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Nuestro héroes negros: una deuda con la historia

Nuestro héroes negros: una con la historia
Miércoles, Abril 18, 2012 | Por Leonardo Calvo Cardenas

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -En la mañana del 9 de abril
pasado poco más de dos centenares de habaneros, muchos de ellos llevados
por directrices organizativas, nos reunimos en la céntrica esquina de
las avenidas Carlos III y Belascoain para conmemorar el bicentenario de
la ejecución de los principales implicados en el primer gran movimiento
anticolonial y antiesclavista de nuestra historia, que sin sigue
siendo un hecho casi totalmente desconocido para la mayoría de los cubanos.

Hace cuatro años cuando las autoridades crearon una comisión para
dirigir e impulsar las acciones de conmemoración de la llamada
conspiración de Aponte, los directivos de la misma aseguraron que se
erigiría un monumento al prócer negado y desconocido, en esta populosa
esquina habanera donde fue exhibida su cabeza en una jaula después de la
ejecución de él y varios de sus colaboradores.

Esa mañana muchos acudimos supuestamente a la develación del monumento,
que sin embargo brillaba por su ausencia, al igual que las autoridades
políticas y administrativas de la ciudad o el señor Eusebio Leal, el
poderoso historiador de la ciudad quien en los últimos años ha
consagrado homenajes escultóricos a figuras foráneas tan disimiles como
Mustafá Kemal Atatturk, Francisco de Miranda, Agustín Lara, Antonio
Gades, Hasekura Surenage Rokaemon ?según dice el primer japonés que
visitó México y Cuba a mediados del siglo XVIII? amen de reinstalar la
estatua del José Miguel Gómez (1909-1913), principal promotor
de la matanza de miles de encartados e inocentes con motivo de la
protesta armada del Partido Independiente de Color (mayo-junio 1912) y
develar una placa en recordación del capitán José Martí Zayas Bazán, uno
de los principales ejecutores del fratricidio. El señor Leal nunca se ha
dignado a erigir un monumento a un afrodescendiente cubano.

Grandes merecedores como Juan Gualberto Gómez, Aracelio Iglesias, Jesús
Menéndez, Evaristo Estenoz y también José Antonio Aponte deben
continuar su larga espera.

En el acto Manuel de Jesús, Presidente de la Unión de Historiadores de
Cuba en La Habana dio cuenta del alcance, la solidez estructural y
organizativa, las conexiones internacionales de esta conspiración que
reunió a varios cientos de negros y mestizos libres, blancos y esclavos
en varias provincias de la Isla y se proponía la abolición de la
esclavitud, la independencia de España y la participación igualitaria de
todos los componentes de la nueva nación.

El orador hizo referencia a la heroica y desconocida participación del
Capitán Aponte, prominente miembro del batallón de Pardos y morenos y
abuelo del prócer de 1812, en la defensa de la ciudad frente a la
invasión inglesa de 1762.

Tanto de Jesús como Heriberto Feraudy Espino, presidente de la comisión
Aponte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) destacaron
las cualidades de Aponte como líder religioso y político, su intelecto
cultivado de manera autodidacta y su reconocido talento artístico.

Los oradores de aquella mañana reconocieron de cuanta omisión y
desconocimiento han sido víctima Aponte y su gesta, a la que
calificaron como el primer movimiento popular revolucionario de nuestra
historia. Por estos días hemos escuchado incluso acusar a la
historiografía burguesa de haber ocultado un proceso histórico de tal
envergadura, como si no hubiera pasado más de medio siglo de un gobierno
que se dice revolucionario, pero que nunca ha reconocido y valorado a
Aponte como precursor de las luchas emancipadoras contemporáneas.

Llama poderosamente la atención lo difícil que ha sido para las
autoridades cubanas dar el reconocimiento y homenaje que merecen los
muchos esclavos sublevados a través de la etapa colonial, así como a
Aponte y sus compañeros, quienes generaron un movimiento anti colonial y
anti esclavista de gran envergadura para su época, sin los tintes
racistas y anexionistas que marcaron posteriores epopeyas.

De igual manera el alto liderazgo se resiste a reconocer el heroísmo de
los miembros de la hermandad secreta Abakúa que el 27 de noviembre de
1871 se inmolaron frente a las tropas españolas para intentar rescatar a
los ocho estudiantes de condenados por la soberbia integrista.
Ahora cuando desde la sociedad se refuerza y afianza el reconocimiento
de los héroes abakuas del 27 de noviembre, quienes tiñeron con su sangre
las calles de la ciudad en un acto que no fue ni racista, ni fratricida,
ni terrorista, los gobernantes cubanos el pasado año presentaron a las
victimas llorosas, siempre calificadas de inocentes, como ejemplo de la
juventud cubana.

También son desde la oficialidad menospreciados y calumniados hoy los
líderes y miembros del Partido Independiente de Color, a quienes no se
reconoce su trayectoria independentista, ni la excepcional propuesta
política, en realidad muy adelantada para su tiempo, que expusieron para
toda la nación.

Al mismísimo Antonio Maceo, un gigante de aureola universal aun en vida,
más allá de sus inigualables hazañas militares no se le reconoce su
pensamiento político, su condición de luchador anti racista, el gran
que fue o su ejecutoria político militar en otros países.

Tal parece que nuestros gobernantes no quisieran héroes de piel oscura.
Finalmente los oradores de la jornada reconocen las omisiones y lagunas
pero no se atreven a pasar a las autoridades la responsabilidad que les
corresponde por ser los regentes máximos de la educación, así como de
los espacios culturales y mediáticos donde brillan por su ausencia la
visión de esa contribución capital de los africanos y sus descendientes
a la construcción económica, social, política y cultural de la nación
que estará incompleta hasta que la más plena inclusión democrática acoja
por igual a todos sus hijos en el rico crisol de su diversidad y hasta
que el sacrificio y la entrega de hombres como Aponte ocupen el lugar
que les corresponde en el imaginario y la referencias de una Cuba libre
de intolerancia y exclusiones.

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