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LA INMIGRACIÓN QUE TODOS DESEAMOS

LA INMIGRACIÓN QUE TODOS DESEAMOS
13-05-2010.
Alfredo M. Cepero

(www.miscelaneasdecuba.net).- Durante un cuarto de siglo presidentes
norteamericanos de ambos partidos han ignorado la violación de sus leyes
migratorias por multitudes desesperadas que han venido a este país con
el objeto de mejorar sus precarias condiciones de vida. En tiempos
recientes, esa inmigración ilegal ha devenido en una crisis nacional que
amenaza tanto la estabilidad interna como la seguridad externa de los
.

Conscientes de que nos desplazamos por un campo minado por las pasiones,
la demagogia y el oportunismo político nos proponemos andar despacio y
pisar firme. Para ello, hemos de analizar circunstancias y sugerir
caminos que puedan conducirnos a la inmigración organizada y legal que
todos deseamos. La misma que ha sido la base de la estabilidad política
y la prosperidad económica de esta nación excepcional en la historia de
la humanidad que son los Estados Unidos de América.

EL DRAMA HUMANO

Quienes vivimos en esta de comunicaciones multitudinarias e
instantáneas no podemos de las imágenes desoladoras de niños que
lloran desconsolados ante la deportación de sus padres a sus países de
origen. Al mismo tiempo, es repudiable y criminal la explotación a que
son sometidos la mayoría de los inmigrantes sin documentos por
empleadores inescrupulosos. Asimismo, es indignante la violencia, el
robo y el acoso que sufren muchos inmigrantes a manos de delincuentes
que se aprovechan de la vulnerabilidad en que se encuentran a causa de
su condición de ilegales. Y tampoco puede ser negada la dosis de
racismo que matiza muchas veces los contactos de estos inmigrantes con
representantes de la fuerza pública.

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Este es un tema que por su contenido emocional y sus implicaciones
económicas esta plagado de extremistas y de posiciones radicales en
ambas caras de la moneda migratoria. Quienes se oponen a los recién
llegados los califican de delincuentes y traficantes de drogas, les
niegan toda posibilidad de incorporarse a la sociedad norteamericana y
llegan a exigir su deportación masiva. Quienes defienden su permanencia
en los Estados Unidos desearían una amnistía como la concedida por
Ronald Reagan a casi 3 millones de inmigrantes ilegales el 6 de
noviembre de 1986. Y aumentando los decibeles, califican de a
cualquier ciudadano que reclame la aplicación de las leyes
norteamericanas a quienes son obvios violadores de las leyes de
inmigración. Como vemos, no hay mucho espacio para el término medio ni
para el diálogo constructivo.

Vayamos por parte. No es necesario citar encuestas o estadísticas para
afirmar que la inmensa mayoría de quienes cruzan la frontera en forma
subrepticia vienen a ganarse la vida honradamente. Aún dejando a un lado
el factor humanitario, negarles la posibilidad de contribuir a la
sociedad norteamericana y exigir su deportación masiva no es ni
económicamente beneficioso ni logísticamente realizable. Por otra parte,
ofrecer una amnistía multitudinaria como la de Reagan produciría los
mismos resultados anteriores de estimular la inmigración ilegal, que es
precisamente lo que debemos evitar a toda costa. Y calificar de racistas
a los ciudadanos de este país que reclaman el respeto a sus leyes y al
estado de derecho es una ignominia y un craso error táctico que, sin
dudas, atizará el fuego de la violencia y de la intolerancia.

LA DEMAGOGIA PERIODISTICA Y ACADEMICA

Estos excesos son en cierta forma comprensibles en multitudes
enardecidas a ambos lados del argumento migratorio. Lo que si es
incomprensible y reprochable es la demagogia de los medios de
información masiva y el oportunismo de los políticos a ambos lados de la
frontera de Estados Unidos con México. La gran prensa norteamericana,
los círculos académicos y las fundaciones financiadas por
multimillonarios con pujos populistas no solo proponen una política de
tolerancia de la ilegalidad sino promueven boicots contra el estado de
Arizona.

A la vanguardia se encuentran las cadenas hispanas de Univisión y
Telemundo que, a su acostumbrado maltrato del idioma español, han
añadido ahora la osadía de cambiar el significado de términos jurídicos
para describir delitos. Para ellas, los ilegales no son "ilegales" sino
"indocumentados". Ah, y la de Arizona no es una para castigar el
delito de quienes ingresan a un país sin cumplir los requisitos legales
del mismo sino una "Ley Anti-inmigrante".

LA HIPOCRESIA DE NUESTROS POLITICOS

En la Casa Blanca, el presidente Barack Obama ignora la responsabilidad
del Federal y se burla de los gobernantes y ciudadanos de
Arizona que pusieron en vigor una ley encaminada a impedir la invasión
de su territorio por miles de inmigrantes ilegales. En el Capitolio, el
senador cubano-americano Bob Menéndez propone un boicot contra el estado
de Arizona.

Aunque no podemos negar categóricamente que sus motivaciones sean
humanitarias nos asalta la duda sobre las implicaciones políticas de sus
declaraciones. Ambos saben sumar y restar votos en contiendas
electorales. Ambos están conscientes de que las elecciones parciales de
noviembre apuntan a una catástrofe para los demócratas. Y ambos saben
muy bien que los hispanos, con excepción de los cubanos, votan
mayoritariamente con el Partido Demócrata. Por eso van a proponer una
reforma migratoria que saben será rechazada pero que les dará la
oportunidad de echarle la culpa a los "racistas" del Partido Republicano.

EL DESCARO Y EL CHANTAJE DE LOS POLITICOS MEXICANOS

Nadie que se respete acusaría de honrados o de transparentes a los
gobiernos mexicanos del último siglo. En los mismos ha predominado
tradicionalmente una de doble moral que les ha permitido exigir
para sus nacionales los derechos que le niegan a los extranjeros.
Mientras demandan respeto a los derechos humanos de los mexicanos que
residen en Estados Unidos violan los derechos humanos de los extranjeros
que pasan por México. Prueba de ello, son los maltratos propinados a los
inmigrantes centroamericanos que transitan su territorio con rumbo norte
hacia la frontera sur de los Estados Unidos y la devolución masiva de
los infelices cubanos que tienen la desgracia de carenar en las costas
mexicanas en busca de .

En días recientes, Felipe Calderón dijo que Ley de Arizona "abría la
puerta al odio y a la discriminación". Y tuvo la osadía de chantajear a
Arizona proponiendo un boicot contra ese estado. Todo esto en violación
del principio consagrado de derecho internacional de la "no
intervención" en los asuntos internos de otros estados. El mismo
principio sobre el que se basa la llamada "Doctrina Estrada" que, por
años, ha servido de excusa a México para ignorar la tragedia de Cuba y
hacerse acreedor a la ignominiosa distinción de ser el único país
latinoamericano que jamás ha roto relaciones diplomáticas con la tiranía
de los hermanos Castro. Y para que no nos quede dudas sobre la
duplicidad de este personaje, este "defensor de los derechos humanos" < br />abrazaba efusivamente al carnicero Raúl Castro en la reciente
conferencia del Grupo de Río en Playa del Carmen en el mismo instante en
que era asesinado en La Habana el opositor Orlando Zapata Tamayo.

Y dentro del marco jurídico, la Constitución Mexicana es altamente
represiva de los extranjeros que entren o actúen de manera ilegal en el
territorio nacional. El ículo 38 concede la potestad al Secretario de
Gobernación de suspender o prohibir la admisión de extranjeros sin
necesidad de proceso judicial alguno. El Artículo 73 ordena a la policía
local y federal cooperar con las autoridades de inmigración. El Artículo
116 impone multas y penas de prisión a extranjeros que falsifiquen
documentos y el 118 condena a 10 años de privación de libertad al
extranjero que regrese a México después de haber sido deportado.

LA SOLUCION INAPLAZABLE

Ahora bien, por encima de todas estas pasiones, acusaciones y
confrontaciones se impone la realidad de doce millones de seres humanos
que ya forman parte de la sociedad norteamericana. Perseguirlos y
discriminarlos sería, además de una flagrante injusticia, una política
que lesionaría la estabilidad social y los intereses económicos de los
Estados Unidos. La solución a este conflicto es de tal urgencia que
puede ser calificada de inaplazable. Ninguno de los bandos en el
conflicto quedará totalmente satisfecho porque ambos tendrán que hacer
concesiones, pero la prolongación del mismo lesionaría tanto a México
como a los Estados Unidos.

Una fórmula para empezar a negociar podría estar basada en los puntos
siguientes:

1- Garantía total de seguridad en la frontera con la erección de una
cerca con la suficiente altura y artefactos electrónicos que la hagan
prácticamente invulnerable.

2- Despliegue de suficientes efectivos de la guardia nacional y de la
guardia fronteriza como para disuadir de sus intentos criminales a los
profesionales del tráfico humano y, sobre todo, del tráfico de drogas.

3- La conformidad de los gobernadores de los cuatro estados fronterizos
con las medidas adoptadas por el Gobierno Federal.

4- Entonces, y únicamente entonces, podrían darse los pasos hacia una
legalización calibrada y progresiva de los inmigrantes ilegales que ya
residen dentro de los Estados Unidos.

5- Entre esos pasos estarían el pago de impuestos, el aprendizaje del
idioma inglés y el acceso a la ciudadanía después de un período más
prolongado del que deben esperar quienes hayan realizado sus trámites
en un marco de absoluta legalidad.

Sin dudas esta no es ni una fórmula mágica ni la celebre bala de plata
que producirá una solución satisfactoria para todos. Pero pensamos que
podría ser el comienzo hacia la política de inmigración que todos
deseamos. Una política que garantice la seguridad nacional, acoja a
estos nuevos americanos y ratifique la tradición de generosidad y
compasión de los Estados Unidos.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=27733

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