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Hechos, no palabras

Hechos, no palabras
Leonardo Calvo Cárdenas

Boyeros, La Habana, 15 de septiembre de 2011, (PD) Cada vez que el señor
Ricardo Alarcón, de la Asamblea Naltacional del Poder
Popular, decide hablar de algo que no sean los cinco espías condenados y
presos en , resulta invariablemente fallido e
incongruente. Hace ya varios años hizo el más soberano ridículo en el
debate televisivo donde se enfrentó al finado líder de la Fundación
Nacional Cubano-Americana Jorge Mas Canosa. Mucho más acá en el tiempo
nos regaló todo un rosario de barrabasadas ante los cuestionamientos de
los estudiantes que asistieron a su comparecencia en la de
las Ciencias Informáticas (UCI).

Resulta que el mismo hombre que aquel día, en el alto centro de
estudios, utilizó el despectivo término de "negrada" para denominar a
las heroicas huestes del ejército libertador, ahora llama a erradicar lo
que él denomina "prejuicios raciales que persisten en la Isla" y reiteró
que la próxima Conferencia Nacional del partido gobernante tratará el tema.

En la entrevista publicada en el sitio digital cubarte el pasado 24 de
agosto el alto funcionario expresó: "Las comisiones (legislativas) deben
asegurarse de que todos los organismos y entidades del país tomen
debidamente en cuenta la dimensión étnica y trabajen para erradicar
completamente cualquier forma de discriminación".

El líder parlamentario abogó por "avanzar mucho más en la batalla por la
igualdad, contra el racismo y la discriminación", y adelantó que el tema
de la representatividad de los negros y mestizos en las estructuras de
poder en la isla "estará muy presente en la conferencia nacional".

Está claro que las autoridades cubanas sienten cada vez más fuerte la
presión ejercida por las inquietudes y cuestionamientos que desde la
sociedad, los ambientes intelectuales y las dinámicas globales, se
proyectan sobre la compleja realidad nacional. Esta circunstancia obliga
a miembros de la nomenclatura a referirse a un tema que había sido
silenciado por tantos años, aunque muchas veces sin el tino y la
coherencia que la seriedad del tema y sus propias investiduras requieren.

A fuerza de ser honesto, debo confesar que me declaro incapaz de
discernir qué quiso decir el señor Alarcón cuando se refiere, así sin
más ni más, a "la dimensión étnica"; sin , podemos decirle que
las comisiones parlamentarias han demostrado a través de los años
demasiada incapacidad e inoperancia como para poder influir en un asunto
de tanta envergadura y delicadeza como las claras desventajas y
discriminaciones que todavía sufren los afrodescendientes cubanos.

La Asamblea Nacional bien podría establecer una Comisión de Derechos
Humanos que se ocupe de cualquier forma de discriminación e injusticia y
sobre todo aprobar leyes contra el racismo, de manera que cualquier
persona o institución lo piense más de una vez para utilizar su poder o
autoridad de manera impropia.

Cuando Alarcón habla de "avanzar mucho más en la batalla por la
igualdad, contra el racismo y la discriminación" gana por amplio margen
el campeonato mundial de divorcio de la realidad puesto que la
revolución suprimió de un plumazo los alcances y espacios logrados por
los negros cubanos en su dura lucha por la emancipación y el
empoderamiento. Al decretar, en los umbrales de la década de los años
60, el fin del racismo, el alto liderazgo dio por resuelto un problema
que no se ha solucionado en ningún lugar del planeta y sembró un
silencio del que ahora recogemos amargos frutos.

El señor Alarcón volvió a insistir en la cooptación de cuadros de raza
negra para ocupar responsabilidades en instancias gubernamentales y
sobre todo en la voluntad política de los máximos líderes para impulsar
el establecimiento de la más plena igualdad para los negros y las mujeres.

El líder parlamentario pierde de vista que los problemas sociales que
hunden sus raíces en la historia y las estructuras no se resuelven por
colocar unos cuantos negros incondicionales, hipo acústicos y en
ocasiones mal letrados, en posiciones más o menos visibles. Por otra
parte, de voluntad política está empedrado el camino del inmovilismo, la
desidia y la indolencia. Se requiere de acciones y medidas concretas y
efectivas que comiencen a cambiar el fundamento y las perspectivas de
nuestras relaciones sociales.

Lo primero que tienen que hacer los gobernantes cubanos es asumir su
enorme cuota de responsabilidad por las carencias y retrasos que en este
tema enfrentamos y sobre todo reconocer que todas las medidas que en el
plano económico-mercantil toman con el único objetivo de salvar su
poder, perjudican de manera capital a las masas negras empobrecidas y
desamparadas, a quienes las "bondades" del sistema totalitario no
prepararon para asumir el reto de los inminentes cambios.

Alarcón expresó además su deseo de ver el tema tratado en la prensa
escrita y el sistema de educación. Cabe preguntar, ¿por qué a estas
alturas esa prensa escrita no ha salido de su acomodaticio letargo para
dar a conocer al pueblo cubano todo lo que se mueve en el mundo con
relación a la problemática racial o las recomendaciones que hizo al
gobierno cubano el Comité de la ONU para la Eliminación de la
Discriminación Racial (CERD) en su última sesión ordinaria?

Personalmente dudo mucho que los gobernantes cubanos se decidan a
rescatar la verdadera historia de los aportes y protagonismos con que
los africanos y sus descendientes han influido en la construcción
nacional con una presencia por tanto tiempo escamoteada y tergiversada.

Dice la sabiduría popular que "del dicho al hecho va un gran trecho". A
no dudar, mientras la sociedad se estremece y conmociona, las
autoridades cubanas seguirán proyectando sus discursos que nunca llegan
al fondo y la esencia de un problema que ensombrece el presente y pone
en peligro nuestro futuro como nación.

Al señor Alarcón podemos decirle cuanto se agradece su esfuerzo, pero
que vuelva a sus cinco espías, porque esa es su especialidad y en ese
asunto sí parece tener trabajo para rato.

elical2004@yahoo.es
Historiador y politólogo

http://primaveradigital.org/primavera/politica/54-politica/2291-hechos-no-palabras

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