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Derechos humanos para todos

POLITICA
para todos

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba – Marzo (www.cubanet.org) – En el marco de la
remodelación de la Organización de las Naciones Unidas para hacer
compatible esa importante institución con los cambios producidos en el
mundo, se debate también la reforma radical de los mecanismos existentes
para que siga avanzando el respeto de los derechos humanos.

Resulta evidente que la Comisión de Derechos Humanos (CDH) actuante
hasta el presente estaba dando muestras de agotamiento en sus funciones,
por lo que ahora se discute la creación de un Consejo de Derechos
Humanos más dinámico y justo, en correspondencia con los nuevos tiempos.

La situación persistente en la CDH con la pertenencia de un numeroso
grupo de países violadores de los derechos humanos constituye una
incongruencia a la vez que una vergüenza. Así, reiterados comisotes de
delitos y violaciones se han convertido en jueces en lugar de acusados.
Algunos de esos estados, consuetudinarios violadores de la Declaración
Universal de Derechos Humanos aprobada en diciembre de 1948, al ser
demostradas sus fechorías se han negado a rectificar y cumplir en lo más
mínimo con los requerimientos establecidos, realizando incluso hechos
aún más graves con posterioridad, en franco desafío a la comunidad
internacional.

El colmo ha sido que hace unos años la presidencia de la CDH fue ocupada
por Libia, un país reconocido como violador de esos derechos y promotor
del terrorismo a escala internacional. Allí ha estado periódicamente
Irán, un estado teocrático que se destaca por su crueldad contra las
mujeres y minorías nacionales, los opositores y todo aquél que intente
mantener una pequeña posición diferente a la línea trazada por los
omnipotentes ayatolas, que han llamado a la desaparición de otras
naciones, colaborado con connotados grupos terroristas y hasta clamado
públicamente por el asesinato de intelectuales extranjeros residentes en
el exterior.

Asimismo, se podría mencionar a Sudán, donde se conoce que todavía se
practica el esclavismo y se promueve el genocidio contra etnias enteras.
A esta lista se suman Zimbawe, Bielorrusia, Siria y Cuba, entre otros
países violadores, todos aunados en una especie de internacional del
terror, amparados en un supuesto concepto de soberanía, utilizado como
coartada para lograr la impunidad.

Los países transgresores también exigen un extraño concepto de
democracia para justificar sus fechorías, como si los votos de los
países cumplidores con los derechos humanos, o que se esfuerzan por
mejorar su situación en esa materia, tuvieran igual validez que aquéllos
que no muestran ninguna voluntad de cambio, sino por lo contrario
refuerzan sus arbitrariedades y atrocidades contra los pueblos.

Resulta imposible aceptar que naciones donde se practica la esclavitud,
se ofende a la conciencia humana con el racismo, se somete a las mujeres
y niñas a prácticas despiadadas, se impide la de expresión y
asociación y otras violaciones puedan considerarse en igualdad de
condiciones que los países donde está presente el respeto a los derechos
humanos y actúa una sana civil.

Igualmente, es de elemental realismo que en este nuevo Consejo de
Derechos Humanos estén integrados países que por su posición económica,
y demográfica deben ocupar puestos permanentes. Es el caso de
los , que en la actualidad tienen esa posición en el
Consejo de Seguridad, pero también sería aconsejable que esto se
ampliara a países con niveles de acción destacada en el plano
internacional, como Alemania, Japón, Canadá, Australia, India, Brasil,
México, Chile, Argentina, Sudáfrica, o representantes de grupos que
históricamente ha hecho aportes muy valiosos a la estabilidad mundial,
como el que conforman los países escandinavos, Dinamarca y Holanda u
otras naciones europeas de significativo peso internacional, entre ellas
Italia y España. Por supuesto, esto aparte de la premisa de que todos
los seleccionados continúen manteniendo y ampliando la democracia.

Verdaderamente en China aún existen situaciones lamentables en el campo
de los derechos humanos, pero no es menos cierto que desde hace más de
dos decenios se observan paulatinos cambios favorables, en una nación
con milenios de despotismo, que además posee la sexta parte de la
población mundial.

Las discusiones que se avecinan serán difíciles. No se puede subestimar
la fuerza del oscurantismo sembrado durante siglos. Sin , ante el
empuje de los pueblos y de las corrientes innovadoras contemporáneas, en
última instancia ningún totalitarismo ni fundamentalismo podrá
resistirse a las inevitables transformaciones.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/mar06/10a9.htm

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