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Blanco y negro: el mito de la igualdad en Cuba

SOCIEDAD
Blanco y negro: el mito de la igualdad en Cuba

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba – Noviembre (www.cubanet.org) – Uno de los mitos sostenidos por el gobierno totalitario en la isla es el de la igualdad racial y de la población negra y mestiza, mito que no resiste el más mínimo análisis.

En el momento de las supuestas nupcias entre la raza negra y la revolución, en momentos -años sesenta- en que el discurso oficial hablaba de la eliminación de la racial en Cuba, las autoridades cubanas estaban reprimiendo las expresiones culturales y religiosas afrocubanas como la santería, la regla de palo monte y a los Ayacuá. Siempre que los negros intentaron articular algún tipo de discurso propio fueron reprimidos o encontraron una gran resistencia oficial.

La política exterior cubana de apoyo a los movimientos de liberación anticoloniales en Africa distrajo la atención de los problemas internos y ayudó al ascenso de los negros en la burocracia estatal y las fuerzas armadas.

La polaridad del discurso totalitario en la isla identificó racismo con Miami y revolución con integración racial. La creencia de que el surgimiento de una nueva “conciencia social” haría desaparecer cualquier vestigio de noción de raza llevó al autoengaño de que el problema se solucionaría por sí solo. La llamada integración racial a partir de plantear el problema desde la perspectiva clasista trajo como consecuencia una forma diferente, pero no menos injusta, de discriminación. Incluso más terrible, porque entonces cualquier reclamación, cualquier intento de discurso autóctono desde el punto de vista de la raza negra puede ser visto como un acto contrarrevolucionario.

Según el censo de población de 1981, la población cubana era un 66% blanca, 12% negra, 22% mestiza y 0.1% asiática. Estas cifras no son confiables, y según muchos analistas pueden esconder el plan de blanquear el país. Además, como el criterio de raza se basa en la opinión de los entrevistados, que es bastante amplio, en un país donde persisten los prejuicios raciales, podríamos afirmar que el 66% se considera a sí mismo blanco. Pero, ¿cuántos mestizos esconde esa afirmación?

En el Comité Central del Partido creado en 1965 los negros y mulatos no significaron más del 9% de los miembros, un 7% en 1975 y un 12% en 1980. Entre los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular en 1976 era del 24%. Podríamos comparar esas cifras con las de la criticada y vilipendiada “República neocolonial”. En 1908, la proporción de negros y mulatos en el Congreso -Cámara de Representantes y Senado- fue del 15%. En Matanzas, de 10 representantes, tres eran negros; en Oriente siete de los 18 representantes elegidos eran negros. También eran negros el 46% de los Consejeros Provinciales, 19% de los Alcaldes municipales y el 46% de todos los Concejales de la isla.

Aunque no existen oficialmente barrios exclusivos, la nueva élite de poder ocupó los antiguos barrios residenciales de la alta burguesía criolla, y los negros y mulatos ocuparon las áreas más deterioradas de las grandes ciudades y pueblos. En Centro Habana y Habana Vieja, dos barrios de la capital del país, se concentraba ya en 1981 el 44 y 47%, respectivamente, de la población negra de la ciudad. En esos municipios se agrupaba también el 47% de las casas en mal estado, con daños serios en su estructura, y la mayoría de los llamados solares o cuarterías. Esas áreas se caracterizan por la alta densidad poblacional, y son percibidas como zonas de alta actividad delictiva. La policía daba, como áreas catalogadas focos delictivos, los municipios de Centro Habana, Habana Vieja y Marianao, los de más densidad de residentes negros.

En la población penal cubana también se reflejan las diferencias: Ocho de cada 10 cubanos presos son negros. El Código Penal de 1979 establece la definición de peligrosidad, y aboga por la represión de individuos con una proclividad especial para cometer crímenes. Una persona cuya conducta sea juzgada como contraria a la llamada “moral socialista” puede ser condenada a privación de sin haber cometido actos definidos como crímenes por la . Incluso un individuo acusado por los Comités de Defensa de la Revolución como potencial delictivo y conducta contraria a los principios de la revolución puede ser condenado a una pena mayor, por el delito que es posible que cometa, que un individuo que ha cometido el crimen. Según datos de la Fiscalía General cubana, en 1987, de un total de 647 casos juzgados bajo ese principio entre mayo y diciembre de 1986, 465 eran negros. Según este estudio, uno de cada 713 negros era socialmente peligroso.

El Período Especial agravó las cosas. Bajo estas condiciones sumamente desfavorables, las tensiones sociales y la desigualdad social se incrementaron sustancialmente. La legalización del dólar dividió a la sociedad cubana entre los que tienen acceso a esa moneda y los que no. Sólo había dos formas de acceder a ella: por las remesas familiares o trabajando en los sectores dolarizados de la cubana. Esta situación afectó a negros y blancos, pero no por igual.

Las remesas familiares constituyen, aún hoy, la fuente principal de entrada de divisas para los cubanos comunes. Si tenemos en cuenta que la mayor parte de la emigración cubana en los está integrada por blancos -83% según el censo de 1990- es muy probable que el peso de las remesas en la economía de los negros sea menos de la mitad que en la de los blancos. Entonces, las posibilidades quedan reducidas al acceso de los negros al sector turístico. Sin , los negros hoy en día están muy poco representados en ese sector. En muchos de los centros turísticos es difícil encontrar a un negro, y si le encuentras siempre es como camionero o en los almacenes, pero nunca en contacto directo con el turista. Es común escuchar de boca de los gerentes y representantes de las corporaciones que ellos no quieren negros en su firma. Cuando se despiden trabajadores, siempre la mayoría de los que quedan sin empleo son negros.

Los negros son discriminados no sólo por los representantes extranjeros de las corporaciones, que encuentran aquí facilidades en ese campo que no tienen en sus propios países, sino que los gerentes y empleadores cubanos son los que con más frecuencia se muestran negados a emplear negros.

Otra fuente de ganancias en Cuba son las “paladares”. Un breve recorrido por la ciudad permite ver que la gran mayoría está en manos de blancos. Igual ocurre con los taxis particulares, y en la agricultura privada los blancos representan el 98% de los agricultores privados y el 95% de los miembros de las cooperativas agrícolas. Son el 90% de los artesanos. No poseemos cifras de los demás trabajos por cuenta propia, pero deben de ser muy similares.

La ausencia del negro en el turismo no está dada por razones de calificación profesional o de experiencia, pues antes del Período Especial ocupaban la mayoría de los puestos en el sector de los servicios. Esta discriminación está dada por una ideología que considera al negro como vago, feo, incapaz, sucio, ladrón y perverso. Esta consideración ha servido para justific
ar la exclusión de los negros del sector más importante de la economía cubana. Es común escuchar el criterio de que los negros son menos inteligentes, no son decentes, no tienen los mismos valores morales de los blancos. El juicio esgrimido de que la prueba está en que la revolución les abrió las puertas de la y les dio igualdad de oportunidades que a los blancos, y “miren cómo están”. Señalar su estado lo único que prueba es la ausencia total de esas posibilidades en la realidad.

Los negros están ausentes de los medios masivos de comunicación. En la TV apenas aparecen, el cine los emplea en papeles de esclavos o caleseros o criados. El humor criollo siempre les asigna el papel de perezosos, criminales, tontos.

Los cubanos negamos enfáticamente que somos racistas, pero en el fondo nuestra actitud muestra lo contrario.

La resistencia de la raza negra se ha expresado en la búsqueda de actividades económicas lucrativas ligadas a la actividad informal, muchas veces ilegal. La prostitución y el mercado negro han sido dominados en buena medida por ellos, una mayoría de las jineteras son negras o mulatas.

Este incremento del racismo ha generado resentimiento en una población que no cuenta con los recursos ni con las instituciones que protejan a los negros. El lenguaje oficial sigue reiterando la existencia de un paraíso interracial en Cuba, y cualquier intento de resistencia a partir de la creación de instituciones u organizaciones que defiendan los derechos de la raza negra es considerado contrarrevolucionario, y severamente reprimido.

En la Cuba de hoy los negros viven en las peores casas de los peores barrios, engrosan la población carcelaria, tienen los peores empleos, muchos viven de la economía informal, no están representados equitativamente en los órganos de poder político ni en la burocracia estatal, viven en un medio hostil que les discrimina, que les considera inferiores.

En Cuba, donde no existe el derecho a la protesta, los negros ni siquiera cuentan con el derecho al pataleo de los ahorcados.

http://cubanet.org/CNews/y05/nov05/18a5.htm

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