a nuestros mercantilistas

Este proyecto de nación tuvo un éxito increíble hasta 1959, corregido en

el ámbito económico de cierto modo por una mentalidad productiva

aprendida en las aulas del capitalismo estadounidense, pero empezó a

hacer aguas a fines del siglo XX porque fue llevado a sus últimas

consecuencias por un modelo que pretendió la autarquía de espaldas al

mercado, la tecnología y el capital. Y destrozado el modelo, se destruye

el proyecto.

Los intentos por reanimarlo son y han sido muchos. Lo que Zurbano

advierte desde el campo revolucionario es que la reanimación en curso

del proyecto de Saco, llamada "actualización", e incluso las

reanimaciones posibles, dejan atrás a las personas negras. El problema

enciende una potente luz trasera, hacia el pasado, porque la llamada

Revolución no se está reinventando utópicamente. No está haciendo lo que

quiere la izquierda radical con su discurso de cooperativismo y

participación popular, en una fuga hacia adelante; sino que recula,

abriéndose a un proceso de franca recuperación de nuestro capitalismo

más elemental para el que las personas negras no cuentan con recursos —

y tampoco para el capitalismo más sofisticado.

De modo que si antes de 1959 estas no podían trabajar en los comercios

por la discriminación institucionalizada, hoy no pueden hacerlo por la

discriminación estructural. ¿Cómo la "actualización del modelo" puede

lograr que las dos terceras partes de la población excluidas, en su

mayoría negros, ingresen a la economía emergente? La reforma tendría que

ser más profunda. Y descartada esta posibilidad, las personas negras no

cuentan tampoco con los recursos necesarios para la llamada economía del

conocimiento, que hoy se encuentra subutilizada pero cuenta con cierta

rentabilidad económica en los crecientes servicios privados basados en

el mundo digital

La otra pregunta es, entonces, si la Revolución favoreció a algunos para

seguir adelante, ahora sin la ayuda del padre abrasivo, ¿por qué no

favoreció a las personas negras para seguir el mismo camino,

queriéndolas mantener atadas y bien atadas por otro lado, al padre que

ya nada puede ofrecer? La respuesta hay que encontrarla en la estructura

de distribución del poder y la economía criollos durante los 54 años que

lleva la Revolución: desde el poder político, pasando por el

representacional hasta llegar al poder simbólico. Lo que Zurbano está

diciendo es que las personas negras se colocan en 2013 en el mismo

desigual punto de partida de 1959, ahora que la Revolución pretende un

nuevo comienzo con la "actualización del modelo" para alcanzar, según

dicen, un "socialismo próspero y sostenible". Y no se rían.

Pero algo más y mejor: Zurbano nos dice que la distribución actual de

recursos por parte del Gobierno está abismando los distintos puntos de

partida entre negros y blancos. Legalizar la digitalización privada de

documentos y reprimir a los vendedores aleatorios que comercian en las

calles cualquier cosa que intentan convertir en mercancía no es una

buena manera de actualizar el modelo, pretendiendo al mismo tiempo que

se favorece a las personas negras.

Nos enfrentamos así a una desigualdad estructural mirando al pasado y un

diseño estructural desigual de cara al futuro. Y no es necesario

mencionar la alianza corporativa que se teje entre el gobierno de la

actualización y un grupo importante de cubanos de mucho capital allende

los mares. El asunto se pondría peor.

Falta de apertura en el discurso de la nación

Desatar un revulsivo intelectual dentro de los revolucionarios es

siempre interesante. Esto sucede cada vez que la tensión entre intereses

y honestidad se rompe en favor de esta última, aunque sea

provisionalmente, y los intelectuales atraviesan, mirando a la gente

real, la frontera epistemológica que hace coincidir la realidad con su

mundo particular. Cuando esto pasa, nos encontramos frente al

intelectual cívico que construye su discurso lejos o a cierta distancia

de las avenidas del poder. Esto lo han hecho muchos. En algún momento lo

hizo Esteban Morales, para regresar más tarde al redil. Lo hizo también

Guillermo Rodríguez Rivera en su polémica con el historiador Rolando

Rodríguez, a propósito del tema racial, y ahora lo hace Zurbano desde la

pirámide del The New York Times.

Y como siempre, se busca un cierre a la fractura que cada cierto tiempo

ocurre dentro del discurso saquista de la nación. El miedo al otro, sea

negro, mujer, homosexual o ciudadano, se dispara y le cae a uno encima

el peso de la escolástica con su escritura ideológica para sustituir la

discusión intelectual del argumento por la destrucción moral y política

del adversario. En no pocas ocasiones también física. A veces en

contradicción con lo que se dice defender.

Fijémonos en esta pieza excelente para revelar la revisitación apurada

al imaginario construido por José Antonio Saco, en una demostración de

la carencia de recursos intelectuales para pensar las llamadas

complejidades del tema. Según un crítico, "habría que ser poseedor de

una ignorancia histórica extraordinaria para pensar que un cambio de

liderazgo político en Cuba pudiera beneficiar a los negros". Traducido

en términos culturales es la convalidación de que las personas negras no

están en capacidad de pensar y poner en práctica un proyecto de nación

en el que pudieran beneficiarse participando y definiendo el próximo

liderazgo político.

Lo que constituye una naturalización, bastante usual en la literatura

racista, del supuesto retardo étnico para pensar, actuar y convivir en

la modernidad. El pensamiento exacto de los criollos para legitimar todo

el discurso que llevó a la masacre de 1912. Una versión del fin de la

historia para las personas negras que alimenta el pesimismo y liquida la

esperanza de autoemancipación en medio de la desesperanza social. Si

quieren enterarse de cómo, desde el discurso supuestamente

revolucionario, puede regresarse a la teoría de los pueblos incapaces de

escribir una historia distinta a la que le escriben sus

(neo)colonizadores, pueden principiar por aquí.

En lo adelante toda la síntesis de la crítica a Zurbano es de escasa

entidad y bastante pretenciosa. Decir que Zurbano "se aparta del

consenso al que han arribado los investigadores cubanos más serios" es

desconocer que todo avance real en la ciencia se produce rompiendo

consensos muy pero que muy serios, como demostró Thomas Kuhn en La

estructura de las revoluciones científicas; y no brilla precisamente la

investigación social cubana, no obstante, por su nivel conceptual y

categorial, excluyendo como siempre a las excepciones. Todavía andamos

por aquí con aquello de las fuerzas productivas y las relaciones de

producción, y reputados investigadores desdeñan sin más la historia de

las mentalidades y la antropología cultural, sin enterarse o asumir el

neomarxismo que pulula por todas las academias del mundo. Semejante

consenso no ha hecho avanzar las ciencias sociales en Cuba.

Por otra parte, escribir con la fuerza paternal del regaño político y

"científico" que "el instrumento legal contra la discriminación racial

se desplegó a fondo en el marco de la Revolución Cubana, del mismo modo

que se puso en juego un amplio dispositivo ideológico contra el racismo

que, de hecho, transformaron en vergonzantes las manifestaciones de

discriminación que podían aparecer" es desdeñar el discurso

demostrativo, no saber nada la mímesis cultural, del fundamento también

cultural y racista de la ideología institucionalizada en el Artículo 5

de la Constitución cubana, que inscribe orgullosamente la superioridad

cultural de la visión eurocéntrica para la formación de la voluntad

política del Estado, e ignorar la proyección simbólica del lenguaje

cuando se ve obligado a enmascarar su racismo gramatical, filtrándolo en

el humor racista con el que la mayoría de los cubanos nos reímos sin

ataques de vergüenza.

En el fondo, el problema colateral es de sintaxis inglesa. Otro crítico

lo reflejó muy bien cuando empleó una frase típicamente norteamericana

para atacar a Roberto Zurbano. "En el órgano equivocado y en el lenguaje

equivocado" es una expresión que cabría imaginar también como figura

lingüística equivocada, y que revela la dependencia psicológica de los

Estados Unidos de cierta porción de la intelectualidad cubana. Algo

similar sucedió hace un tiempo atrás cuando importantes referentes de la

afrodescendencia norteamericana respondieron positivamente a la

convocatoria de Carlos Moore a propósito del injusto encarcelamiento del

Dr. Darsi Ferrer Ramírez.

La falta de apertura en el discurso heredado de la nación, la peor

herencia del proyecto de José Antonio Saco, en otros aspectos

formidable, conduce a considerar la narrativa de los otros como textos y

cuerpos extraños que atentan contra la visión poético-militar de la

cubanidad unitaria. Pero si una obra se tiene que defender con las

palabras, es porque tiene serias dificultades para defenderse en los

hechos. Este es el origen de la propaganda que sigue haciendo creer que

el de Cuba es un gobierno de izquierdas.

http://www.diariodecuba.com/cuba/1365455274_2674.html

Tags: , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *